jueves, 20 de octubre de 2016

Minerales, una de mis aficiones adolescentes

Como de costumbre, este blog me sabotea el formato de letra que acompaña las fotos. Intento poner un tamaño intermedio, entre la letra del texto y la letra minúscula, y veo que no hay manera. Se me queda la más pequeña, o la grande.



Como regalo de cumpleaños al cumplir once o doce, me pedí el Mineranova, y quedé fascinado por los minerales. Solía ir de excursión con algunos amigos a buscar cuarzo en la montaña del castillo de Cocentaina, donde abunda la variedad roja llamada jacinto de Compostela, o a buscar varios tipos de minerales, incluido el cuarzo, en una zona un poco más arriba de Turballos, y alguna vez bajamos al río Serpis en busca de sílex, el mineral que usaban los hombres prehistóricos para fabricar sus puntas de flecha o lanza, para cortar carne, o conseguir chispas con las que encender un fuego. Al igual que el cuarzo, está compuesto por oxígeno y silicio, (SiO2) y su dureza es la misma, 7 sobre 10 en la escala de Mohs.

Uno se pregunta por qué, si la composición de tantos minerales distintos es exactamente la misma, cambia su color y su forma. Supongo que se debe a la diferencia de presión y temperatura en que se formaron. El cuarzo de cierto color se ha producido a 500 grados centígrados y el de otro color a 600, 700 u 800. Aproximadamente.


Jacinto de Compostela, o cuarzo rojo. Uno de los minerales más fáciles de encontrar en la Comunidad Valenciana. Aunque los mejor formados suelen ser muy peques. Tengo un montón de menos de 1 cm.

No soy ningún crack de la mineralogía. Me hubiera hecho ilusión encontrar una verdadera punta de flecha prehistórica, en vez de simplemente sílex intacto, y esperaba encontrar alguna pieza de cuarzo grande, espectacular, o cualquiera otra de esos maravillosos dióxidos de silicio, como la ágata, el ónice, el jaspe, u otros minerales hermosos como la pirita, la fluorita, la turmalina, la malaquita, la siderita o el ópalo. Encontrábamos muchas piedrecillas de cuarzo con formas guapas, pero muy pequeñas. En cuanto a fósiles, solo he llegado a encontrar dos, también minúsculos. Mantengo la ilusión de encontrar algún ammonites enorme, y leo que la provincia de Alicante es buena para la búsqueda de fósiles, mucho más que de minerales, pero no he podido enterarme de lugares concretos. En el Teide, iba con un grupo de amigos y ni se me ocurrió ponerme a buscar obsidiana, la piedra preciosa de origen volcánico con cuyo comercio se originó lo que después sería la ruta de la seda.


Pirita. Tengo un par de cubos comprados. Nunca he sido capaz de encontrar un ejemplar. He leído que la mejor mina del mundo está en Navajún (La Rioja) y se puede visitar, previa cita.

Observé que solía encontrar cuarzo en zonas montañosas donde la arena es rojiza, como en Cofrentes, donde fuimos a practicar descenso en kayak, o por esa montaña que sube la carretera yendo de Quesa a Bicorp, antes de tirar por el camino hacia el cañón del río Fraile. También cerca de un pueblo llamado Manuel, donde hacíamos las maniobras de la mili. Mientras algunos hablaban sobre mejores marcas de relojes caros y mejores tipos de fusil, yo me entretenía buscando cuarzo (o jugando con las hormigas y las hojas de pino, si no estábamos en buen lugar para buscar. Esas conversaciones me resultaban insufribles).

Lo mejor es estar entretenido con algo que te guste hacer. Los mejores momentos de la vida. Coger una mochila con algo de comida y bebida, y pasar el día en la naturaleza, buscando algo, es una pasada.

Citrino (cuarzo de color ámbar).

Yo aprecio los minerales por su belleza física. No creo para nada en las propiedades curativas milagrosas que algunos les atribuyen. Que si el cuarzo violeta o amatista está emparentado con el sexto chakra, neutraliza la energía negativa, te limpia la sangre, combate las adicciones, purifica la conciencia, aclara la mente, favorece la intuición…, o el cuarzo rosa te cura las heridas del corazón, o el citrino es la piedra del tercer chakra, y va bien para los negocios y las relaciones. El cuarzo ahumado te cura afecciones de estómago, colon y recto, te equilibra la energía sexual, disipa bloqueos subconscientes, potencia tus mejores capacidades, aumenta la fertilidad, alivia la depresión, canaliza la intuición, limpia el aura, elimina el insomnio y la fatiga mental, y está conectado con el chakra raíz, entre otras propiedades…


Amatista (cuarzo violeta).

Quizá debería creer en estas cosas, porque suena bonito, porque la ficción da calidad a la vida, todo lo que sea mitológico y nos hable de seres mágicos, mientras no domine nuestras vidas, es agradable. Una religión es mala cuando manda sobre una sociedad. Pero cuando pierde esa influencia queda como una colección de cuentos que suman enormemente en el acervo cultural. Qué mejor ejemplo que la exuberante mitología grecorromana. En su día fue castradora para el avance de la ciencia. Ahora es un estímulo para el arte y la imaginación, desde hace siglos. Cuántas bellísimas obras literarias, pictóricas o escultóricas, y demás, se basan en sus historias. Con el catolicismo y el islam, sucederá igual. Cuando pierdan su amenazante poder, quedarán reducidas a conjuntos de relatos bonitos e inspiradores, que sumarán en la sociedad sin restar nada a cambio.


