Madariaga había conocido días tristes de guerra y violencias. Se
acordaba de los últimos años de la tiranía de Rosas, presenciados por él al
llegar al país. Enumeraba las diversas revoluciones nacionales y provinciales
en las que había tomado parte, por no ser menos que sus vecinos, y a las que
designaba con el título de “puebladas”. Pero todo esto había desaparecido y no
volvería a repetirse. Los tiempos eran de paz, de trabajo y abundancia.
-Fíjate, gabacho –decía, espantando con los chorros de humo de su
cigarro a los mosquitos que volteaban en torno de él-. Yo soy español, tú
francés, Karl es alemán, mis niñas argentinas, el cocinero ruso, su ayudante
griego, el peón de cuadra inglés, las chinas
de la cocina, unas son del país, otras gallegas o italianas, y entre los peones
los hay de todas castas y leyes… ¡Y todos vivimos en paz! En Europa tal vez nos
habríamos golpeado a estas horas; pero aquí todos amigos.
Y se deleitaba escuchando las músicas de los trabajadores: lamentos de
canciones italianas con acompañamiento de acordeón, guitarreos españoles y
criollos apoyando a unas voces bravías que cantaban el amor y la muerte.
-Esto es el arca de Noé –afirmó el estanciero.
Quería decir la torre de Babel, según pensó Desnoyers, pero para el
viejo era lo mismo.
-Yo creo –continuó- que vivimos así porque en esta parte del mundo no
hay reyes y los ejércitos son pocos, y los hombres sólo piensan en pasarlo lo
mejor posible gracias a su trabajo. Pero también creo que vivimos en paz porque
hay abundancia y a todos les llega su parte… ¡La que se armaría si las raciones
fuesen menos que las personas!
Volvió a quedar en reflexivo silencio, para añadir poco después:
-Sea por lo que sea, hay que reconocer que aquí se vive más tranquilo
que en el otro mundo. Los hombres se aprecian por lo que valen y se juntan sin
pensar en si proceden de una tierra o de otra. Los mozos no van en rebaño a
matar a otros mozos que no conocen, y cuyo delito es haber nacido en el pueblo
de enferente… El hombre es una mala bestia en todas partes, lo reconozco; pero
aquí come, tiene tierra de sobra para tenderse, y es bueno, con la bondad de un
perro harto. Allá son demasiados, viven en montón, estorbándose unos a otros,
la pitanza es escasa, y se vuelven rabiosos con facilidad. ¡Viva la paz,
gabacho, y la existencia tranquila! Donde uno se encuentre bien y no corra el
peligro de que lo maten por cosas que no entiende, allí está su verdadera
tierra.
Arzur
realizó buenas fotos. Aquí parecemos un cuadro de La Tour o de Caravaggio. Yo no
me aclaraba con el ukelele, demasiado torpe aunque, tal como estaba afinado, sus cuatro cuerdas se correspondían con las cuerdas más
graves de la guitarra: Mi, La, Re y Sol.
Pese a lo
muy tradicional que esta hermosa celebración es en las playas alicantinas, el
día siguiente sigue sin ser festivo, así que para quienes trabajan puede
resultar imposible celebrarla. Para mí era solamente la tercera vez, y eso que vivo
a una hora del mar.
Se trata de
(la versión actual de) una antigua fiesta pagana. Emborracharse, nadar, cenar y
encender hogueras en la playa durante la noche más corta del año, saltar sobre
ellas, y saltar siete olas cuando den las doce de la noche…
Motivos:
parece que se quería dar aliento, fuerza, ánimo, al Sol, que durante el próximo
medio año irá perdiendo presencia cada día. También hay quien lo ve como un
ritual de purificación personal.
Sea como
sea, no me extraña que las religiones saquen tanto provecho del poder de
convicción del fuego. Del ambiente ritual que se vive alrededor de una llama en
la oscuridad. El hechizo es potente.
