Hará un año, uno de mis mejores amigos se quejaba, muy indignado, de que alguien le había roto el retrovisor del coche, y el muy sinvergüenza se había largado sin dejar una notita ni decir nada. Inmediatamente, me vino a la mente un recuerdo de adolescencia. Él y otro eran los más activos del grupo, los que llevaban la iniciativa, los líderes naturales. Cuando nos emborrachábamos, al otro le daba por pegar manotazo sin avisar a todos los timbres de cualquier bloque de pisos, lo que nos obligaba a todos a salir corriendo. Una noche, cuando teníamos 15 años, el verano del 93, entre ambos, golpearon los retrovisores de ocho o diez coches aparcados seguidos. No sé si destrozaron alguno. Sé que lo ha olvidado por completo. Recuerdo que pensé "cuando seáis mayores vais a criticar que los jóvenes hagan esto", pero no me atrevía a decir nada.
Siempre me prometí que yo no cambiaría tanto como los demás, que ni cometería actos vandálicos de joven, ni criticaría como adulto a la juventud por cosas normales. O por cosas que yo mismo hubiese hecho de joven. Uno de mis ideales de siempre es romper esa disociación entre el yo adolescente y el yo maduro. Evidentemente, entendía que, en cuestiones de experiencia vital, de habilidades y conocimientos, no me podía equiparar a mi yo futuro, pero entendía que no tenía por qué cambiar en temas de moral, de comportamiento y empatía. No le reprocho errores a mi yo adolescente. Sé que hizo lo que pudo con lo poco que sabía.
En el móvil no me aparece el vídeo de la entrada anterior, así que pruebo ahora con otro. El genial discurso de Tim Minchin.
Buenas noches. Vuelvo con este temazo de Todd Terje. Durante
los próximos meses, espero ir publicando resúmenes de mis viajes y escapaditas
de los últimos tres años. Llevo dos años y medio sin escribir nada aquí, desde
aquel drama "amoroso" que tuve, de lo cual iré eliminando todo lo que en su momento publiqué.
Resumo brevemente. En julio del
2018, una chica que estaba muy buena, pero algo desequilibrada mentalmente y
muy egocéntrica, me iba buscando. Me llamaba todos los días, quedábamos y, la
mitad de las veces, no aparecía hasta una o dos horas más tarde. Yo estaba
atravesando una crisis personal. En junio me acababa de quedar sin trabajo, y
un mal rollo familiar me había impedido aprovechar ese momento para cumplir mi
viejo sueño de ir a Estambul y Pamukkale, cuando ya tenía el viaje completamente montado.
Cuando esta chica pasó una noche en mi cama y me vi "durmiendo" en el
sofá, me sentí humillado y supe que era casi imposible que llegara a tirármela,
pero aun así, cuando te van mareando, te agarras al más mínimo resquicio para
hacerte ilusiones. Así que seguí quedando con ella y poniendo buena cara, siguiéndole el juego, durante algunas semanas más, por si sonaba la flauta.
El "amigo" con quien
más me había juntado en los últimos diez o doce años, siendo completamente consciente de lo
que ocurría, (y teniendo otra pareja en ese momento) se metió por enmedio, y terminó cortando con la otra y convirtiéndose en su pareja. Es
alguien que sabía perfectamente lo mal que se me da conseguir follar, al
contrario que a él, que puede estar con quince o veinte chicas cada año. No es que sea
muy talentoso hablando, pero algo de gracia tiene, y es un comercial
picapedrero que no se detiene ante mil negativas. Como le terminé contando a
ella por Whatsapp, desahogándome, unas semanas más tarde; "Este tipo tiene mil cañas de pescar, tiradas en todas
las direcciones, y va tanteando dónde pican. Le da igual casadas que solteras.
Se lo toma como una competición. No tardará en ponerte cuernos". Ahí sueno a maldición gitana de peli de Sam Raimi, pero era una apuesta segura.
Ella había conseguido desesperarme una mañana cuando, tras una noche de fiestas de su pueblo, me envió varios audios de
Whatsapp revelándome que se había liado con él y que era un hijoputa, que la
trataba mal, y de fondo se escuchaba la risita sardónica de él. En plena
discusión, me usaba para chantajearle en plan “tus amigos van a enterarse de la
clase de persona que eres”, sabiendo que a mí me dolía, que me sentía
despreciado y, encima, me dejaba entrever que prefería follarse a alguien que le caía fatal antes que a mí.
Me dio rabia y me deprimió a lo bestia. Vi que me estaba queriendo usar como
testigo de sus conflictos, como amigo pagafantas. Ahí decidí alejarme de ambos. Mi río de lágrimas era perfectamente navegable.
Él, por su parte, sabía muy bien que yo llevaba casi siete años sin follar, y si tuviese algo de
empatía o respeto hacia un amigo, debería haber respetado mi turno de
intentarlo con ella, aunque tuviese claro que ella simplemente me estaba
mareando y no iba a conseguir nada.
No era uno de mis amigos de infancia. Le conocíamos del instituto, y empezó a juntarse habitualmente con nosotros, especialmente conmigo, hace unos quince años.
En los meses siguientes, me fui
enterando de que otros cuatro, entre amigos y conocidos, estaban teniendo problemas similares
con él. A uno le había quitado un ligue, a otro también, e iba a saco a por varias
de las ex de otro, en plan extremadamente competitivo. Hasta ese año, no se había comportado de un modo tan depredador en su entorno más cercano. Sí que la ex de otro amigo nos había contado cómo había acabado acostándose con él y le definía como un impresentable. "Es mucho peor de lo que aparenta". Otra amiga nos contó que cada año, recibía algún mensaje de él que decía: " A ver cuándo quedamos a tomar algo y traes a tus amiguitas". Pocos meses más tarde, cortó con otro de sus mejores amigos, uno que había vuelto a la universidad, y una noche trajo a cenar en su casa a una compañera de piso, casada y musulmana, y discutieron luego porque el amigo se negó a darle el número de teléfono de la chica. "No puedes acosar a esta chica. Es musulmana y está casada. Le vas a crear un problemón tremendo".
Algo te olía raro por cómo llamaba a las mujeres. Las novias de colegas eran siempre "la perica" ("Fulanito está con la perica") y el resto eran "chupilis" ("vamos a tal sitio, que está abarrotado de chupilis"). Siempre me han sonado feas y despectivas ambas palabras, pero por lo demás, no me daba cuenta de que fuera tan cabrón. Sí que, a veces, me daba vergüenza su insistente descaro a la hora de abordar grupos de chicas que no parecían interesadas en nosotros, me parecía demasiado creepy, pero como solía acabar ligando, pensabas que era algo medio normal y que el raro eras tú. Que también.
A ella la bloqueé en Whatsapp y
la expulsé del Facebook. A él lo bloqueé en ambas redes y no he querido saber
nada de ellos, al menos directamente. A veces, me han enviado mensajes de sms o correo, intentando
quedar y “aclarar las cosas”. Nunca he respondido.
Como era previsible, cortaron
al cabo de catorce o quince meses.
Uno de mis amigos de siempre, católico,
me decía ingenuamente, al principio, que esto era una fase que pasaría, porque “sois
amigos, y el tiempo lo cura todo”. Y ese tipo de mentalidad es de las que más
me chirrían. Sé que la idea del innombrable era justamente esa. Que con el
tiempo me calmase, y él pudiese reconducir la situación, y entonces habría
ganado.
Eso es no conocerme bien. Que sea torpe hablando no es motivo para atribuirme la creencia en mantras religiosos y de libro de Coelho. El tiempo cura jamones y quesos. Los corazones, los va ennegreciendo. Soy afable, pero cuando me atacan me convierto en mi negativo, la versión siniestra de Maquiavelo. Planeo venganzas que nunca llevaré a cabo porque las leyes me lo impiden, pero planeadas están. Que lo sepáis.
Me
sentiría doblemente humillado si aceptara disculpas y excusas, y le permitiese
recuperar amistades, después de haber sido él quien, con malas artes, ha estado
un año tirándosela. No podrá cumplir esa parte del plan. Tengo ciertos principios. Tengo la sangre algo más caliente. Llámalo orgullo, amor propio o pragmatismo de persona introvertida y poco sociable, con facilidad para el desapego. Dicen que, a lo largo de la vida, nunca dejan de crecerte las orejas y la nariz. Creo que no es tanto un hecho biológico como una referencia al escepticismo y la desconfianza.
Va de listo, pero ha perdido
definitivamente un buen grupo de amigos que eran para siempre, por pasar un año
con una, cuando podía estar con otras. Creo que no ha sido una elección inteligente.
A veces, pensaba que esto le debía
hacer recapacitar, y darse cuenta de que, con actitudes así, pierde mucho más
que gana. Porque con su mentalidad comercial, todo se reduce a ganancias y pérdidas.
El tiempo invertido en charlar con novias de amigos es la siembra, para intentar cosechar algo cuando
esas chicas sean las ex de amigos. Al momento, la noria da media vuelta, y
pienso que me importa una mierda si extrae o no alguna lección de todo esto. Es
alguien que no merece un sitio en mi vida. Que no me importa lo que le suceda, anymore. Ha sido un bucle mental habitual estos años. El pequeño monarca vengativo que todos, en mayor o menor medida, tenemos dentro, desea que se arrepienta y lamente lo ocurrido, que se tire de los pelos, y al momento se manifiesta el yo racional que te recuerda que esa persona ya no existe en tu universo y no importa en absoluto lo que piense o sienta, y que esa es, probablemente, la venganza que más le pueda doler. No haber podido consumar el engaño y tener que quedarse a la deriva, fuera del grupo. Perder clientela valiosa. Eso le va a roer eternamente.