Psique reanimada por el beso del amor (de Eros/Cupido). Escultura realizada en 1793 por Antonio Canova. Es lo que más me chocó en el Louvre (París), en 2004. Me quedé media hora rondándola, para desespero de mi hermana. Me encantaba leer esa fábula. Hay otra copia de la misma estatua en el Hermitage de San Petersburgo, no sé si del mismo tamaño.

Pienso que la belleza es subjetiva. Los humanos vemos hermosas ciertas piedras, y tendemos a creer que esas piedras hermosas pueden ser curativas. No diremos lo mismo de cualquier pedrusco. ¿Por qué no atribuirle propiedades curativas al cuerpo de una modelo u actriz? Quizá me recupere instantáneamente de un constipado si me acuesto con Adèle Exarchopoulos. Contactar con el cuerpo de Kate Beckinsale podría purificar mi conciencia, o combatir células cancerígenas, y coitear con Marion Cotillard nueve veces por semana eliminaría mi insomnio y mi fatiga mental. Seguro.


Adèle Exarchopoulos. No dudo de que sus propiedades terapéuticas dejen al cuarzo ahumado a la altura del betún.

No obstante, otra razón para creer es la oportunidad de aprovechar el poder de la sugestión. La mente es capaz de esfuerzos que posiblemente nos parezcan demasiado grandes, y logros que quizá no confiemos en llegar a alcanzar. Si la creencia en un poder mágico que te ayude puede empujarte hacia un mayor esfuerzo en pos de un objetivo ilusionante, si tener a tu lado un buen cristal de cuarzo ahumado de 10 cm, y acariciarlo de vez en cuando, te va a hacer creer en tus posibilidades de terminar ciertos estudios, ¿Por qué no creer? Aunque en el fondo no creas, déjate llevar por la belleza de la ensoñación…

De cualquier manera, sé que nunca podré evitar el ponerme en plan escéptico cuando alguien me habla totalmente convencido de las propiedades curativas de una piedra. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Chulería en carretera


Pintura hiperrealista de Gregory Thielker.

Lo que más rabia me da es la chulería y falta de empatía. De tanta gente que actúa como si se creyese más importante y con más derechos que el resto.

Donde más habitualmente noto esa chulería es en la carretera. Por ejemplo, cuando trato de incorporarme a una vía de dos carriles por sentido, y el que viene por el carril derecho no me facilita la incorporación, pudiendo perfectamente meterse en el otro carril.

1.- Algo que suelen hacer muchos ciclistas en mi pueblo es, cuando llegan a una fila de coches detenidos ante un semáforo, adelantarlos a todos, y luego ir los primeros por el resto de la travesía, obligando a todos los coches a ir a su velocidad, más lenta. Cuando me toca, procuro salirme por la próxima calle, aunque tenga que dar un rodeo importante, porque no soporto la rabia de tener que seguir a ciclistas por medio pueblo.

2.- En cierta ocasión, yo estaba parado ante un semáforo rojo, con cuatro o cinco coches detrás de mí. El último de esos coches arrancó, nos adelantó a todos por el carril de sentido contrario (que estaba en verde para los que venían), y se quedó cruzado delante de mí, justo bajo el semáforo. Era un mercedes enorme, conducido por una mujer de unos cuarenta - cincuenta años.


Scatterbrain (Jeff Beck, 1975)

3.- Una vez, en el centro del pueblo, el conductor de un coche se detuvo en mitad del carril para hablar con un amigo suyo, que se acercó y quedó tranquilamente de pie junto a la ventana del conductor, sobre la raya continua del centro de la calle. Los coches que llegaban por detrás se veían obligados a parar y esperar que no viniese nadie de cara para adelantarles. Uno de ellos le pitó, y entonces el tío que estaba de pie se giró y le amenazó con palabras tipo ”A ver si te meto, imbécil”. Lo presencié caminando desde la otra acera.

4.- Hace diez años trabajaba en Onteniente y me ponía a las 7 de la mañana. La curva de la autovía, al pasar junto a Albaida, estaba mal trazada. Se reducía repentinamente a un carril, bordeado por conos verdes, en plena salida de la curva. Una madrugada lluviosa, todavía completamente de noche, el coche que iba delante de mí paró justo a la entrada del carril único, obligándome a parar tras él. El conductor, moro, bajó y me preguntó por dónde se iba a Albaida. Por agilizar el proceso, por puro miedo a que llegase alguien follado y se estrellase contra mí, no le recriminé la acción. Directamente le informé de que se había pasado la salida para Albaida. Entonces subió a su coche, retrocedió un poco, giró y se fue por el carril de sentido contrario. Tuve suerte de que no viniese ningún otro coche en esos minutos, porque la mala visibilidad de la curva, de noche y con lluvia, podía haber provocado un accidente muy grave.

Es el único caso, de los que comentaré aquí, cuyo móvil no me parece la chulería personal, sino la costumbre exótica, el que ese hombre viera completamente normal lo que estaba haciendo, porque, muy probablemente, en su país de procedencia se conduce así. Pero es chulería inducida por la costumbre, por su sociedad. Me obliga a detenerme en un lugar muy peligroso.

5.- Otro día, hace dos o tres años, salí de casa con prisas, casi a las siete de la tarde, con el tiempo bastante justo para llegar al trabajo. Debajo de casa hay un supermercado, y justo en ese momento salía la mujer de un conocido, que se juntaba a veces con nosotros durante nuestra adolescencia, allá por 1996. Se puso a contarme que su marido estaba aburrido, que no quedaba con nadie, exigiéndome que le llamáramos para quedar porque “sois sus amigos”. Hablándome con mala leche, como si le debiese algo. Le dije que sí, como a los locos, para deshacerme de ella rápido, y corrí hasta la cochera. Ya me había hecho perder varios minutos con sus recriminaciones.