Me gusta
sentirme mediterráneo, meterme en sus templadas aguas y saberme relacionado con
su mezcla de civilizaciones históricas, pensar que en otros extremos de este
mar estuvieron los antiguos griegos, fenicios, hititas, etruscos, egipcios… que
ahí enfrente sigue habiendo lugares estimulantes que todavía no he visitado,
como Estambul, Guizá, Roma, Dubrovnik, Creta, Ljubliana, Menorca… que nuestras
lenguas, castellano y catalán-valenciano, tienen bastante de árabe, de griego,
de latín…
Nosotros,
en esta ocasión, fuimos pocos, comparado con los dos años precedentes. Siete.
Elegimos la cala Bol Nou, en La
Vila Joiosa, muy hermosa y poco concurrida. Debía haber unas
veinte o veinticinco hogueras, en grupos bastante separados unos de otros.
Recuerdo
que el año pasado nadé un buen rato hacia la una, y al salir no me sequé, pues
no tenía nada de frío, quizá debido al alcohol. En cambio, esta vez, estaba el
tiempo menos claro, y al meternos en el agua, hacia las nueve, tuve algo de
frío. Incluso tiritaba.
Pobres de
los antiguos, que en fiestas así no tenían un móvil con toda la excelente
música que puso Arzur, ni cámaras de fotos para inmortalizar momentos así. Ni
pistas y balones, ni internet, ni condones, ni… pobre gente, vaya vida. Todo trabajar y
respetar absurdas normas morales.
Desde la
playa contigua (el Paradís) se elevaban sobre el mar esos pequeños globos-vela
encendida. Luego se vieron más allá fuegos artificiales. De Benidorm, supongo.
Terminamos
pronto, hacia las dos. Luego fuimos a acostarnos al apartamento de los padres
de Raúl, en la parte más al sur de Benidorm, junto a a la cala Finestrat, donde
tenía lugar una fiesta muy multitudinaria. Me duché y salí a ver el ambiente,
mientras mis amigos dormían. La gran cala estaba hecha un horrible vertedero.
Todavía quedaba muchísima gente joven. Algunos habían llevado su basura a los
cubos, que en su mayoría se mostraban abarrotados, y aun así, en cada metro
cuadrado de playa veía bolsas y botellas tiradas. Incontables residuos. Incluso
en alguna parte del agua flotaban envases. Me vino a la cabeza el Pacific
Garbage Patch. Muy triste. Y la pregunta en la contraportada de “La despedida”
de Kundera: ¿Merece el hombre vivir en este mundo?
Al
terminar un Kebap y el vaso de martini con naranja, caminé cuesta arriba y
cuesta abajo para pasar a la extensa playa de Poniente, donde apenas se veía un
alma, y anduve cerca de una hora por el paseo, junto a la playa. Me acosté un
rato boca arriba sobre un montón de tumbonas, y con las primeras gotas de
lluvia decidí volver al apartamento. Llovió bastante fuerte durante un cuarto
de hora, justo cuando caminaba por donde los bajos de los edificios ofrecen una
especie de camino bajo techo sobre la acera. Cuando llegué al apartamento, ya
no llovía nada, y estuve tentado de bañarme en la piscina. Me frenó el cartel
de “Por la noche se vierten productos tóxicos”.
Dormí una
hora, y volvimos a Muro, adonde llegamos lloviendo nuevamente. Menos mal que a
estas alturas del año ya no constipa. Solamente moja y molesta un poco. Nuestras odiseas son suaves y cortas.
La República Checa es un pequeño y hermosísimo país
que casi siempre se encuentra ocupado y secuestrado por alguna superpotencia
cercana, ya sea el imperio Austro-Húngaro, la Alemania nazi o la Rusia comunista.
Smetana,
máximo representante del nacionalismo checo, es uno de sus compositores más
reconocidos internacionalmente, como Dvorak, Mahler, y Janácek.