Este partido no lo va a ganar. Todas
sus habilidades de marketing no valen una mierda conmigo. No se puede convencer a quien no accede a escuchar. No se debe prestar oídos a gente manipuladora. No logrará volver
jamás. No se puede regresar a un lugar que ya no existe.
Ante la actual epidemia de bulos, especulaciones y conspiranoia, solamente quiero recomendar una lectura que me parece importantísima para entender mejor la situación en que nos encontramos.
El blog "La pizarra de Yuri", escrito por el divulgador científico valenciano Antonio Cantó, es uno de mis preferidos. En esta entrada nos cuenta cómo se consiguió erradicar la peor enfermedad que se recuerda. Sé que muchos antivacunas seguirán desconfiando tras leerle, pero quizá algunos se den cuenta de quién les toma realmente el pelo.
Anteayer encontré una novela que estaba en el podio de mi lista de pendientes, y comprobé satisfecho que no me equivocaba. La leí en pocas horas. Apareció en 1954, pero no tiene edad. Si hubiese sido escrita en 2018, no cambiaría ni una coma, ya que su estilo es completamente jóven. Nunca envejecerá.
Por fluidez, por esa capacidad de engancharte ya desde el primer párrafo y no soltarte ni habiendo leído el último, se me asemejaba a "Nada" de Carmen Laforet, aunque de esta no se puede decir que se desmarque del momento histórico en que nació. No muestra el mismo tratamiento fresco y atemporal de los asuntos sexuales. La de Sagan, por el contrario, pasaría por enteramente actual, sin eufemismos, aunque tampoco haciendo uso de un lenguaje explícito y guarro. Más bien, serena y elegantemente libre. Curiosamente, su trama me ha resultado bastante análoga a mi propia circunstancia de hace dos meses. Ha sido un placer enorme leer una novela de esta calidad y esta temática. Representa exactamente el estilo que me atrae hoy por hoy. No me apetece empezar tochos viejos. Algún día, volveré a cambiar el chip, y leeré Los hermanos Karamázov, Olvidado rey gudú, Trópico de cáncer y Ulises. Pero tardaré en volver a esa fase. Ahora, recomendadme obras del estilo de Buenos días, tristeza.
Pensado fríamente, parece lógico tener que estudiar algo para obtener luego un trabajo. Pero cada vez que lo intento, mi cuerpo se niega. Cualquier palabra en el libro de texto me hace pensar en algo distinto, expulsando mi mente de esa materia. La única materia que me ha conseguido enganchar es el inglés, porque nunca ha supuesto estudiar, sino que se aprende de otras maneras. El B2 no me ha resultado muy complicado. Pero será difícil que pueda aprobar un C1 sin irme a vivir a algún país angloparlante, porque ese nivel ya exige mucha más implicación y constancia. Me distraigo demasiado.
Es devastador ver que empiezo una FP semipresencial de electricista y, cada día, voy posponiendo actividades y lecturas relativamente fáciles. Sé que debo abrir el libro, pero me siento incapaz. Necesito, en cambio, realizar cualquier actividad física. Salir a nadar, a caminar, jugar a futbito, ir a un gimnasio... Hacer algo que tenga que ver con estar vivo, con no tener que desconectarte de tus sentidos. El resto de seres vivos no estudian. Mucha gente cree que es inadecuado beber leche porque "el ser humano es el único animal adulto que la consume". Bueno, también somos los únicos animales que cocinamos paella y nadie dirá que es mala. Pero se quejan del consumo de leche y nadie dice que sea malo estudiar, aunque nunca veremos a un rinoceronte con gafas, absorto en la memorización de frases y resolución de ejercicios matemáticos.
Lo peor es que no creo que un psicólogo me pudiese ayudar a derribar esa resistencia mental. Todo lo que me pueda argumentar ya me lo he repetido miles de veces yo mismo, y no me funciona.
Voy a empezar a ir a alguna biblioteca, a ver si ese es el truco. Si he de estar fuera de casa para poder estudiar.
Me ilusiona la idea de apuntarme a un curso de dibujo y pintura. Es algo que dejé a medias a mis 9 años, porque me aburría seguir el método de encajar, de proporcionar, quería pasar directamente a los detalles. Y fantaseo con recuperar esa afición, empezando desde cero, aprendiendo correcta y metódicamente. Tenía mirado un curso subvencionado que cuesta 85 euros por año. Tardes de lunes a viernes, de 18:30 a 21:00. Pero este es el tercer curso seguido que me quedo con las ganas de apuntarme. Siempre me pilla septiembre buscando trabajo, sin la certeza de saber dónde estaré dentro de un mes, y qué horario laboral me va a tocar. Y este curso, además, me he apuntado a esa FP de electricista, que ya ha empezado y todavía no sé si seré capaz de tomarme en serio.
No sé qué quiero hacer. No confío en ser capaz de aprender algo en modalidad semipresencial, sin ir a clase casi nunca. Y no puedo dedicar dos años a una FP presencial porque necesito trabajar. Y no sé si podré volver a encontrar un trabajo. Ya en todo se exige experiencia. Es imposible cambiar de sector, y necesito salir de la industria textil y, a poder ser, de las fábricas, en general. No sé qué es lo mío, pero está claro que esto no.
Antes de coronar a alguien, asegúrate de que no te considera su súbdito, sino su consorte. ......................... Lo que más me carcome es no tener claro si ella es plenamente consciente de la manipulación a la que me sometía, y si hay o no algo de sinceridad en sus disculpas o, por el contrario, simplemente trata de retener un súbdito. Dudo en su favor cuando la recuerdo físicamente, su lenguaje gestual, su mirada, y me reafirmo en su contra cuando recuerdo sus palabras y su voz, en cada audio de wasap que vuelvo a escuchar. Me jode no poder estar convencido al 100% de haber actuado correctamente al dispararle mis verdades en wasaps interminables a quemarropa durante esta última semana.
No, no tenemos que hablar. Las cosas (si han sido destrozadas con saña) no se arreglan hablando. Ese mantra concede ventaja a los taimados, a los listos, a los falsos, a los que les da igual estropear algo, porque con disculpas y explicaciones van a salir indemnes, ejercitando con oficio su fluidez o perseverancia verbal. Las cosas se cuidan, para que no se rompan, para que no se tengan que arreglar. No me váis a camelar ahora. Disculpas, tergiversión y de rositas. No, no vamos a hablar. La verdad se encuentra en los hechos. No los transfiguremos con palabras. Algo como "Hablar mucho de uno mismo es un modo de ocultarse", dejó escrito Nietzsche. Pues eso. No necesito más puñales en la espalda. El mal que se comete por error, por desconocimiento, es perdonable. No así el que se comete por maldad, con toda la intención de parasitar y luego pedir perdón, como genuinos productos de esta tradición judeocristiana nuestra. No, no debemos perdonarlo todo. Hay que reeducar a la sociedad para que se valore como prioritario evitar dañar, en lugar de dañar y pedir perdón. Que esta costumbre engendra demasiados caraduras. Hago lo que me dé la gana y, si se enfadan, ya me disculparé y excusaré. NO, No podemos aceptar esa clase de disculpas.
Si te maltratan, quizá tiendas a debatirte entre dos opciones: 1.-Pensar que no vales, tratar de ser comprensivo con las supuestas razones por las cuales se comportan así, ponerte en la piel de quien te machaca, pensar que lo hacen de un modo inconsciente, sin maldad, sin darse cuenta del daño que te hacen, y terminar cortándote las venas,
o 2.- Pensar que se dan perfecta cuenta del daño, que no les importas una mierda, que te utilizan para obtener algo que no tiene que ver contigo, y odiar, ser consciente de la injusticia, dejar crecer la rabia, y que ese odio te impulse a reaccionar, a moverte para mejorar, para que no te vuelva a suceder.
Es una vergüenza que el verbo odiar tenga connotaciones tan negativas. A veces, el odio es vida. Seguir vivo depende de que el odio se imponga a la tristeza. Odio, luego seguiré existiendo.
Nada me resulta más tierno y encantador que Lauren Mayberry amenazando con matarme. Un rostro similar debía tener Dunia mientras apuntaba el revólver hacia Svidrigáilov en "Crimen y castigo".
He jugado uno de mis mejores partidos, pero finalmente la bola ha golpeado la red y ha caído en mi parte de la pista. Lo que más me preocupa a estas alturas de la madrugada es que pueda llegar mi padre, encontrarme durmiendo en el sofá mientras una chica ocupa mi cama, y deducir, seguramente con toda la razón del mundo, que no tengo sangre y soy el tontito del pueblo. No voy a poder dormir.