Al llegar casi al semáforo del centro de mi pueblo, había un coche mal aparcado, en medio del carril derecho, por donde debía seguir para ir recto. Para rebasarle, me obligaba a pasar al carril central, destinado a los que giran a la izquierda. En el momento en que le estoy rebasando, la mujer musulmana que lo conduce va y arranca, lo cual me obliga a parar en el carril central mientras ella avanza. Al estar en rojo nuestro semáforo y haber poco espacio para volver a mi carril, me quedo cruzado entre los dos carriles, queriendo meterme tras el coche de la mujer musulmana. Cuando el semáforo se pone verde para el carril por donde quiero ir, arranco, y un motorista que viene a toda leche frena bruscamente y se me pone a pitar y gritar, insultándome, como si fuese culpa mía.

En ese momento, estuve tentado de salir y liarme a hostias con él sin mediar palabra. No lo hice porque no soy fuerte, y supongo que hubiera salido perdiendo. Pero si llego a llevar un bate de béisbol, hubiese salido del coche con él, y le hubiese pegado, sin decir nada, porque era imposible razonar. Era imposible explicar claramente, con palabras, todo lo sucedido en esos segundos, y entre los tres (la mujer del conocido, la conductora musulmana y el motorista) me habían hecho acumular demasiada tensión y necesitaba explotar, de alguna manera. Y el tipo seguía insultándome.



lunes, 5 de septiembre de 2016

Croacia -Bosnia (del 13 al 24 de agosto, 2016) - Parte 1





Já sei namorar, de Tribalistas (2002), una de las doscientas canciones que llevaba en el coche.

La idea era recorrer Croacia de parte a parte, mas la parte de Bosnia que llega hasta Mostar, cogiendo un coche de alquiler en el primer aeropuerto y devolviéndolo en el segundo. Buscamos los vuelos con un mes de antelación, y los más baratos que encontramos fueron Barcelona - Dubrovnik para el día 13 y Zadar - Barcelona para el 24. Zadar está a la mitad del país, pero resultó perfecto, porque tampoco daba tiempo para ir de punta a punta, y creo que la mitad sur es más interesante, subiendo hasta Plitvice, que es impepinable. Mi idea era llegar a ver también Pula y Zagreb, pero no pudo ser.


SÁBADO 13

Íbamos a ser tres, aunque al final Rafa no pudo venir.

Salimos de Muro hacia las 10 y media de la mañana, comimos aproximadamente a las 15 en un pueblo catalán, sin desviarnos mucho de la autopista, y llegamos al aeropuerto de Barcelona, donde gente de uno de los parkings recogió nuestro coche. El vuelo debía salir a las 19:40 y llegar a Dubrovnik hacia las 21:50, pero se retrasó unos 20 minutos.

Al llegar tuvimos un problema para recoger el coche de alquiler. Lo habíamos reservado por un intermediario, Happycar, debido a lo cual la empresa Oryx nos exigía un depósito de unos 600 euros, por no tener contratado su seguro, sino el del intermediario. Tampoco servía mi tarjeta de prepago en la cual habíamos puesto los casi 500 euros del alquiler. Yo no llevaba tarjeta, tan solo dinero en efectivo, y la tarjeta de Miquel tenía un límite de 600 euros, y no eran horas para llamar al banco y ampliarlo. También resultó que costaba otros 50 euros la “Green card” necesaria para introducir el coche en Bosnia. Tras más de media hora negociándolo, Miquel logró que le permitiesen usar dos tarjetas distintas, la propia y la del trabajo.

Así que, la próxima vez, nada de Happycar. Contrataremos directamente con la empresa local.

Llegaríamos al albergue hacia las once y media. Estaba situado a unos 3 o 4 km de la ciudadela, al final de un bonito lago que llega al mar bordeando la montaña.


Junto a las últimas palmeras de esta fila estaba el albergue. Más o menos a la otra parte de esa montaña, pero hacia mi derecha tal como estoy tomando la foto, está Dubrovnik.




Otra de las canciones que llevaba en el pendrive para el coche era Like a child again (The Mission UK, 1992), una canción extraña, de un romanticismo alegre y enérgico, poesía positiva. 


DOMINGO 14

Llegando al embarcadero de Lokrum. Ese agua tan limpia y cristalina es característica de toda la costa dálmata, debido a un menor nivel de contaminación que en otras zonas del Mediterráneo, y a que casi toda la costa dálmata es de piedra. Apenas vimos playas de arena.

Al levantarnos, cogimos el autobús para ir a la ciudadela, que estuvimos explorando un par de horas antes de tomar el barco a la isla más cercana, Lokrum. No aparecía en guías ni blogs, pero nos la habían recomendado ya un par de personas en un rato de estar por allí. Fue la mejor decisión del viaje. Pasas las horas centrales del día en la isla, te bañas, y vuelves para recorrer la muralla al atardecer, cuando ya no haga tanto calor. También fue buena idea coger sidras Strongbow o Somersby en el Konzum de la plaza central, antes de ir a la isla.

Parte del monasterio benedictino (supongo) de Lokrum, fundado en el año 1023.

En el barco, conocimos a un simpático grupo de chicas, con las cuales pasamos el resto del día. Una irlandesa, una pakistaní, una italiana y una barcelonesa.

Colgaría 15 o 20 fotos de Lokrum. He de volver algún día.