Má vlast
(Mi patria) es un conjunto de 6 poemas sinfónicos, entre los cuales destaca el
segundo (I Vltava / El Moldava), compuesto en 1874 y dedicado al río que
atraviesa el país y su capital, Praga.
El autor
ya estaba completamente sordo cuando compuso estas piezas.
“La
composición describe el curso del Moldava: el nacimiento en dos pequeños
manantiales, el Moldava Frío y el Moldava Caliente, su unión, el
discurrir a través de bosques y pastizales, a través de paisajes donde se
celebra una boda campesina, la danza de las náyades a la luz de la
luna; en las cercanías del río se alzan castillos orgullosos, palacios y
ruinas. El Moldava se precipita en los Rápidos de San Juan, y después se
ensancha de nuevo y fluye apacible hacia Praga, pasa ante el castillo
Vyšehrad, y se desvanece majestuosamente en la distancia, desembocando en
el Elba.”
(Smetana)
“El tema
inicial, que representa los dos manantiales en que nace el Moldava, es
interpretado con flauta. Más adelante se puede oír la sección
de metales representando los sonidos de los cuernos de caza en un
bosque, una polka que
representa la danza de la boda campesina y las cuerdas representando
la danza de las ninfas acuáticas.
Los címbalos y timbales representan los rápidos de San
Juan.” (Wikipedia)
En 2005
tuve el placer de recorrer en autobús los 550 km que separan Budapest
y Praga. Es impresionante el contraste paisajístico entre los dos países que
formaban la vieja Checoslovaquia. Al menos en las zonas atravesadas por la
carretera que transitamos. Eslovaquia era muy llana y poco arbolada, como la Mancha pero en verde.
En cambio, nada más entrar en la República Checa empiezas a estar rodeado de
montañas y densos bosques que anidan pueblecitos idílicos.
Yo
entonces todavía no había leído a Milan Kundera, quien tuvo que emigrar a París
porque el régimen ruso había prohibido sus libros. El régimen cayó
prácticamente a la par con el muro de Berlín, en 1989, pero hasta 2006 no
volvió a estar permitida allí la edición de sus libros. Se hablaba
orgullosamente sobre Kafka y Jan Neruda, escritores anteriores a la invasión
rusa, pero Kundera y otros más actuales no existían.
Y nosotros
creíamos estar visitando un país de lo más moderno y libre, seguramente del
mismo modo en que casi todos los españoles hemos creído durante años vivir en
democracia.
Os dejo también
aquí otra versión, debido al vídeo, pero la que estoy acostumbrado a escuchar y
me encanta es la de Karajan, arriba.
De enero a noviembre leí El señor de las moscas (William Golding, 1954), El curioso incidente del perro a medianoche
(Mark Haddon, 2004), ElDorado
(Sánchez Dragó, 1961), Poeta en Nueva
York (Federico García Lorca, 1930), El
libro de la risa y el olvido (Milan Kundera, 1978), Sin destino (Imre Kertész, 1975), Anna Karénina (Lev Tolstói, 1877) y La máquina de follar (Charles Bukowski, 1972).
El de Haddon y el de Kundera son absolutamente geniales.
Impredecibles y amenos, y narrados con verdadero talento.
El de Golding no está escrito con un estilo virtuoso, pero
tiene uno de los finales más trepidantes que conozco. Me pareció comparable a El guardián entre el centeno:
Agradable, ameno, aunque sin clase, sin una gran calidad narrativa.
El de Sánchez Dragó me sorprendió. Me encantó, algo que no
esperaba, por ser su autor un personaje televisivo tan políticamente ambiguo.
El de Bukowski es de cuentos. Los hay muy buenos,
principalmente hacia la segunda mitad del libro: “Notas sobre la peste”,
“Animales hasta en la sopa”, “Un mal viaje”, “El gran juego de la yerba” y “Una
conversación tranquila”.
El de Kertész es interesante. Ubicado en campos de
concentración nazis, experiencia que sufrió el autor. Su protagonista es un adolescente húngaro judío.