Dos días después: No sé si lo normal es ofenderse, deprimirse, o aceptar situaciones así. Solo sé que yo no puedo seguir así. A lo mejor me lo tomo a la tremenda porque no soy especialmente sociable. Nunca se me ha dado bien hablar y ligar. Cuando paso el fin de semana entero con una chica y duerme en mi casa, entiendo que me he ganado ser algo más que un amigo. Que si vuelve a suceder, debo cortar definitivamente la relación, porque me destroza la autoestima. No hago ejercicio y me mantengo en forma para esto. No trato de ser atractivo para esto. Quizá las chicas necesitan poseer amistades masculinas, y muchas entienden que deben buscarse amigos gays, mientras que otras tienen la estúpida fantasía de encontrar amigos heteros que "las valoren por su forma de ser y no por su cuerpo", y se comporten con ellas como el amigo gay sin serlo. Y eso me parece insoportable. No quiero que se me otorgue ese papel. Seré modesto, pero algo de orgullo tengo. No soy de piedra. Vale que no estoy enamorado, pero estas situaciones duelen igual. Me atrae. Me pone. No voy a ser el acompañante al que le termine contando sus ligues. No quiero palabras halagadoras. Quiero sexo. No quiero que me diga que todas sus amigas deberían estar con alguien como yo, mientras ella se tira a otro. Eso suena como el más doloroso de los insultos. Semana 4: Día de ira. Todo este tiempo quedando conmigo, diciéndome que la cuido como nadie, que se encuentra más a gusto hablando conmigo que con nadie, pero lleva dos semanas tirándose a uno de mis amigos, del cual siempre me ha hablado mal y sigue hablando mal, que si es un picaflor y un cabrón, que no se preocupa por ella, etc... pero folla con él y no conmigo. Estoy cabreado. No quiero mostrarme así porque está de baja por estrés y depresión y tiene problemas con su familia, y hay que ayudarla entre todos, por lo menos hasta que encuentre una vivienda y deje de vivir temporalmente en casas de amigos, lo cual espero que la ayude a centrarse y dejar de estar fácilmente alterable. Ha empeorado en las dos semanas que lleva viviendo con mi amigo. No parecía que el trastorno fuese tan fuerte. Pero al final la historia es la de siempre: follan con el que más insiste, con el que fuerza la situación, con el que menos las respeta. Prefieren al más cabrón porque así tienen argumentos para echarle las culpas cuando corten. Conmigo no sabría cómo discutir. Me porto demasiado bien.
Semana 5 Estoy fatal, aunque, evidentemente, no es culpa de ella. Se me han acumulado problemas, algunos de ellos ya crónicos, y lo suyo ha colmado el vaso. Ella se encuentra quizá peor que yo. Es trabajadora social y ha estado tratando con mucha gente problemática. Yo, por mi parte, ya estaba mal este verano porque no consigo sentirme valorado en el trabajo. Por números, sé que rindo bastante más de lo que cualquier otro lograría con las máquinas en las que he estado. No paro ni medio segundo, Pero me siguen echando en cara que no pongo interés, y no entiendo qué quieren exactamente de mí. Los que me suelen criticar son mi tío y mi tía, y estoy empezando a odiarles. El caso es que hubo un descenso en los pedidos y dejé de trabajar allí en junio. Me decían que el jefe estaba contentísimo conmigo, y que entraré otra vez en septiembre u octubre, cuando vuelva a crecer la demanda, pero necesito cambiar de trabajo. No soporto esa bipolaridad. Normalmente todo parece ir genial, y de repente soy lo peor, sin que haya ocurrido nada. Así que me monté para junio el viaje a Estambul que planeaba hacer en agosto. Más barato, pensé. Lo reservé todo para salir de casa la noche del 11 y regresar el 22 por la mañana. 4 aviones, de Barcelona a Estambul y de allí a Pamukkale y sendos regresos. Tres hostels, visado y parking del aeropuerto, y cambié 450 euros en liras turcas. Me iba a salir el viaje por unos 900 euros, quizá algo más. Al final discutí con mi padre y mi tía, que consideraban esto un gasto inaceptable en mi situación, y decidí abortar el viaje justo cuando ya me iba. Perdí 380 euros entre cosas que ya estaban reservadas y el posterior cambio de divisa. Era un momento ideal para ir, porque quedaban 3 o 4 días de ramadán, y hubiese encontrado un ambiente nocturno que no conocería en agosto. Me aboné a la piscina de un pueblo cercano, con idea de ir poniéndome en mejor forma, porque hacía un año que no jugaba a futbito. Llevaba un par de meses haciendo, de vez en cuando, flexiones, mancuerna y abdominales, pero era poco, y ya tengo 40 años. Volví a entrenar con chavales jóvenes, y vi que apenas podía seguirles. Había perdido mucho pulmón y flexibilidad en un año. Exteriormente, no estaba mal, sé que soy relativamente guapo y me mantengo bastante bien, pero por dentro estaba muy flojo. Llevaba, mentalmente, un verano bastante calmado, con esporádicos bajones de ánimo, hasta que empecé a quedar con ella.
Aquí he tomado como punto de partida el fin de semana que pasé entero con ella y solamente he contado que durmió en mi cama. El fin de semana anterior habíamos estado con dos amigos comunes en Valencia, y ella se había quedado unas cuantas noches más en casa de uno de ellos, Rafa, en El Cabanyal. La noche del domingo nos la pasamos charlando en la terraza con C..., uno de mis mejores amigos. El jueves, ella había regresado a Cocentaina y me llamó para venir conmigo el viernes a Cartagena y ver el concierto gratuito de The Kutimangoes en La Mar de Músicas. Yo quería ver el concierto y regresar, pero el plan se fue ampliando. Ella tenía que llevar consigo al perro, no se podía quedar solo en un camping, reservé un hotel, pasaríamos por Calblanque al día siguiente... Cuando pasé a recogerla, a las cinco de la tarde del viernes, me respondió que no estaba para ir, que no había dormido, etc. Conseguimos anular la reserva sin cargos, y quedamos la tarde siguiente para ir a la piscina. Cenamos en un bar de Muro y pasamos la noche bebiendo y charlando en mi casa. No quise intentar nada, porque ella tenía problemas con su familia y necesitaba otros lugares donde dormir. No quería que pareciera que le exigía sexo a cambio. Me decía que, a raíz de su reciente separación y sus problemas mentales, se sentía sexualmente bloqueada, estaba pasando por un duelo, y yo solo pensaba en ser respetuoso con ello, aunque me atraía mucho. Es una chica con la cual siempre he sentido más compatibilidad que con la mayoría, pero siempre que coincidíamos por ahí, tenía pareja. Es raro que yo me encuentre cómodo charlando horas y horas con una mujer. No soy muy hablador. Con ella tengo eso. Me siento tranquilo y a gusto. El domingo lo pasamos en el pueblo de la piscina donde voy habitualmente. Ella quería ir este verano a La Riviera Maya, y otro de mis mejores amigos, asimismo amigo desde pequeño de su hermano, también llevaba tiempo con ese destino entre ceja y ceja. El miércoles me comunicó que se iba con él dentro de dos semanas, aunque siempre le ha considerado un depredador y no le tenía demasiado confianza. Cambiaba de planes constantemente. El viernes siguiente quedamos a las cinco para la piscina de su pueblo, y acabó llegando a las siete (previos avisos de "no puedo porque ha pasado tal cosa"). Para el sábado, yo había quedado en ir a la fiesta de cumpleaños de este amigo en la casa de campo con piscina de otro. No pensaba ir, pero ella me había insistido, porque le había dicho que iría, creyendo que yo iba. "No me dejes sola con este". Así que fui a la fiesta, encargué la paella, y ella no vino. Hablamos por teléfono. Estaba floja de ánimo, pero esa noche saldría, porque eran fiestas de su pueblo, y quería que consiguiera marihuana. "Esta noche salimos a saco". Yo no había quedado a cenar en el bar con los amigos porque ella proponía que cenásemos solos en un parque. Poco antes de la hora en que había quedado con ella, pasé por el bar a cogerle marihuana a uno que tenía algo y, conociendo mi circunstancia, me daba un poco. Ella no me avisaba de estar lista para recogerla, así que pasaron dos horas y media, yo en el bar sin apenas consumir nada, charlando junto a mi amigo "el picaflor-depredador" esperando el momento de largarme. Después no quiso saber nada de la marihuana. Entre findes, mucho mensaje de WhatsApp, y alguna que otra conversación. Ella estaba viviendo en casa de mi amigo "el picaflor". El jueves, otro amigo y yo les ayudamos a trasladar sus muebles desde la casa de su ex novio. La noche del viernes todavía eran fiestas en Cocentaina, segunda semana, y salimos. Cenamos en casa de mi amigo "el depredador". Ella pasó la mayor parte de la noche conmigo, y me hablaba mal de él. Al final, hacia la madrugada, me dijo que estaba harta de él, que solamente pensaba en divertirse con sus amigos y no se preocupaba por ella, y me confesó que se habían enrollado. De alguna manera, me lo esperaba, y volví simplemente triste a casa. En la mañana siguiente, no me dejó dormir. Me enviaba audios por WhatsApp en los cuales le insultaba, estando él presente (yo escuchaba de fondo sus réplicas sardónicas) en plan "El cabrón de tu amigo se me ha estado tirando esta semana, pero me ha perdido, porque es un demonio...)". Yo sabía al 100% que eso de "pero ya me ha perdido" no era cierto, era una rabieta típica. Llegué a pensar que quizá me utilizaba para intentar darle celos, y que yo no le importaba nada. Ella niega que sea así y la creo, supongo que estaba muy alterada y no razonaba demasiado bien. Yo estaba entre deprimido y mosqueado. Indignado con el hecho de que siempre me agradeciese el estar cuidándola tan bien, pero se estuviese tirando a otro, al cual insultaba constantemente. Recibía wasaps en plan "Estoy reventada por culpa mía y de tu colega, gran pescador de sirenas como yo, y solamente amigo ahora". Yo respondía en plan "Le pediré que me dé clases de pesca". "Buff, es flojillo". "Es efectivo. Preferiría mil veces follar con tías que me llamen cabrón y flojillo que ser, simplemente, amigo de tías que solamente me tengan un gran aprecio. Tengo mucho que aprender de él". Eso me machaca la autoestima. Needless to say, I suppose. El domingo, C.... mi mejor amigo, que vive en Valencia, me contó lo sucedido unas semanas atrás, cuando ella estaba allí, hospedándose en casa de Rafa, en El Cabanyal. Se habían enrollado, pero nada más. Había pasado una noche y el día posterior con él en su piso. Habían dormido en la misma cama grande, pero sin sexo, aparte de algunos besos. Ella le había contado más o menos lo mismo que a mí, que estaba sexualmente bloqueada, de duelo y tal, aunque era ella quien había buscado ese contacto físico. Me sentí el último puto mono.