Lokrum es ideal. Pequeña, hermosa, con buenos lugares para tomar el baño, un monasterio benedictino de hace unos mil años, un pequeño lago de agua salada a lo “mar muerto”, llamado Mrtvo more (no lo supe entonces, y no llegamos a bañarnos en él), pavos reales que se subían por los árboles, y gran variedad floral. El archiduque que compró la isla en 1859 la convirtió en un jardín botánico con especies de árboles y plantas de todo el mundo.

Nuestro primer baño croata.

En cierto modo, Dubrovnik y Lokrum constituyen una “Croacia en miniatura”. Está todo lo típico del país: espacios verdísimos junto a playas de roca y aguas limpias, de una transparencia inimaginable para los españoles, y ciudad de piedra. Mi consejo es: si se dispone de un solo día, vale la pena coger bebidas del Konzum, ir pronto a la isla y pasar allí el día, recorrer las murallas de la ciudad al atardecer, y ver el resto de la ciudad de noche.

Ahí abajo se ve la parte de la isla donde nos habíamos bañado nada más llegar. Y un poco más al fondo está el "mar muerto", el minúsculo lago salado.

Nos bañamos en una “playa” de roca, y ascendimos a la parte alta de la isla, que se recorre en poco tiempo.

Vista de Dubrovnik desde Lokrum.

Regresando al puerto de Dubrovnik.

Al volver a Dubrovnik, subimos a la muralla, y pasamos un par de horas caminando por ella. Se nos hizo de noche y fuimos los últimos en bajar antes de que cerrasen, debido a que nos habíamos detenido a descansar, beber sidra y birra, charlar y observar el paisaje con puesta de sol, durante una hora, en un rincón que daba al mar, con Jennifer y Samira, con la brisa y una gran bandada de oscuros vencejos que revoloteaban a bastante altura sobre nosotros, enmarcando el paso de un avión lejano, pequeñísimo en el mismo cénit. Fue uno de mis momentos mágicos del viaje.

Fuimos los últimos en abandonar, completamente de noche, las murallas, cuyo encargado cerró tras nosotros.

La esquina de la muralla donde nos detuvimos a descansar y ver la puesta de sol. La canción que añadiría para definir un momento así es Sheherajazz de Jazz Hip Trio (1967), que es muy chill out, pero ya no está el vídeo en Youtube. 

Luego estuvimos sentados en las escaleras de la catedral, cerca de un guitarrista bastante virtuoso que interpretaba, entre otras, el primer movimiento de la sonata Claro de luna, de Beethoven; El adagio del Concierto de Aranjuez, de Rodrigo; Asturias, de Albéniz; creo que también tocó Río ancho, de Paco de Lucía, y no recuerdo qué más. Para no deshacer el hechizo de ese día maravilloso.

Asturias (Leyenda), compuesta hacia 1890 por el español Isaac Albéniz.

Cenamos algo barato y paseamos por la ciudad hasta la una o una y media.


LUNES 15

Fuimos a Ston y buscamos alojamiento. Luego nos dirigimos hacia Prapratno para coger el ferry hacia la isla de Mljet, desembarcando en Sobra. Desde allí, hay de media hora a tres cuartos en coche hasta Polace, donde experimentamos por vez primera lo complicado que es encontrar aparcamiento en la costa dálmata. Los pueblos no están preparados para el turismo de coche. Son calles estrechas entre el monte y el mar, y el poco espacio disponible es privado.

Una vez allí, nos arrepentimos de haber reservado alojamiento en Ston, porque hubiera molado quedarse una noche para ver mejor la isla.

Bañándome en el lago grande del parque natural de Mljet. No me extraña que la leyenda sitúe en esta isla los siete años de romance entre Ulises y la ninfa Calipso, aunque casi cualquiera de las islas entre Split y Dubrovnik sería igualmente válida. Son espectaculares.

Disponiendo únicamente de tres horas hasta la partida del ferry de regreso, alquilamos bicis (no se podía entrar en coche al parque natural de los lagos), subimos y bajamos la montañita, nos bañamos en el lago grande, subimos al barquito para visitar la isla del lago (una isla dentro de otra isla), volvimos pedaleando, y regresamos a Sobra con el tiempo casi justo para embarcar. Fue un poco de locos. Llevábamos un montón de años sin tocar una bici.

Holographic universe, de Thievery Corporation (2005), uno de los temas que sonaban en el coche mientras esperábamos a salir del ferry.

Regresando a Prapratno en el ferry de las 19:00, el último del día, desde Mljet. Lo que se ve es el continente. Costa verdísima, virgen, lo contrario que en la costa valenciana, tan similar en clima y ecosistemas, pero tan sobreexplotada urbanísticamente. Lo que ves por las zonas de Moraira/Benitatxell (donde por cierto otro pirómano ha ocasionado un nuevo desastre estos días) o Calpe/Altea, por poner solo dos ejemplos, es terrible. 








MARTES 16

Muralla y salinas de Ston.

Al despertar decidí subir por la muralla de Ston. Miquel prefirió quedarse almorzando y dijo que prefería esperarme abajo, pero un rato más tarde, mientras almorzaba en la parte alta, lo vi llegar. Seguimos por la muralla hasta Mali Ston, el pueblo del otro costado de la montaña, y volvimos a Ston por un camino junto a la carretera.

Kravice, ya en Bosnia.