Sobre el de Lorca no puedo decir gran cosa. Me cuesta
entender la poesía.
En noviembre terminé de leer Anna Karénina. Su calidad es enorme, pero se hace pesado por la
extensión, semejante a la del Quijote
o el Tristram Shandy, y aproximadamente
el doble de largo que Crimen y castigo,
Rayuela, Rojo y negro, Los versos
satánicos o Cien años de soledad.
También conseguí arrastradamente terminar Las flores del mal (Charles Baudelaire,
1857). Lo dicho, la poesía no es para mí.
Dejé a medias Los
subterráneos (Jack Kerouak, 1958). Una novela sin pausas, sin punto y aparte,
como ese colega plasta que no deja de hablar ni para respirar.
Entre noviembre y marzo tuve la suerte y el acierto de
elegir muy bien lo que iba a leer. Fueron 8 novelas extraordinarias: Jacques el Fatalista (Denis Diderot,
1773), Rebelión en la granja (George
Orwell, 1943), De ratones y hombres
(John Steinbeck, 1937), Cristo de nuevo
crucificado (Nikos Kazantzakis, 1948), La
nada cotidiana (Zoé Valdés, 1995), Novela
de ajedrez (Stefan Zweig, 1942), Beatriz
y los cuerpos celestes (Lucía Etxebarria, 1998) y Una cuestión personal (Kenzaburo Oé, 1964).
El de Diderot es la mejor lectura de mi vida.
El de Orwell parece un símil animal de la revolución cubana.
“Napoleón” es Castro y “Bola de nieve” es el Che. Luego caes en que se escribió
quince o veinte años antes. Es de las novelas que van a más y terminan a un
enorme nivel.
El de Steinbeck es corto, ameno, y tiene fama de contener uno de
esos finales míticos. Yo añadiría que atención al personaje secundario Slim. Me
impresionó esa caracterización.
El de Kazantzakis tiene el principio más intenso que
conozco. Los primeros cuatro capítulos te pueden llegar a hacer llorar. Un
pueblo griego ocupado por los turcos, los papeles para la representación de la
pascua asignados entre sus ciudadanos, y un dilema moral, ayudar o no a la
muchedumbre que llega huyendo de otra zona arrasada por los turcos.
El de Zoé Valdés, pasado un primer capítulo espeso, es un
magnífico retrato de la vida en Cuba. Atención a los capítulos 6 (La Gusana), 7 (El Lince) y 8
(Las noches del Nihilista), uno de los mejores relatos eróticos que conozco.
El de Zweig es corto. Se lee en una tarde. Durante un viaje
en barco, al antipático campeón mundial de ajedrez le sale un misterioso
contrincante de altísimo nivel, que ha estado preso de los nazis.
El de Lucía Etxebarria es el drama de una chica bisexual, su
relación con amistades, familia, y el mundo de las drogas, contada intercalando
dos épocas distintas de su juventud. Muy bien escrito y con una trama intensa.
Parece autobiográfico, supongo que lo es en parte.
El de Kenzaburo Oé trata un tema vivido por su autor: el
nacimiento de un hijo con graves malformaciones, y la ineludible obligación de
decidir si se le mantiene con vida o no.
Los mejores libros del año fueron estos 8 más el de Haddon, el
de Kundera y el de Sánchez Dragó. Aunque, valorando la calidad pura, y olvidando que llega a aburrir por extenso,
el mejor es el de Tolstói, claro.
Desde marzo hasta ahora, no he tenido esa suerte y acierto.
He empezado dos libros que se me han hecho pesados, espesos, ariscos,
farragosos: Demasiada felicidad (Alice
Munro, 2009) y Bajo el volcán (Malcolm
Lowry, 1948), y otro que, al principio, me resultó lento y de escaso interés, y ha terminado siendo brutal: Pequeño teatro (Ana
María Matute, 1943).