Yo tengo un trauma con este tema. Hace 7 años que no he follado. Mi última experiencia, con una chica inglesa el 15 de octubre de 2011, me hizo sentir mal conmigo mismo (por culpa mía), y perdí las ganas de seguir tratando de ligar. Me sentí incómodo, incapaz de mantener la fluidez en las conversaciones. Notaba que no le podía dar todo lo que esperaba de mí, y que solamente seguía conmigo porque me encontraba físicamente atractivo. Durante todo este tiempo me he mantenido bastante tranquilo, pero con esta amiga se me ha derrumbado el mundo encima, porque me sentía mucho más merecedor de estar follando con ella que cualquier otro. Y la había avisado de que me gustaba, y que no quería estar por medio si se liaba con otro. Cuando me dijo que quería que fuera a la fiesta de cumpleaños del "picaflor" en aquella casita, imaginé algo, soy pesimista por experiencia, porque nos conozco a él y a mí, y le dije que me gustaba y no quería estar con ella en la fiesta de él. Pero ella me insistió en que sin mí no se sentía capaz de ir. Ella se excusa en que "es muy buen estratega, me insistió en que me quedara varias noches en su casa y me trató muy bien al principio, etc..." Y yo, erre que erre: "Te gusta y punto, lo entiendo, pero me jode que tontearas conmigo mientras follabas con él, porque yo me iba ilusionando y tú solamente me querías como amigo" Y ella. "Yo no he tonteado con nadie, yo tengo muchos amigos, al igual que amigas..." El caso es que no nos vamos a entender. Ella no comprende que me quiera alejar, que no quiera ser su amigo mientras está con otro. Evidentemente, no le he contado que llevo 7 años sin follar. Temo que parezca que le quiero dar lástima. No quiero quedar demasiado como que voy de víctima. Simplemente le he repetido bastante que no soporto estar en la friendzone de una tía que me gusta, y necesito alejarme. Que no me gusta tener amigas, porque al final alguien sufre, y suelo ser yo. El domingo por la tarde le envié varios wasaps contándole detalladamente cómo me sentía, incluyendo que "Si me estás utilizando para darle celos, te voy a odiar eternamente". El lunes por la mañana hablamos. Ninguno de los dos estamos consiguiendo dormir habitualmente más de 4 horas por noche. Estaba sereno, pero me iban viniendo ganas de llorar tal como avanzaba la conversación, y a los 20 o 30 minutos se dio cuenta de que yo no podía seguir hablando, me ahogaba, y lo dejamos. Pasé la mañana llorando como no lo había hecho en 15 años. Y decidí hacer mucho más ejercicio y reducir y controlar estrictamente la dieta, a ver si consigo, de una vez por todas, eliminar ese pequeño pero irreductible michelín que nunca me ha permitido marcar tableta. Reaccioné en plan combativo, pensando "Me voy a poner como Conan pero en guapo, y cuando me vuelvas a ver te arrepentirás de estar con él y no conmigo". Sé que las cosas no funcionan así, peeerooo.... tenía que distraerme con alguna obsesión loca. Martes, miércoles y jueves estuve relativamente animado. Lloraba un poco al escuchar ciertas canciones, como esta:
De modo que me dio por hacer mogollón de flexiones, mancuerna y abdominales cada día, no comer dulces, reducir las cenas a pechuga de pollo asada con un chorrito de aceite de oliva o unas tiras de jamón serrano, e irme a caminar, y a ratos correr, dando varias vueltas al pueblo durante 2 o 3 horas cada noche, escuchando música con el móvil antiguo y los auriculares. El jueves estuvo nublado y no hizo calor, así que por la tarde salí de casa, fui hasta Cocentaina, subí al castillo y regresé en 2 horas y media. A la noche, caminé otras 3 horas. Y decidí que necesitaba volver al Camino de Santiago. Esa misma tarde, mi amigo "el depredador-picaflor", me había llamado para proponerme ir con ellos a Roncesvalles y empezar el Camino Francés el viernes. Finalmente van tres. Me llamaron también por la mañana, para convencerme, Rafa y ella. No quise ir. No puedo estar con ellos. Les aprecio, no les tengo ningún rencor, pero no les puedo ver juntos. Habían suspendido el plan de Riviera Maya porque ella no se encuentra emocionalmente estable para ir a un país tan peligroso como México. Los médicos que ha visitado esta semana lo desaconsejaban tajantemente. Algo que ya comentábamos mi amigo "el depredador" y yo hace un par de semanas. No había tardado en arrepentirse de esa reserva, viéndola a diario, tal como cambiaba de humor e iba a su bola. Temíamos que decidiera irse sola por ahí y le pasara algo. Para colmo, Raúl está, nuevamente, en Turquía, y no para de colgar fotos de Estambul en Facebook, desde el jueves mismo. Eso me ha completado el martirio. No puedo ver esas fotos. He de cerrar Facebook inmediatamente, porque me provocan un terremoto en el centro del alma. Tampoco quise mirar las fotos que colgó ayer viernes Rafa, en las que, supongo, saldría la parejita. Tras hablar con ella, tuve el peor día en 15 años. Fui incapaz de hacer nada en todo el viernes. Estuve encerrado en la habitación, llorando y fantaseando a veces con el suicidio. Y decidí que vuelvo al Camino del Norte. Esta mañana he comprado un medicamento antidepresivo, Deprax, aunque, tras leer el prospecto, no creo que lo utilice. Empieza a hacer efecto a las 2 semanas de tratamiento, y anteriormente puede empeorar los síntomas. Mañana cenaré con mi amigo C... en Valencia, y seguidamente me dirigiré a Ribadesella. A media mañana del lunes, espero dejar allí el coche y coger un autobús hasta Comillas, mi pueblo fetiche, donde realizaré fotos nocturnas y empezaré a caminar la madrugada del martes. En principio, el plan es hacer tres etapas: Colombres, Poo y San Esteban de Leces. El viernes de madrugada regresaré caminando unos 5 km a Ribadesella, a por el coche, y me dirigiré a Ribadeo, donde he de ver, sí o sí, la Playa de las Catedrales. Supongo que dormiré por esa zona y regresaré a casa el sábado. El presupuesto no es muy holgado y no sé si, emocionalmente, estoy para salir de casa y conducir tanto, pero lo que tengo claro es que no estoy para quedarme encerrado. Sería la peor opción. Hoy, ocupado con todos los preparativos del viaje, no he pasado mal día, y espero que escribir esto también esté ayudando a descargarme un poco.
Y ahora tan solo ruego (a quien corresponda) que ella no me llame, al menos hasta que haya completado el trayecto en coche hasta Cantabria, porque seguro que me volvería a afectar muy negativamente escucharla, me volvería todo a la cabeza con demasiada intensidad, y debo estar bien para conducir tantas horas.
Si hay una canción que define mis gustos, es esta. Siempre me ha enamorado, en especial, la "segunda mitad" de la canción, más o menos desde el minuto 4. Las primeras veces que vi el vídeo en la tele, a mis 15 años, en 1993, me dejaba loco, me parecía absolutamente mágica. La "canción de los delfines". Sonaba completamente diferente a todo lo demás. Música que tenía vida propia más allá de las letras. Era el tipo de rock que gran parte de los rockeros encuentran aburrido, ya que es sofisticado, complejo, melódicamente genial, virtuoso, con letras introspectivas, que hablan de problemas personales, del desamor, de la soledad, de la depresión, sin atisbo de "compromiso social" ni "mensaje", sino música porque sí, con un piano muy protagonista, con largas secciones instrumentales, con un par de grandes solos de guitarra, con esos riffs tan blues, de esa guitarra poderosísima, super expresiva y elocuente a lo Jimmy Page, con distintos estribillos, que no serán ni estribillos, si, como mucho, se repiten dos veces... Era un tipo de rock que se volcaba completamente del lado de Led Zeppelin y Pink Floyd, y se alejaba del ruido simplista del punk. El tipo de rock que da importancia a la música por sí misma, que la celebra, y no la reduce a mero vehículo de reivindicaciones políticas, ni escueto acompañamiento para letras poéticas. El tipo de rock que no supedita la música a la lírica. El tipo de rock que hace vomitar a un seguidor de Sex Pistols, la Polla o Reincidentes. Y además, el vídeo es espectacular. Todavía me cuesta creer que la pasaran tantas veces en Los 40 Principales. Sí, también sacaban grandes canciones, una de cada 7 o 25, depende del momento, pero de esta longitud y características, ninguna otra. Un buen día se me ocurrió buscar en Youtube si existía alguna versión de piano solo de Estranged, y fue así como conocí las maravillosas interpretaciones de Viktoriya (Vika) Yermolyeva. Qué cerebro hay que tener para tocar así. Lo que hace con November rain es descomunal. Y con Fade to black de Metallica, y con Chop suey, de SOAD, y con New born, de Muse, y tantas otras...
Y mira que Slash es feo, pero todo el que haya cogido una guitarra eléctrica ha soñado con ser él en el vídeo de November rain. Ese primer solo es uno de los más épicos de la historia.