A media mañana partimos hacia Bosnia. Nos costó un poco encontrar las Kravice waterfalls, donde la entrada cuesta menos de 3 euros. Bosnia es bastante más barata. Un euro son dos marcos bosnios, y más o menos los precios siguen esa escala. Comes bien por la mitad que en España, mientras que Croacia es más turística y sus precios están casi al nivel de los nuestros, aunque un euro se cambia a entre 7'1 -7'4 kunas, aproximadamente. Lo que más nos encareció el viaje, respecto a nuestra previsión, fue el alojamiento.


Yo había decidido ir a Kravice porque amigos que estuvieron en Croacia me desaconsejaban Krka debido a que estaba muy lleno de gente. En Kravice también había mucha peña, no sé si tanta como en Krka, pero no me pareció algo excesivo ni molesto. Lo encontré bonito, barato, y comimos satisfactoriamente. Eso sí, el agua, muy fría.

Por la parte vieja de Mostar, muy cerca del garito heavy. Un español que conocimos cenando comentaba que esto era como "Potes medio árabe", y tenía razón. Una zona muy rústica con minaretes asomando entre las casas, y el bazar callejero por los alrededores del Stari Most.

Por la tarde nos dirigimos hacia Mostar. Encontramos alojamiento en una casa particular habilitada, por 15 euros cada uno. El menos caro de todo el viaje. Pienso que, de haber reservado los alojamientos con antelación, hubiésemos encontrado mejores precios, pero queríamos tener la libertad de decidir in situ adónde nos dirigiríamos cada día.

Por la mañana del miércoles, pudimos presenciar cómo algunos hombres saltaban al río desde el Stari Most, una manera tradicional de ganarse algunas monedas.

Cenamos en el magnífico y barato Sadrvan, a pocos metros del icónico puente Stari Most, y nos metimos en un pub heavy que era lo único medianamente animado ese martes. Todo el rato se iban alternando canciones de la primera época de Black Sabbath y de su primer cantante, Ozzy Osbourne. Por mí bien, pero Miquel no es nada heavy, y las pocas chicas que había estaban emparejadas, así que tras un par de sidras nos fuimos. Dimos algunas vueltas por el centro, y volvimos a casa.


MIÉRCOLES 17



Killing an arab (The Cure, 1978), es otra de las canciones que llevaba en el pendrive para el coche. Inspirada en la novela de Albert Camus El extranjero (1942).


El emblemático puente Stari Most visto desde el minarete de la mezquita Koski Mehmed Pasha.

Pasamos la mañana por Mostar, subimos al minarete de una de las mezquitas (Koski Mehmed Pasha) para encontrar una fantástica panorámica, y estuvimos explorando el bazar.

Pocitelj.

Abandonamos Mostar y comimos en un bar de carretera a la entrada de Pocitelj, un pueblo pintoresco.


Pocitelj parece estar medio abandonado. Se lo ve muy descuidado. Pero el trazado rústico de sus callejuelas le confiere la posibilidad, el potencial para igualar en belleza a los pueblos más pintorescos de España, como Pasai Donibane, Altea, Cadaqués, Comillas, Combarro, Guadalest, Potes, Tossa de Mar… si la zona fuera más próspera y pudiesen vivir allí, acometer reformas en los hogares, abrir tiendas y restaurantes… Comimos en el único restaurante que vi, entre la carretera y el río, y encontré tenderetes en la plaza mayor y algunas callecitas, donde los vecinos vendían los productos típicos de la artesanía local. Pero no parecía haber mucha gente. Antes de la guerra debe haber tenido mucha más vida que ahora. Ahora Bosnia es muy pobre. Pero Pocitelj está a pocas decenas de km del mar, y comparte el clima mediterráneo. Es todo de piedra. ¿Cómo es posible que las fluctuaciones de la economía mundial se lleven por delante pueblos así?

Ya era de noche cuando subimos al ferry en Drvenik (Croacia) para llegar a Sucuraj, en la isla de Hvar. Tras más de una hora de carretera con tramos angostos y elevados, sin protección lateral, muy peligrosos en caso de haber encontrado tráfico, llegamos a Hvar Town y empezamos a buscar alojamiento, hacia las 22:30. Nos costó un buen rato encontrar algo. Yo me veía pasando la noche en la calle. Por suerte, encontramos un apartamento muy bueno por 35 euros cada uno. Muy bien para ser la zona más cara de Croacia y en pleno agosto, que está a rebosar.

Zona del puerto de Hvar Town.

Salimos un rato de fiesta, y nos decepcionó el hecho de que los pubs normales cerrasen a las 02:00. Quedaban locales más pijos en el puerto, fuera de nuestro presupuesto, o ir en barco al festival que se celebraba en la playa de una isla cercana, pero la gente que regresaba de allí nos lo desaconsejaba.





JUEVES 18



Por la mañana, encontramos alojamiento en el albergue Luka’s Lodge. Tampoco era barato, pero al menos tenías algo de ambientillo y servicio de lavandería, que nuestra ropa ya lo necesitaba. Yo había llevado una pastilla de jabón vegetal, pero el problema era dónde tender la ropa, y que no parábamos quietos en un lugar.

Con Jelena, yendo hacia una playa probablemente no muy conocida por los turistas, por Zarace.


Jelena, la simpática encargada del albergue, nos recomendó una playa cercana, no recuerdo el nombre, quizá era la de Stari, adonde fuimos por la mañana. Y por la tarde, en sus horas libres, vino con nosotros en el coche y nos guió hasta una playa más lejana, en Zarace, a unos 10 km. En el mapa de Google no aparece el nombre, pero pone Villa Kate.

Junto al castillo de Hvar Town.