El de Matute fue escrito a sus 17 años, y
aun así es con diferencia el mejor de los tres. Las primeras cien páginas, aproximadamente
un tercio de la novela, son lentas y de escaso interés. Después mejora radicalmente.
Se nota un cambio muy considerable en su fluidez. De golpe, se vuelve
entretenida e interesante, y ya va aumentando gradualmente su intensidad. Al
llegar a unos dos tercios de la obra, ya me tenía totalmente enganchado y me
parecía muy buena. El último tercio es genial, muestra de un talento
estratosférico, con personajes profundamente creíbles y un ritmo altísimo. Parece
que la autora va creciendo, eclosionando como narradora, en paralelo al
desarrollo de la obra.
Una canción que me ha parecido encajar, sintonizar especialmente
con lo que cuenta la joven Matute, es Games (The Strokes, disco: Angles, 2011).
El de Lowry empieza ya de mal rollo, con un largo prólogo
para rebatir las críticas recibidas, alegando simbolismos, seguido de un primer
capítulo ilegible e interminable, donde al final de cada página no se sabe qué
ha sucedido en ella. Espero que mejore cuando consiga rebasar ese primer
capítulo.
El de Munro es de cuentos. Se enrolla demasiado, alargando
excesivamente las historias. Es muy descriptiva, algo que no criticaría si la
acción se saliese un poco más de lo rutinario y normal. Cada cuento alterna
momentos entretenidos con momentos soporíferos, como si mi abuela se empeñase
en contarme el árbol genealógico de los vecinos. Se la suele comparar con Chéjov,
así que he vuelto a coger el libro de cuentos del ruso, y creo que exageran
bastante quienes les comparan. Chéjov es más fluido que Munro. Si la novela de
Matute pecaba de precocidad, el libro de Munro parece pecar de senilidad, la
misma sensación que me produjo el Viaje
al oriente de Hesse (1933).
También, por insistencia de un gran amigo, leí parte de El Secreto (Rhonda Byrne), uno de esos
camelos espiritualoides repetitivos, con tapas antimisiles y aspecto opulento
(para disimular la ausencia de contenido).
La prioridad por leer novelas me ha hecho llevar poco a poco
el genial Sobre el olvidado siglo XX,
del historiador político Tony Judt, año 2006. En cuanto empiezo algún capítulo,
es imposible dejarlo hasta que concluye. Judt es el autor del imprescindible Algo va mal (2009).
Asimismo, poco a poco, voy leyendo Tierra
de saqueo (Sergi Castillo, 2013), la interesantísima obra periodística que
desgrana toda la historia conocida de la trama Gürtel. Mis próximas lecturas van a ser Pedro Páramo (Juan Rulfo, 1955) y Tierra desacostumbrada (Jumpha Lahiri, 2008).
El "Con faldas y a lo
loco" de la literatura. Año 1773. Posiblemente, entre las novelas de mayor
calidad de todos los tiempos, la más alegre y amena.
Si os gustó "Cándido" de Voltaire, debéis leer Jacques porque es
simultáneamente más divertida y más realista.
Si os gustaron (o no) "Don Quijote" y "Tristram Shandy",
Jacques es mucho menos densa y mucho más breve.
Un
libro impredecible, intenso, lleno de historias brillantemente enrevesadas, que consigue ser leído sin la más mínima impaciencia por
conocer el final, con la atención irrevocablemente anclada en la página que
está siendo transitada en cada momento, disfrutando de su buen humor.