A
las 6 de la mañana, en nochevieja, todavía quedaba bastante gente en el gran
pub donde estábamos, y el olor, recargadísimo, se me hacía insoportable. Me
preguntaba de dónde provenía. Pensé que, mayoritariamente, podía proceder de la
concentración de exhalaciones tras tantas horas de consumo masivo de Plis-Plai,
la bebida popular autóctona (café licor con coca-cola), una bomba de cafeína,
azúcar y agua carbonatada, que ensucia los dientes como ningún otro licor. A
veces también creo que ese olor se debe al sudor de toda la noche, mezclado con
la acumulación de todo lo que se echa encima la gente. Colonias, maquillajes,
espumas, lacas, gominas, ceras… Era horrendo.
Entonces,
aunque puedan quedar chicas con cuerpos naturalmente atractivos, me suelen
repugnar por toda esa pintura facial. Y veo a otros yendo a saco a por ellas,
tratando de arrancarles algún beso, y me cuestiono acerca de la naturaleza de
esa repugnancia propia y de esa aquiescencia ajena. Cómo es que les da igual
todo eso, esos olores y texturas violentas y antinaturales, con tal de
conseguir echar un polvo. Cómo es que a mí, tras nueve vasos, me importa. ¿Qué
hacemos aquí?
En
momentos así, me parece lamentable ver a los tíos tratando de seducir, algunos
sin gracia, con los típicos “piropos de obrero", creyéndose ingeniosos, a
chicas que les aprovechan para mejorar su propia autoestima, rechazándoles con
sarcasmos aprendidos y mil veces ensayados, pretendiendo parecer ingeniosas. Dáos cuenta de que, a estas horas, la gente que merecía ligar ya no está aquí. Somos los despojos de la noche. tíos y tías.
No
es que me sintiera superior. Simplemente, no quería ser ni como ellos ni como
yo.
Y
me sentía un poco ridículo, apoyado en la barra, bebiendo agua y notándome
medianamente sobrio, habiendo consumido tres plis-plays, un ron-cola y
cinco martinis con naranja, echando de vez en cuando una furtiva mirada a la guapísima camarera, y suponiendo que estarían hasta la coronilla de todos nosotros, ella, sus compañeras, y sus parejas, quienes quiera que fuesen, que casi seguro estaban ya por allí. Quedaba una hora para poder coger el primer autobús, y
fantaseaba con volver a casa caminando, una vez más, esos 14 km, a pesar del
frío, en lugar de aburrirme esperándolo. Pero C**** no tenía esa intención, y no iba a dejarle solo. Me
tocaba maldecir de nuevo la falta de autobuses nocturnos. Hubiera estado en
casa hace rato. Siempre he odiado la idea de tener que pagar un taxi por falta
de transporte público. No somos ricos.
Quedábamos
los dos más indolentes. El resto salían a ligar. Los dos muy inteligentes,
M**** y L****, hacía rato que estaban enrollándose con sendas chicas atractivas.
Los dos muy cortos, M**** y O****, se habían largado a la otra zona de fiesta, tras
haber molestado involuntariamente a unas cuantas, tratando de conectar, con
frases aprendidas, tan bastas que a veces les hacen pasar por más machistas de
lo que quizá realmente son, aunque algo de eso tienen, por contagio social. Habíamos quedado 6 para
cenar en Alcoy. El resto estaban, casi todos, de viaje por Cracovia. Quedábamos,
charlando y bebiendo lentamente junto a la barra, los dos que casi siempre
salimos a pasar el rato y casi nunca intentamos nada. Los que nunca nos hemos
sentido cómodos con nosotros mismos, con nuestros cerebros. Los
acomplejados sin remisión, que encajaríamos como personajes secundarios en
novelas de Murakami. Y era justo lo que, diez horas antes, hubiese apostado que
sucedería.
Antes
de que empezara la noche, tenía claro que la terminaría con esa sensación de
navío varado, maldiciendo el no haberme tocado una lotería que me permitiese
estar ahora en Islandia o Noruega, posiblemente congratulándome de haber visto
mi primera aurora boreal, en un nuevo país que sumar a mi corta lista,
seguramente solo y sobrio, pero más contento e ilusionado.
Al
menos, no estaría hartándome de alcohol con tal de no quedarme en casa sabiendo
que todo el mundo está de fiesta. Hay noches señaladas en que no me apetece
salir, pero sé que, si me quedo en casa, voy a estar peor. Sé que, si pudiese
dedicar un año a viajar y ver mundo, me cuidaría mucho mejor. Haría bastante
más ejercicio, porque estaría más animado.
Fue una mala nochevieja.
Light in the darkness (Kroke, 2003) - Un tema que me hace imaginar el momento en que llegue a ver una aurora boreal.
Hacia
mitad de marzo me encontraba desquiciado por la falta de empleo y asistiendo a
un curso de hostelería del Servef. Entonces me llamaron de una ETT para un
empleo de fines de semana, cargando y descargando camiones. Empecé con dos
mañanas de sábado -…porque si, de entrada, te dejo con estos toda la noche, no
vas a volver - me dijo el encargado. El tercer finde ya trabajaría la noche del
viernes.
Ese
viernes tuve clase por la tarde. Estuvimos dos horas montando un banquete para
el día siguiente, y me fui a las 19:00 para entrar a descargar camiones a las
20:00. Paramos media hora para cenar hacia las 2:30, y otra media hora para
almorzar a las 9:30. Terminé de trabajar a las 14:00. No estaba demasiado
fresco para conducir, pero eran unos pocos minutos hasta mi pueblo. Fui directo
al comidas para llevar. Entre lo del curso y lo de los camiones, había
trabajado 19 de las últimas 21 horas, y llevaría despierto unas 30.
Luego
no me pude acostar. Tenía un partido de futbito a las 17:00 en Alcoy. Si me
permitía dormir un rato, ya no sería capaz de levantarme para ir a jugar.
Regresé
del partido y me acosté hacia las 18:30. Durante varias horas fui incapaz de
conciliar un sueño tranquilo. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a mi mente
todo el ajetreo del trabajo. El sonido de toritos, carracas y entrechocar de barras y
puertas metálicas, gente hablando y gritando y transpaletas eléctricas corriendo entre los
muelles, trasladando palets cargados de cajas y bultos. Me veía de nuevo allí, en
medio de todo el bullicio, y despertaba sobresaltado. Me sentía terriblemente
cansado. Necesitaba desesperadamente dormir, pero me resultaba imposible. No sé
a qué hora logró imponerse el cansancio, y pude finalmente descansar en paz.
Tan
solo en otra ocasión en toda mi vida había experimentado un estado mental
similar, y aconteció en un contexto radicalmente opuesto. La segunda de las
tres veces que consumí setas “de la risa”. Estaba con dos amigos en el Viña
Rock de 2005. Nos las pasaron unos de nuestro pueblo, a los cuales encontramos
casualmente por allí, y las consumimos durante el último concierto de la noche,
aquél brutal concierto en que O’Funk'illo quisieron seguir tocando más allá de
la hora justa que les había sido adjudicada, y la organización les cortó la
luz, pero siguieron en acústico, sin amplis y en penumbra, ante la multitud
enardecida, liderados por ese tremendo bajista.
A
R*** le sentaron mal las setas, porque durante la semana había cortado con la
novia, y no se encontraba en un estado mental adecuado para esa droga. La otra
vez que las habíamos probado, en Amsterdam, el prospecto explicaba que, si
tenías un “mal viaje”, el mejor antídoto para reducir su efecto era tomar azúcar
y agua. No teníamos nada dulce, así que nos dirigimos a la ambulancia estacionada cerca de la entrada.
Pero, en cuanto Raül hizo ademán de tratar de explicarles algo, los operarios subieron
las ventanillas y pasaron hasta el culo, como pensando “No estamos para
aguantar borrachos pesados”.
Así
que abandonamos el recinto y nos acostamos en la tienda de campaña, que no
estaba lejos de allí. Me metí en mi saco de dormir y me quedé ladeado, encarado
a la esquina del oscuro habitáculo, casi tocando la tela con la frente. De afuera
nos llegaba el alboroto, algo de música, y rumor de multitudes hablando y moviéndose.
A mi espalda, podía escuchar lo que charlaban R*** y E******. Cerré los ojos y,
como por arte de magia, al momento estaba otra vez paseando por el mercadillo,
junto a los escenarios. Al abrir los ojos, me sorprendió hallarme acostado en
un rincón oscuro. Quizá no habían transcurrido ni dos minutos desde que los
había cerrado, y había olvidado por completo la realidad. Durante dos o tres
horas, se fue repitiendo lo mismo. Me sentía enormemente relajado. Podía estar
nuevamente en la fiesta tumbado, sin cansarme lo más mínimo. Era bajar los
párpados y regresar a un lugar exótico lleno de color y viveza, un mundo
psicodélico donde el tejido del espacio era de cenefa de chilaba y papel de
envoltorio para regalo. Lo pasé bien.
La
diferencia con lo otro es que ahí lo había disfrutado. Esa manera de, en ambas
situaciones, alucinar con una realidad falsa, y de modo tan reiterativo, saltando entre ambas escenas mediante el simple gesto de cerrar o abrir los ojos, me
recuerda también a uno de mis cuentos preferidos, La noche boca arriba, de
Julio Cortázar. Ahora que lo pienso, que el protagonista fuese colocado de
setas, podría quizá explicar lo que le sucede.