Jelena se reincorporaba al trabajo a las 18:00. Nos recomendó subir al castillo e ir de fiesta al Hula Hula, en el extremo oeste de la ciudad, junto al mar. Corrimos cuesta arriba, porque se nos ocultaba el sol, disfrutamos de una buena panorámica de la ciudad y las islas cercanas, y bajamos para ver el Hula Hula. Nos pareció impresionante el ambiente de ese lugar, una especie de chiringuito enorme, con un montón de tumbonas cara al mar, sobre las rocas, y muchísima gente bebiendo y bailando.. Yo no estaba cómodo entre tanta gente, con la mochila a la espalda y bastante sudado. Miquel prefería quedarse, pero yo quería irme al albergue, cambiarme y volver.

Y una pequeña parte del chiringuito Hula Hula. Hay que volver algún día por la tarde, después de comer, que cierran a las 23:00.

Nos fuimos, y una vez en el albergue, cenando, nos enteramos de que el Hula Hula cerraba a las 23:00. Nos quedamos bebiendo con la gente, una veintena de personas, y les acompañamos a los pubs del pueblo, como la noche anterior, hasta las dos. Tenemos claro que, si algún día volvemos a Hvar, pasaremos, al menos, una tarde de fiesta en el Hula Hula.

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Como el post ya es muy largo y estamos en la mitad del viaje, continuará en otra entrada. Concretamente, aquí.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Música de fiestas de moros y cristianos.




Las fiestas de moros y cristianos se celebran, desde hace unos 150 años, en muchas poblaciones de la provincia de Alicante y alrededores. Nacieron para conmemorar la reconquista de la península Ibérica, y se mantienen por tradición y ganas de diversión u ostentación, según cada cual. Empiezan a ser motivo de alguna pequeña polémica, con la masiva afluencia de inmigrantes musulmanes en la última década, ya que a algunos de ellos no les hacen demasiada gracia, aunque hasta ahora ha habido paz.

La música de banda que se interpreta durante los desfiles se divide en pasodobles, marchas cristianas, y marchas moras. A este último grupo pertenecen mis preferidas. Hay dos marchas moras que siempre me han parecido especialmente hermosas e inspiradas: Als berebers (compuesta por José Mª Pérez Vilaplana, de Cocentaina, no sé si en 1963 o en 1972) y Chimo (de Jose Mª Ferrero Pastor, de Ontinyent, 1964). Dicen que esta última es la más interpretada, y me lo creo. Es la más original y distinta.


Hace una década, un pasodoble de autor contestano, Paquito el chocolatero (Gustavo Pascual Falcó, 1937), se hizo mundialmente conocido debido a la versión friki de King África.

Yo me enteré de sorpresa en Santiago de Compostela, durante la noche festiva del 24 de julio de 2005. Llegamos a una pequeña plaza atiborrada de gente y había músicos tocándola. Todavía no sabíamos que King África la había hecho famosa, y nos quedamos estupefactos. "¿Conocen esto en Galicia?" Y probablemente ya lo conocían en Bora Bora, la Patagonia, Sudáfrica y Siberia.


Otra marcha cristiana que siempre me ha gustado es Bonus christianus, de José Mª Ferrero Pastor, 1966).


Con los años, se han llegado a versionear en clave de música fiestera temas populares, de bandas sonoras de Hollywood, como Éxodo (Enrique Castro Gamarra ¿años 70 o primera mitad de los 80?), que quedó chula. Otras nos han sonado a engendros y cuerno quemado, como cuando, hace 2 o 3 años, uno de los capitanes de Alcoy desfiló con una adaptación de Terminator. Algo demasiado moderno, que no quedó bien.


Otra de las míticas es El president, de Miguel Picó Biosca, así como Caravana, SiscoEl moro del Sinc, Caballeros de Navarra y L'ambaixador cristià, entre otras.


Y para finalizar, del compositor José Rafael Pascual Vilaplana, natural de mi pueblo, Muro, destacan dos marchas moras: Xavier el coixo (1988) y Cavall de foc (1996).


jueves, 1 de septiembre de 2016

Casualidades ¿con o sin sentido?



Una noche de 1996, en una calle atiborrada de gente, en fiestas de un pueblo cercano, algunos de mi pueblo llevaban sombreros y bastones de viejo, que habían comprado en la feria. Haciendo el tonto, uno de ellos lanzó el bastón al aire, hacia atrás, al azar, como si de un ramo de boda se tratase. Pero ese bastón duele si te da en la cabeza, y la chica que recibió el golpe fue informada, por alguna amiga, de quién lo había lanzado. Lógicamente encolerizada, fue a recriminar la acción y exigir explicaciones o disculpas al energúmeno, y así se conoció una pareja que todavía dura felizmente. Se conocieron discutiendo, directamente. Me lo contó un amigo común, años más tarde. Yo estaba en esa calle y recuerdo haberles visto con aquella parafernalia, aunque no me percaté del suceso.

Otra noche, por fiestas de mi pueblo, en 2001, presentamos a dos colegas, un chico de Cocentaina y una chica de Onteniente.
Él había decidido que, esa noche, iba a mentir en todo. Una de esas tonterías ocasionales que tenemos los adolescentes. Así que, cuando ella le preguntó de dónde era, respondió con el nombre de la primera localidad que le vino a la mente: Onteniente.
-¡Yo también! ¿Y en qué calle vives?
La primera en la frente. Bueno, quizá no era tan grave. Onteniente tendrá 40.000 habitantes. No es un pueblecillo. Respondió con el nombre de una calle que conocía, con la mala suerte de que ella vivía también en esa calle, y reaccionó con cierta incredulidad, comentando lo extraño que era no haberse visto nunca por allí. Cuando fue preguntado sobre el número de la casa donde vivía, ya sabía que, dijese lo que dijese, iba a hacer diana, y resultaría muy embarazoso de explicar. En esa ocasión, la casualidad no resultó celestina.