Sus personajes no son tan frikis como Don Quijote y Sancho, sino mucho más identificables con nosotros, con nuestros comportamientos. Un amo cuyo entretenimiento preferido durante el viaje consiste en escuchar la historia de los amores y desvirgamientos de su vasallo, entre otras historias contadas por demás personajes, que se van interrumpiendo unas a otras y reanudando más tarde. Y un sirviente cuyos principales vicios son el vino, las mujeres y hablar. Para tratarse de una obra escrita hace alrededor de 240 años, y anterior a la revolución francesa, ¿No es curioso que sus principales personajes sean no creyentes? Siempre pienso que lo más complicado a la hora de escribir una novela deben ser los diálogos. Aquí no hay aventuras demasiado trepidantes. Las amenas conversaciones llenan casi por completo el libro. Casi todas las tramas están dentro de narraciones de unos personajes a otros. Entre el amo y el sirviente, o por parte de la gente que encuentran en un albergue. Así que el tono general de la novela es de buen rollo y una impresionante minimización de las resoluciones violentas en los conflictos, escuchados o protagonizados por el determinista y listo Jacques, y su amo, más racional aunque menos espabilado. Puedo garantizar que nadie se aburrirá con ésto: mi "peor libro del mundo" es "La náusea" de Sartre. .........................
"¿Cómo se conocieron?
Por casualidad, como todo el mundo. ¿Cómo se llamaban? ¿Qué os importa? ¿De
dónde venían? Del lugar más cercano. ¿Adónde iban? ¿Sabemos acaso dónde vamos?
¿Qué decían? El amo no decía nada; y Jacques decía que su capitán decía que todo
cuanto de bueno y de malo nos acontece aquí abajo, escrito estaba allí
arriba." ..........................
«La
primera novela absolutamente moderna se publicó en 1796. La escribió Denis
Diderot y su título es Jacques el fatalista. Léase.» (José Saramago)
«Se
puede prescindir del Diderot dramaturgo; se puede, en rigor, comprender la
historia de la filosofía sin conocer los ensayos del gran enciclopedista; pero
la historia de la novela permanecería incomprendida e incompleta sin Jacques el
fatalista. » (Milan Kundera) .........................
En el magnífico prólogo a su versión teatral de
“Jacques el Fatalista”, Milan Kundera empieza hablando de sus vivencias en los
días iniciales de la invasión rusa de Checoslovaquia en 1968, de cómo sus
libros quedaron prohibidos, y sigue analizando las similitudes y diferencias
entre “Tristram shandy” y “Jacques el fatalista”. Reproduzco algunos de esos
párrafos:
Oigo decir con frecuencia que la novela ha
agotado ya todas sus posibilidades. Tengo la impresión contraria: durante los
cuatrocientos años de su historia, la novela falló en muchas de sus
posibilidades: desaprovechó muchas grandes ocasiones, olvidó caminos y
desatendió llamamientos.
Tristram Shandy de Laurence Sterne es uno de
esos grandes impulsos perdidos. La historia de la novela ha explotado hasta el
final el ejemplo de Samuel Richardson, quien, en la forma de “novela por
cartas” descubrió las posibilidades psicológicas del arte novelesco. Por el
contrario, prestó muy poca atención a la perspectiva contenida en la empresa de
Sterne.
Sterne descubrió las inmensas posibilidades
lúdicas de la novela y abrió así una nueva vía en la evolución de ésta. Pero
nadie oyó su “invitación al viaje”. Nadie lo siguió. Nadie, salvo Diderot.
Sólo él fue sensible a ese llamamiento de lo
nuevo. Y sería absurdo menospreciar por ello su originalidad. Nadie le
cuestiona su originalidad a un Rousseau, a un Laclos, a un Goethe, con el
pretexto de que debían mucho (ellos y toda la evolución de la novela) al viejo
e ingenuo Richardson. Si el parecido entre Sterne y Diderot sorprende tanto, es
que su empresa común permaneció, en toda la historia de la novela, totalmente
aislada.
Las diferencias entre Tristram Shandy y Jacques
el Fatalista no son, por otra parte, menos importantes que las similitudes.
Hay ante todo una diferencia de temperamento:
Sterne es lento; su método es el de la desaceleración; su óptica es el
microscopio (sabe detener el tiempo y aislar un único segundo de la vida, como
lo hará más tarde James Joyce).