Tenía la intención de continuar con lo de los camiones, pero lo pensé mejor debido a que, a mitad de
esa semana, empezaba las prácticas del curso de hostelería. Ese trabajo me
dejaba tanta suciedad en los poros de las manos que, por mucho que me duchase,
no se terminaba de limpiar en tres días. Y si me tocaba trabajar domingo o
lunes en un bar, no podía ir así.
Llamé
a la chica de la Ett para comunicarle que lo dejaba y explicarle el motivo. Lo entendió
amablemente. Me supo mal porque en el trabajo pensarían que me había cagado
ante la idea de hacer tantas horas seguidas, y me habían tratado bien. No, no
son las horas, es el no poder dormir luego. Es el seguir allí en sueños, intoxicado por sobredosis de trabajo.
Me
cuesta entender que la gente pierda las ganas de practicar un deporte de equipo
cuando no se gana. Yo veo cada entreno
como una celebración por seguir teniendo piernas. Por no haberlas perdido en
ningún accidente o enfermedad. Y cada partido es una oportunidad de repetir
lo que te ha salido bien al entrenar. Pero, últimamente, cada vez somos menos
en los partidos, y hoy solamente estaba yo, así que el partido no se ha podido
jugar. Hace poco jugamos un partido en inferioridad numérica, y decidieron que
no nos presentábamos a otros dos partidos para no volver a ser uno menos que el
rival. Yo los hubiera jugado incluso así. Qué más da. De cualquier manera,
juegas para disfrutar tocando balón, intentando lo imposible, en busca de
cierta épica. Juegas para mantenerte en forma y sentirte bien con tu cuerpo.
Qué más da si ellos son uno más y te golean. Has jugado. ¿Y la ilusión que
produce marcar un gol en inferioridad numérica? A veces lo hemos logrado, y en
otras ocasiones son los rivales quienes lo han conseguido. No entiendo a los
que utilizan la palabra “humillación” para definir una goleada.
¿Humillación?
Eso tiene que ver con situaciones de dependencia, con algún tipo de esclavitud,
de maltrato psicológico o físico, de explotación laboral… No utilicéis esa
palabrota en el deporte. A lo largo de mi vida, he estado en goleadas, unas a
favor y otras en contra, por 27-0, 21-1, 18-3, 15-2, 13-5, 12-1… y nunca se me
ha pasado por la cabeza que alguien pudiese sentirse humillado. Siempre me ha
extrañado y parecido feo que alguien pronunciase esa palabra. Has disfrutado de
tu motricidad plena. Has corrido hermosamente bajo un sol aplastante, has
luchado noblemente. Has tratado de mostrar tus mejores virtudes. Nadie te
obligaba a participar. Donde no hay obligación, no puede haber humillación.
Hace
10 años, estaba ilusionado con jugar las 24 horas de mi pueblo, que son a
finales de junio. Se juega desde el viernes a las 21:00 o 22:00, y siempre me
ha emocionado especialmente jugar de noche, bajo la luz de los focos, y ante
una grada repleta de gente, bastante animada. Cada equipo disputa tres partidos
clasificatorios para octavos de final durante la noche. Se clasifican 2 equipos
de cada grupo de 4, y se siguen jugando las eliminatorias a lo largo del
sábado. Si llegas a la final, has jugado 7 partidos en menos de 24 horas, y
tras haber estado trabajando el viernes. Pero nosotros nunca pasábamos de
cuartos, así que lo máximo que he llegado a completar son 5 partidos, y llegábamos
muertos al 5º, sin haber dormido nada, a las 4 de la tarde del sábado. Los
equipos que llegan a la final tienen tantos jugadores de calidad, que se
reparten los partidos para que unos duerman o descansen mientras otros juegan.
Pero nosotros casi siempre hemos sido grupos de amigos, cada uno con su nivel,
con 2 o 3 cracks.
Había
pasado la temporada sin apenas jugar debido a una lesión. Un mes antes de las
24 horas, tenía las piernas extremadamente delgadas. 8 meses de inactividad me
habían dejado con poco músculo. Quería entrenar a saco ese mes. Tenía unas
ganas enormes de jugar bien. Por primera vez, el equipo había quedado último, y
en la segunda división del pueblo. Por primera vez, no había podido anotar
ningún gol en toda la temporada. A priori, éramos el peor equipo de los 32 que
iban a participar. Tampoco me quedaban ya amigos en el equipo. Lo habían ido
dejando.
A
finales de mayo, el trabajo en el almacén de una fábrica se me complicó, porque
hubo un descenso en los pedidos, echaron a uno de los tres, y teníamos que
repartirnos el trabajo entre los otros dos. Hasta entonces, llevaba años
trabajando 12 o 13 horas diarias. A partir de ese momento, me anunciaron que mi
horario iba a ser de 08:00 a 22:00 una semana, y de 06:00 a 19:00 la siguiente.
Catorce horas diarias una semana, y trece la siguiente, además de desplazarte a
una ciudad que queda a 25 minutos de casa. Podía cogerme 2 horas para comer,
pero eso no paliaba el daño. Eso no es tiempo libre, porque no ves el final de la
jornada.
De
todos modos, me las arreglé para entrenar varias horas cada tarde-noche. Vivía
con 2 amigos en una casa con terraza, y allí practicaba lo que podía, cuando ya
no eran horas de ir a las pistas. Logré recuperarme bastante bien ese mes,
entrenando absolutamente todos los días.
La
noche de las 24 horas, hubo problemas con gente de mi equipo. Los 2 o 3 que se
creían más buenos habían decidido jugar ellos los partidos enteros. Durante la
primera parte del primer partido, me indignó la constatación de que no pensaban
cambiarse por nadie. Había 4 titulares intocables, aunque no servía de nada. Al
descanso perdían 3-0. Entonces, me metí en la pista, decidido a no dejarme
sacar de allí y jugar la segunda parte entera. Ningún otro de los teóricos
suplentes siguió mi ejemplo, porque eran gente que no había formado parte del
equipo durante la temporada. Habían sido fichados expresamente para las 24
horas, y no se atrevían a reclamar su derecho a participar, aunque también
habían pagado para jugar. Los dos más imbéciles me estuvieron tratando de
convencer de que abandonara la pista, pero no desistí. Perdimos 4-0.
En
el segundo partido, se repitió la historia. No hubo manera de poder entrar a
jugar durante la primera parte, de modo que salté a la pista en el descanso y
ya no me pudieron sacar. Volvimos a perder, pero fui uno de los 2 o 3 mejores
del partido. Al terminar, me duché y subí de fiesta a Alcoy, un rato. Ya era
imposible clasificarnos para octavos, pero estaba feliz de haber podido jugar,
pese a todo.
El
tercer partido se tenía que disputar a las 9 de la mañana. Solamente aparecimos
3 jugadores de mi equipo, dos más el portero, así que no se pudo jugar. Los “titulares”
no vinieron porque ya estábamos eliminados, así que no se iban a pegar el
madrugón para un partido intrascendente. Y los recién fichados tampoco vinieron,
pensando que no iban a poder jugar y se volverían a pasar el partido entero
sentados, mirando.
No
sé si el equipo rival tenía alguna opción de clasificarse, que pasara por meter
determinado número de goles en ese partido.
No
lo entiendo. Si te apuntas a una competición, es porque te gusta ese deporte.
¿Pierdes el gusto por competir únicamente por no tener opciones de
clasificación? ¿No te gusta jugar? ¿No valoras la posibilidad de meter algún
gol más, o de que te salga alguna jugada espectacular? ¿No habías estado entrenando
justamente para poder disputar una competición así? ¿Vas a despreciar un tercer partido por haber perdido los anteriores? Poder jugar es un privilegio. No todo el mundo puede disfrutar de un cuerpo sano.
He
invertido demasiada pasión en este deporte como para dejar que la victoria o la
derrota me importen demasiado. Quiero jugar disfrutando. Sin discusiones, sin
gritos, sin exigencia, sin gente que se cree mejor sin serlo, aceptando los
fallos de los compañeros y corriendo lo necesario para subsanarlos, aceptando
que nadie es perfecto y cada uno lo hace lo mejor que puede, porque no somos
profesionales. Quiero jugar por puro placer. Es mi danza.
Quizá
es que soy medio autista, y solamente he sido capaz de abstraerme y disfrutar
de verdad con el futbol sala. Ojalá hubiese conseguido tomarme con las mismas ganas
la guitarra y el dibujo.
Quisiera
rendir homenaje al mejor sucesor que conozco del Cosmos de Carl Sagan, el blog La
pizarra de Yuri, y al magnífico post que me lo dio a conocer: El pasado era una mierda.
El
mundo va claramente a mejor, a pesar de tantas malas cosas. Siempre ha existido
una mayor proporción de gente en condiciones de miseria y explotación, y siempre
han sido peores las condiciones higiénicas y de sanidad. Espero que se
reaccione a tiempo contra el cambio climático.
Hoy
en día, un peón de fábrica vive rodeado de mayores placeres que los antiguos
faraones, emperadores, reyes o sultanes, con la probable excepción del ámbito sexual. No poseemos un harén, pero disponemos de dentistas y penicilina, lugares donde practicar deportes que no ponen en riesgo
nuestra integridad física, y posibilidad de viajar de vez en cuando a algún
lugar remoto y espectacular, sin grandes peligros. Disfrutamos de avances
tecnológicos y sociales que nos permiten comer fruta recogida a miles de kilómetros, operarnos de casi cualquier enfermedad seria, bucear,
escuchar músicas variadísimas, ver películas, hacernos fotos y mostrarlas a
gente que se encuentra al otro lado del mundo, leer novelas emocionantes, hacer
yoga, saber qué son las estrellas y qué hay en el fondo de los océanos, o ir a
un gimnasio. La violencia ya no se considera normal. Exploramos sin miedo
calles, montañas, playas y bosques de otros países. Y, si algo nos ocurriera, casi
siempre habrá un hospital o un centro de salud cerca.