Uno piensa en hechos casuales que han supuesto enormes avances para la humanidad. Mutaciones como la del pulgar oponible, o que América se encontrase en mitad del camino de Colón hacia las Indias. Otras casualidades dieron pie al descubrimiento de la penicilina y la invención de la fotografía. Pero también muchas otras mutaciones y sucesos casuales no han tenido ningún efecto, ninguna utilidad práctica, y al no tener repercusiones destacables, son olvidadas.

Otro de mis amigos salió del pueblo para ir al piso de su novia, en una ciudad próxima, de 60.000 habitantes, en un trayecto de unos quince kilómetros. Nada más arrancar, se empezó a picar con la conductora de otro coche. No se conocían de nada, ninguno de los dos sabía a dónde se dirigía el otro. Se adelantaron sucesivamente en distintas ocasiones hasta llegar a la calle en donde él esperaba aparcar. Pero ella llegó primero, y cogió la única plaza de aparcamiento libre en toda la calle.

Es una de esas casualidades que no te aportan beneficio alguno ni te revelan ninguna enseñanza moral, ninguna lección trascendente. Simplemente suceden porque sí, sin objeto. O, ¿Qué trataba de indicarle a mi amigo la divinidad de turno? Parece un hecho dirigido por alguna entidad sobrenatural, pero no parece tener sentido más allá de la simple anécdota curiosa.

"Unicamente sabía, mientras el coche rodaba en la fría noche de agosto, que en alguna parte Sófocles, Freud y Eugene O'Neill se estaban partiendo de risa." (Woody Allen - Justo castigo)

lunes, 29 de agosto de 2016

"Habrá sido para bien".



Pienso que, con la excusa de la autodefensa patria, que también es ciertamente necesaria en este mundo salvaje, los ejércitos existen por varios motivos más: uno es mantener el poder en manos de quien lo ostenta. Otro, los negocios de contrabando de armas y drogas. Y quién sabe qué otras cosas. Es simplemente mi impresión, no lo sé.

Yo hice la mili en 1997, y se rumoreaba que uno de los soldados profesionales de nuestra compañía, un gallego, guardaba en su taquilla 4 kilos de coca, para ir vendiendo por Valencia. Un peoncillo en el gran entramado, supongo.

Otro compañero nos dijo que tenía 1.400 tripis. Agustín y yo nunca habíamos probado uno, y decidimos hacerlo.

Era un fin de semana para el cual ambos teníamos previsto permanecer en la base, ya que nos tocaba guardia de refuerzo la noche del sábado. O sea, ser los reservas de los que tenían guardia, por si alguno estaba indispuesto, enfermo o ausente por cualquier motivo. Dependiendo del sargento que se quedase encargado de la compañía ese finde, podríamos, o no, salir el viernes a mediodía y volver antes de las 22:00 del sábado. Lo normal era que pudiéramos irnos. Y además, el sargento era López, uno de los buenos.

Decidimos que compraríamos un tripi, saldríamos el viernes a mediodía, e iríamos a la discoteca Masía, en Segorbe. Un compañero de la Pobla de Farnals nos llevaba hasta allí. Nos tomaríamos medio tripi cada uno, pasaríamos la noche de fiesta, y el día siguiente volveríamos haciendo auto-stop a la base de Marines.

Compramos el tripi, pero finalmente el sargento López no nos permitió abandonar la base. Yo me quedé desencantado, y entonces Agustín me dijo: -¿Sabes lo que dicen en mi pueblo cuando pasa algo así? Que habrá sido para bien.

Al cabo de un tiempo, lo comenté con amigos y conocidos, y todos coincidían en que, para una primera vez, medio tripi por cabeza era una barbaridad. Como mucho, un cuartito. El día siguiente no nos hubiéramos aclarado para volver a la base y dar una imagen sobria. De hecho, lo de la imagen sobria daba igual, porque no hubiésemos sido capaces de regresar. Nos habría caído el pelo. Eran unos 80 km de distancia, y estando la base algo apartada de las carreteras. Demasiado para depender de que nos recogiera alguien, y con las pintas que llevaríamos de no haber dormido, además de estar, quizá, todavía viendo dinosaurios.


Pasados los años, sigo recordando aquella frase, tan lúcida en un momento así. No es que a todo lo malo le puedas encontrar una parte positiva, pero aquella situación, serenamente mirada en su momento, era bien sospechosa de tenerla.

domingo, 31 de julio de 2016

La primera semana de vacaciones

El año va bien por ahora. Hasta la semana pasada, ha habido mucho trabajo, de modo que, tras varios años flojos, he podido volver a salir de España: a principios de mayo estuve cinco días en Londres. El 1 de mayo, por fin, subimos al Puig Campana, tras varios años intentando poner fecha a esa excursión. A principios de junio hice un par de exámenes y los aprobé: el B2 de inglés de la EOI, y la asignatura de Ciencias y tecnología que me quedaba de la ESO. Son dos titulillos muy básicos, pero hay que tenerlos. Lo había ido dejando pasar demasiado tiempo.

El equipo de futbito, finalmente, ha conseguido remontar 8 puntos y no quedar último de la liga. Penúltimos, pero es un éxito para un equipo de colegas recién formado y con algunos que no están demasiado en forma, y con gente que habitualmente no jugaba. Todos tenemos entre 30 y 40, y generalmente competimos contra gente más joven.