En
los países “del primer mundo”, prácticamente nadie pasa hambre ni frío. Nuestras
infelicidades se basan, generalmente, en dos cosas: 1.- La falta de sexo-amor,
y 2.- La falta de dinero, tiempo o ambas para viajar o dedicar más horas a otras actividades de ocio. Algunos lo pasamos mal por la alternancia de meses en paro
(sin dinero para salir adelante desahogadamente) y meses de excesivas horas de
trabajo. En mi caso, en marzo pasado estaba algo agobiado haciendo 12 horas, 6
noches por semana, y ahora, en noviembre – diciembre estoy parado.
Hay
gente que lo tiene todo, algunos por herencia y la mayoría por mérito personal,
y algunos de ellos acaban insatisfechos por no saber pararse a respirar y valorar
los “pequeños placeres diarios”.
A
veces, descubrimos algo, por ejemplo un tipo de comida que no habíamos probado,
y nos encanta, y durante un tiempo nos obsesionamos con ello. Hace 5 o 6 años,
entré por primera vez en un restaurante japonés. Desde entonces, habré estado
en menos de 15 ocasiones, porque los más cercanos se encuentran a una hora de donde vivo,
y cada vez que he ido con amigos, nos hemos atiborrado de tal manera que apenas
podíamos movernos durante las horas siguientes.
"El amor nos destrozará, otra vez más" - Joy Division (1980).
Pienso
que ese tipo de desmesura se da, muy generalmente, en la perspectiva que se
tiene sobre el sexo y el amor.
Alguna
vez he comentado con otros tíos que, si pudiésemos elegir siempre con qué chica
follar, habría alrededor de cien días al año que no follaríamos. Preferiríamos
dedicar nuestras energías a otras actividades. Senderismo, jugar a fútbol o a
tenis, hacer surf… Incluso en muchas ocasiones preferiríamos simplemente
masturbarnos. Si lo tienes tan fácil, no te obsesionas. No estás siempre
pensando en ello.
Discuto
sobre esto. Hay quien piensa que follaría todos los días del año. Yo, en
cambio, lo veo exactamente igual de importante en mi vida que jugar a fútbol
sala, pero no más. Posiblemente incluso menos. La diferencia es que a esto he
podido jugar varias veces por semana, casi cada semana, durante 28 años. Estoy infinitamente
más saciado en ese aspecto. No he tenido que padecer largos periodos de
abstinencia.
Quizá
yo sea demasiado poco fogoso. A los 17 años anoté cada vez que eyaculaba, para
sacar la suma de todo un año. Hay días que te corres tres o cuatro veces, pero
aun así, el número resultante fue (no lo recuerdo bien) 278 o 248. Me
sorprendió por lo bajo. Por otro lado, creo que el tiempo máximo que he pasado
sin correrme han sido 12 días, en época de depresión anímica, y unos 10 días
durante algún viaje.
She's only sleeping - Vinnie Moore (Live!, 2000).
Enamorarme, con casi 25 años, fue una experiencia muy dolorosa, y llena de contradicciones. En el fondo,
notaba que era un capricho exagerado. Estuve lloroso durante un par de años, y
me duró esa tristeza unos cuatro años, pero entre toda esa angustia también
percibía la falta de sentido de todo ese estado mental. Racionalmente, sabía
que esa chica no era tan especial, que había muchas otras capaces de atraerme
mucho más, que simplemente me había acercado demasiado, que el amor se genera por
cercanía en épocas de debilidad, que había cometido el error de fijarme
demasiado en el conjunto de rasgos y cualidades positivas de esa amiga, que
pasarían años antes de que pudiese apagar esa llama, aun descubriendo también,
gradualmente, aspectos de ella que no me gustaban.
Es
como frenar una nave espacial que trate de llegar en 50 años a Alfa Centauro,
una vez alcanzada su máxima velocidad, que ha de ser brutal. Puede tenerse que
dedicar la mitad del trayecto al proceso de desaceleración gradual, porque no
hay fuerza de rozamiento en el espacio que te frene. ¿Cómo desaceleras una nave que va a 25.000 km. por segundo? El amor va igual. Puede que, a mitad
del camino, adviertas que tomaste una dirección errónea, pero ya hay un montón
de sentimientos que van a mil, y lleva un tiempo larguísimo ir frenando. Aun
sabiendo que no existe la media naranja, o que hay cien millones de medias
naranjas ahí fuera, distintas entre sí, con diversos estilos, pero todas
igualmente idóneas para ti.
Sobradamente alcanzamos a saciar todas nuestras necesidades más básicas y gran parte de nuestros caprichos.
El sexo y el amor nos resultan imposibles de controlar, en una época en que
todo lo demás está bajo nuestro dominio. Por eso exageramos su importancia.
¿Son necesidades básicas? Sí. ¿Tanto como el comer, la higiene o el refugio?
No. Son necesidades básicas de segundo orden. Como poder practicar tus otros
deportes preferidos.
Writing to reach you - Travis (The invisible band, 2001).
Sarah - Thin Lizzy (Black rose. A rock legend, 1979). La guitarra de Gary Moore combinada con la voz de Phil Lynott dejó unas cuantas joyas, como Parisienne walkways, Black rose, Waiting for an alibi, Spanish guitar y Sarah.
Decidimos
ir directo a Split desde Hvar, embarcando en Stari Grad. Me parece que el ferry
salía a las 11:00. Creo que llegamos al puerto hacia las 10 y media, y nos
enteramos de que la cola para embarcar ese día era “algo nunca visto”. Pero también
nos advirtieron que sería peor ir a la otra parte de la isla, Sucuraj, porque
la situación allí era igual o peor. Así que cambié moneda en el casino para
comprar el ticket del ferry y esperamos parados en la carretera, a ver si
cabíamos en el de las 14:00. No pudo ser, pero ya pudimos dejar el coche
haciendo cola dentro del recinto del puerto e irnos a comer al pueblo, del cual
nos separaba un bonito paseo de 1 km junto al mar, donde me hubiera gustado
incluso disponer de más tiempo para darme un chapuzón. Nuestro ferry sería el
de las 17:00.
El camino entre Stari Grad y el puerto.
Creo
que el trayecto del ferry fueron unas 2 horas y media, aunque ya no lo recuerdo
exactamente. Saliendo de Hvar, durante un rato tuvimos la isla a ambos lados, y
el paisaje era espectacular.
Por
internet, encontramos sitio en el Hostel Adria, en Bajnice. Estaba a 12 km al
sureste de Split, pero tenía muy buena pinta, encarado al mar.
Split. Dentro del palacio de Diocleciano.
Al
desembarcar en Split, fuimos directos al albergue, luego a comprar algo en el
supermercado para cenar, y finalmente a ver, de noche, la zona del palacio de
Diocleciano, emperador romano de origen dálmata, que lo hizo construir para
retirarse allí tras abdicar, a partir del año 305.
Había
fiesta cerca, un escenario en una plaza fuera del palacio y, al terminar, hacia
las 2 de la madrugada, nos encaminamos hacia los pubs de la playa, donde
estuvimos hasta casi las 4.
SÁBADO
20
Hostel Adria.
Por
la mañana quise ir hasta la playa de Brela, que nos quedaba unos 20 km al sur,
pero no conseguimos llegar debido a un atasco, así que regresamos para comer y
bañarnos en el albergue, y fue magnífico (a las fotos me remito). Web del hostel
El albergue
está dividido en dos casas, una a cada lado de la carretera. Dormíamos en la
que daba a la falda de la montaña, pero la zona social, donde cocinar y comer,
estaba en la otra. La terraza daba al embarcadero. Un lugar espectacular.
Estuvimos charlando con gente de Canadá, Dinamarca, Australia, Holanda e
Inglaterra, y hacia las tres de la tarde decidimos irnos a Split.
Pasamos
la tarde viendo el palacio de Diocleciano. Hay un mercado subterráneo en el
sótano, catacumbas o como se llame ese espacio, muy bonito.
En día y medio no
supimos encontrar tiempo para visitar la galería del escultor Iván Mestrovic,
que valdría la pena, seguro. También llegamos demasiado tarde para entrar a la
catedral y subir a la torre del campanario. Tenía la sensación de que se me
iban quedando cosas importantes por hacer, aunque no parábamos, y no iba a dar
tiempo a recorrer, ni mucho menos, toda la costa del país.
Tras
cenar y dar algunas vueltas más por el enorme palacio, salimos a la plaza
cercana donde volvía a haber fiesta. La noche anterior sonaba música
electrónica y ahora ritmos latinos. Salsa y cosas así. Coincidimos por allí con
la gente que habíamos conocido en el albergue, un grupo de unos 15, compramos
bebidas, y pasamos las siguientes horas allí hasta que terminó la fiesta, hacia
las 2. Entonces cogimos el autobús para regresar al albergue, aunque nadie
recordaba el nombre de Bajnice, para decirle al conductor a dónde íbamos. Al
llegar, me quedé media hora charlando a la entrada del albergue con uno de los
canadienses, mientras algunos iban a darse un baño al mar, que a esas horas
debía estar bastante fresco. Pero siempre es bonito nadar algo borracho de noche.
Sayag jazz Machine - Ali goes on! (Anachromic, 2004)
DOMINGO
21
Trogir.
Me
supo a poco tiempo el disponible en Split. Hubiera venido bien permanecer allí un
día más, pero aún quedaba mucho por recorrer. Tocaba cambiar de lugar. Comimos
en Trogir, otro hermoso pueblo de mármol blanco.
Trogir.
Luego paramos a bañarnos en la
playa del camping de Primosten, demasiado familiar para mi gusto. Realizamos
una visita rápida a Sibenik, donde quizá estuvimos menos de una hora, llegando
a subir hasta el jardincillo botánico. Y hacia las diez de la noche llegábamos
a Zadar, donde acabaríamos pasando las tres últimas noches. Buscamos albergue y
luego visitamos la ciudadela. Había mucha música por las calles. Me pareció la
ciudad con mejor ambientillo del viaje, aunque las más bonitas fueron Mostar y
Dubrovnik.
Sibenik.
Delorean - Deli (Ayrton Senna, 2009). Aunque no lo parezca en absoluto, es un grupo español.
Entrando en el parque natural de Plitvice.
LUNES
22
De
buena mañana salimos hacia Plitvice, donde pasamos el día. Nuestro fallo fue no
haber cargado apenas comida. El parque natural es enoooorme. Muchos lagos e
infinidad de saltos de agua, y las rutas marcadas en los mapas no quedan muy
descifrables. Hacia la mitad del recorrido hay puestos de comida, pero lo
pensamos cuando llevábamos media hora haciendo cola para el barco que te lleva
a la otra parte del lago. Creo que la excursión nos llevó unas siete horas,
arribando ya de noche y muertos de hambre a un excelente restaurante situado a
la entrada del inmenso aparcamiento.
Me
ha costado seleccionar únicamente 14 fotos de Plitvice. El agua tiene un color espesiá, toda la gama de azules va
presentándose, a lo largo del día, con los cambios de luminosidad y profundidad,
y toda esa masa boscosa, troncos cargados de musgo entre un suelo de hojas
coloradas, prácticamente me sacó la espina de no haber podido visitar todavía, algún
otoño, Gorbeia o la selva de Irati. Caminas muchísimo sobre pasarelas de madera
entre pequeños lagos, rondando cataratas.
Mi yo preferido, el del modo viaje.
Fue
el único día que salió nublado.
A
diferencia de Kravice y Krka, en Plitvice no es posible bañarse, pero es mucho
más espectacular que aquéllos otros lugares. Es lo más imprescindible de
Croacia. El mayor conjunto de lagos y cascadas de Europa.
Por
la noche, algo cansados, dimos una vuelta por Zadar, porque estaba empeñado en
ver/escuchar el “órgano del mar”. Una serie de orificios en la piedra del
muelle por donde se infiltra y suena el aire impulsado por las olas. Resulta curioso y algo repetitivo.
A pocos metros, un gran círculo en el suelo emite luces de colores cambiantes
que van formando distintos dibujos de un modo aparentemente aleatorio. Me hubiera gustado ver
allí una puesta de sol, pero no pudo ser.
K's Choice - Not an addict (Paradise in me, 1995), una canción que yo tenía injustamente olvidada, y Miquel llevaba en su playlist para el coche.
MARTES
23
Zadar desde el campanario. Eso de delante es la iglesia prerrománica.
Por
la mañana estuvimos visitando la ciudadela de Zadar. Subí a la torre del
campanario, desde donde me encantaron las vistas, y entré en la iglesia prerrománica
del siglo IX. Grandilla, algo vacía, pero siempre reviste cierta emoción entrar en
un edificio tan antiguo. Le tengo unas ganas inmensas a Santa Sofía, de
Estambul.
Zadar.
Luego
fuimos a ver las playas de Nin, donde había mucha gente practicando kitesurf,
y decidimos ir a la isla de Pag, unida al continente por un puente corto.
Pag.
En una de las discotecas de Zrce Beach.
Miquel
había oído algo de un festival de música electrónica en la playa. Comimos en la
isla y buscamos la Zrce Beach. Era el Sonus Festival. Dijo Miquel que esto sí
que era “rollo Ibiza”. Había un montón de discotecas junto al mar, y un parking
grande tras ellas. En algunas, no se pagaba entrada, así que no hice más gasto
que el de unas alitas de pollo rebozadas para cenar en un puesto de comida
rápida. No era exactamente mi ambiente, y ese día conducía yo, pero logré
aguantar bien nueve horas. Hacia las cuatro de la madrugada regresamos a Zadar,
y tuve algún momento de verme en la necesidad de detener el coche porque se me cerraban los
ojos. En la emisora local sonó Stairway to heaven, que siempre es especial,
pero más cuando conduces de noche por otro país.
MIÉRCOLES
24
El lugar era precioso, pero realmente necesitaba un hospital a pocos metros. No creo que haya menos de 50 turistas accidentados cada verano.
A
las siete y media de la tarde debíamos estar en el aeropuerto, así que a la una
fuimos a una playa cercana a la ciudadela. Más que playa, era como un muelle
con un parque detrás. Hicimos algo de yoga y fui a bañarme. La piedra mojada estaba
peligrosamente resbaladiza. Caí al suelo, con suerte de no hacerme daño. Luego,
Miquel no tuvo esa suerte. Oí que me llamaba y vi a un hombre sosteniéndole la
cabeza ensangrentada. Llegamos hasta el puesto del socorrista, y nos informaron
de que lo mejor era ir caminando al hospital, que se encontraba a 100 metros.
Cogí las cosas y nos encaminamos hacia allá. Le recibieron en urgencias y ya no
supe nada en las siguientes 3 horas. Temía que perdiésemos el avión o que
tuviese algo grave. A las cinco apareció con grapas en la cabeza y fuimos a
comer a un bar cercano, cara al mar. En la sala de espera quedó, entre otros,
una anciana que ya estaba allí cuando llegamos. Da lástima que alguien tenga que pasar tantas horas en una sala de espera, especialmente gente mayor y niños. Me daba algo de vergüenza al pensar que, quizá, los turistas tuviésemos preferencia. Esta gente pasó una guerra hace nada. Han sufrido algo inimaginable para nosotros. Aunque nadie me miró mal ni nada, me sentía un poco el pijo del lugar. Raramente un trabajador croata con un sueldo medio podrá viajar a otro país, actualmente. Creo que son 350 o 400 euros mensuales.
En
el avión, volví a tener problemas con los oídos. Un dolor, como si los tímpanos
quisieran estallar, que ya me había sucedido 11 años atrás, llegando a
Budapest. Entre ambos momentos, he estado en otros 8 aviones sin problema.
Pasadas
las doce de la noche conseguimos encontrar la salida del aeropuerto de
Barcelona.
No
estábamos para conducir hasta casa, y Miquel no podía dormir en cualquier lugar
con la cabeza herida. Era muy tarde para encontrar una pensión, o un albergue u
hotel. Buscamos en Tarragona y Salou durante un par de horas, y al final
pudimos quedarnos en un auténtico cuchitril por 50 euros. No había otra.
The War On Drugs - Under the pressure (Lost in the dream, 2014).
El
JUEVES 25, por la tarde, llegamos a casa.
Antes
de un viaje, necesito ver cientos de fotos, leer decenas de páginas de blogs y quizá repasar alguna guía impresa, para decidir cuáles son los lugares imprescindibles,
los medianamente importantes, y los prescindibles, contrastando un montón de
opiniones. Me encanta planificar los viajes. Miquel funciona al revés. Prefiere
decidir el próximo destino en base a las recomendaciones de la gente in situ.
Tiende a hablar con todo el mundo, y su norma es ir al lugar que te hayan
recomendado “al menos dos personas distintas”. Dice que lo más importante de un
viaje no son los lugares, sino la gente y la comida. Ahí diferimos bastante.
Pero no llegamos a discutir.
Lo
malo de planificar mucho, es que hay demasiadas cosas que ver, y siempre te
quedará la comezón de no haber llegado a ir a tal o cual sitio. Nunca un viaje
te queda completo y perfecto, aunque, objetivamente, has visto más que si no lo
hubieras planificado. ¿Hasta qué punto es mejor no esquematizar, y tomártelo
con más calma? El de Croacia y Bosnia es mi viaje más completo. Hubo fiestas, 4
islas, parques naturales con cataratas y lagos, ciudades bonitas, mucha playa…
y, sin embargo, sigo recordando como mi mejor viaje el primer tramo del Camino
de Santiago, porque es donde mejor lo he pasado.
Aunque
a veces no comíamos en bares, sino de lo que comprábamos en supermercados, y no
gasté más de 8 euros en souvenires, entre pitos y flautas, aviones, alquiler de
coche y bici, ferrys, entrada a murallas, parques naturales, templos,
alojamientos, comidas, gasolina, peajes, etc… gasté alrededor de 1.600 euros, mi viaje más caro
hasta ahora. Cuesta explicártelo a ti mismo, contando con que son países menos
caros que España, pero el caso es que son 12-13 días haciendo mil cosas en plena
temporada alta. Y el alojamiento era generalmente más caro de lo que esperaba.
Se
nos quedaron lugares por ver. Pensaba haber ido a Pula y Zagreb. Molaría haber
visto otras islas como Korkula, Brac (playa de Zlani Rat), Vis, Bisevo (gruta
azul), Solta… hacer kayak en Krka, y visitar poblaciones como Makarska, Rovijn,
Samobor, Varazdin, Rijeka… Pero bueno, algún día he de ver Eslovenia, que es
más peque, y podré acercarme, al menos, al norte de Croacia.