El 13 de agosto me voy a Croacia y Bosnia con dos amigos, hasta el 24. Hemos reservado vuelos de Barcelona a Dubrovnik y de Zadar a Barcelona. Cogeremos un coche de alquiler en el primer aeropuerto, y lo devolveremos en el otro.

He decidido apuntarme a un curso de dibujo en la escuela de Bellas Artes para esta temporada, a empezar en octubre, y tengo la intención de irme preparando por libre para intentar conseguir el C1 de Cambridge en 2017.

Hace una semana empecé las vacaciones, debido a una disminución de los pedidos. Supongo que a partir de septiembre volverá a haber trabajo seguido. Me he pintado la habitación y me he apuntado a las oposiciones para Correos. Y, pensando en amueblar mejor la habitación…

Se me ocurrió ir al Ikea de Valencia y, de paso, estar un par de días en la ciudad, donde tengo algunos amigos viviendo. Quedé con Colomer y dormí anoche en el piso de su familia. Y de paso, he aprovechado para hacer algunas fotos.



Lo que más me atrae de esta ciudad es el verde. Prácticamente todas las calles poseen muchos árboles. Y el clima. Soy de una zona montañosa del interior de la Comunidad, entre Valencia y Alicante, donde en invierno hace bastante más frío, y me da la impresión de que en esta ciudad casi siempre sea primavera o verano.



La ciudad es grande, pero me encanta recorrer largas distancias caminando por ella.

Llegué por la tarde, y empezamos a pasear por el Parque/jardín del Turia, el antiguo cauce del río, hasta llegar, allá a las 21:00, a la zona del Hemisfèric.
Solemos ir desde las Torres de Serranos hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Unos 3’5 km muy espectaculares.

Todo el parque que ocupa el viejo lecho del río, desde el Bioparc o La Canaleta hasta casi el mar, tendrá unos 9 km. El trayecto pasa bajo algunos antiguos puentes de piedra, otros más modernos, y pasarelas peatonales. Es uno de los mayores jardines urbanos de España, con 110 hectáreas.




De día siempre veo, por ese inmenso parque, a mucha gente corriendo, paseando, yendo en bici, o practicando otros deportes. También mucha gente tumbada sobre el césped o sentada. 



Los edificios de Calatrava me generan sensaciones contradictorias. Por una parte, son espectaculares y encajan perfectamente en ese espacio verde y hundido varios metros bajo el nivel de la ciudad. Pero da rabia lo que han costado, que en gran parte son sobrecostes de los que fueron a parar a bolsillos privados, como es desgraciadamente costumbre que suceda con las obras públicas en este país. Ya lo escribía Pérez Galdós hace un siglo, aquéllo de "Los dos partidos que se alternan tranquilamente en el poder, se dedican a pastar en el presupuesto..." Ocurre que el PP valenciano, en 20 años, ha arrasado esos pastos. Se ha pasado tres pueblos.

Allí actuaban, sobre un escenario en el lago artificial, un montón de alumnos de la escuela de música Berklee, que se iban relevando cada tres o cuatro temas. El estilo era jazz fusión, generalmente instrumental. Hubo algunos temazos de funk muy bailongos. Por ejemplo, interpretaron Kiss de Prince. Perfecto para empezar la noche. Dijo Colomer que lo hacen cada viernes.

Había parejas remando sobre canoas y barcas, y gente metida en grandes esferas de plástico hinchable que flotaban rodando. Lo de las canoas me gusta, pero eso de introducirte a lo hamster dentro de una bola me parece "Pagar pa patir".



Hacia las diez nos fuimos para ver el correfoc que iba desde la plaza de toros hasta la Puerta de la Mar. Compramos bocatas para cenar y vasos de ron con cola, y llegamos justo a tiempo para verles llegar a esta plaza y vivir la fiesta de la conclusión.



Después, con el segundo vaso de ron cola, caminamos hasta el puerto, donde había botellón, y pronto volvimos a casa en autobús, reventados. A las tres nos acostábamos.



Me he levantado casi a las diez y no he querido despertar a Colomer. Hacia las once estaba callejeando por el casco antiguo.



La Estació del Nord, adonde llegan los trenes. Las vías parten en dos la mitad sur de la ciudad, pero van a ser soterradas, y sobre ellas se construirá el Parque Central. Están en marcha las obras de la primera fase del parque. Lo complicado (por caro) es la segunda fase, que incluye soterrar las vías. Tardarán todavía algunos años en llevarla a cabo. Es una obra absolutamente necesaria, aunque quizá agrave la problemática de gentrificación que está teniendo lugar en el vecino barrio de Russafa, que se ha puesto de moda en los últimos años.



Allá a la una, he quedado con él en el Mercado de Colón, un edificio modernista.



Hemos cogido paella, fruta y agua de un “comidas para llevar” cercano, y hemos bajado al Parque/jardín del Turia para comer.



Más tarde hemos ido en autobús a la playa de la Malvarrosa y, desde allí, hemos paseado hasta el Tinglado nº2 del puerto, una especie de vieja nave industrial abierta por los costados, uno da al embarcadero y el otro a la calle.



Siempre ves gente patinando o descansando a la sombra. Es un lugar relajante, a la vez que animado. Un rincón especial. Hace un siglo, se empleaba como almacén de mercancías.

A las 18:00 nos hemos ido al Ikea, y he terminado las compras sobre la campana, a las 22:00.