Diderot es rápido; su método es el de la
aceleración, su óptica es el telescopio (no conozco principio más fascinante
para una novela que las primeras páginas de Jacques el Fatalista: el virtuoso
cambio de registros; el sentido del ritmo, el prestissimo de las primeras
frases).
Hay además una diferencia de espíritu: el libro
del vicario Sterne es un compromiso entre el espíritu libertino y el espíritu
sentimental, es un recuerdo nostálgico de la alegría rabelaisiana en la
antecámara púdica de la época victoriana.
La novela de Diderot es una exposición de
impertinente libertad sin autocensura y de erotismo sin coartada sentimental.
“Jacques
el Fatalista es una novela audaz por los experimentos que presenta
en su técnica narrativa, y muy compleja en el sentido filosófico que
desarrolla. Habría que añadir también que la obra expresa una crítica social y
religiosa que no hemos considerado aquí, pero de la cual seguramente ya existen
estudios bien documentados.” "La
novela también posee una connotación ecléctica que le permite romper con la
estructura clásica de la narrativa; Diderot mezcló en su obra al menos cinco
formas distintas de escritura: en primer lugar, la típica del relato
caballeresco, no sólo debido a su remembranza de las figuras de Don
Quijote, sino a todos los episodios que involucran duelos, códigos de honor,
etcétera; luego, tenemos un uso de la técnica de las tramas múltiples –como
propone llamarla Pavel-, esto es, el engarce de muchas historias entrecruzadas
a pesar de pertenecer a diferentes tiempos narrativos; en tercer lugar,
hablamos de un estilo folletinesco, muy propio de los relatos burgueses,
cargados de galanterías e intrigas de salón (base de lo que profundizaría
después Honoré de Balzac);
también hallamos una estética de lo vivencial, o sea, una recuperación de las
impresiones del instante, tal vez inspirada en el Richardson que tanto admiraba
Diderot y; por último, cierto encuadre de los modelos dramáticos, pues, en la
novela, prácticamente toda la parte narrativa se construye con base en diálogos
(inclusive, con nombre a inicio de línea, como ocurre en las obras teatrales)."
Ya que se trata de un tema muy liante, me estoy
confeccionando un breve resumen cronológico de
las creencias religiosas de la
India y sus principales conceptos.
En el transcurso de unos 3.500 años, y entre un puñado de
religiones con algunas ideas en común y compartiendo algunos protagonistas, las
cosas se mezclan y confunden bastante. A ver si me aclaro:
Cultura del Valle del
Indo en la Edad
del bronce: La civilización del valle del Indo puede competir en antigüedad
y esplendor con las de Sumer y Egipto. Entre el 3.300 y el 2.750 antes de
Cristo (encuentro cifras contradictorias) este área fue ocupada, en una serie
de invasiones, por tribus de origen desconocido (si bien algunos piensan que
procedían de Mesopotamia y del Irán), pero que pertenecían al grupo
indoeuropeo, en lo que a la lengua se refiere.
Los primeros grupos se establecieron al oeste del Indo y
después en el mismo valle del Indo donde fundaron los grandes centros
de Harappa y de Mohenjo-Daro, que tuvieron su máximo esplendor
entre 2.600 y 1.900 a.C.
Yoga: tradicional
disciplina física y mental, relacionada con la meditación en el hinduismo,
budismo y jainismo.
No se sabe cuándo se empezó a practicar, aunque se cree que
ya existía en la cultura de Mohenjo-Daro, anteriormente a la época védica.
Inmigración de los
arios: Tribus de lengua indoeuropea provenientes del noroeste (Arios)
luchan con los autóctonos (Drávidas) y se establecen en el Valle del Indo hacia
la mitad del II milenio a.C.
Religión védica o vedismo:
Religión de los indoeuropeos residentes en la India hacia la mitat del II milenio a.C. (alrededor del 1.500 a.C.).
Esta religión acabaría derivando en la actual religión hinduista,
e influenciando al resto de religiones actuales de la zona.
Vedas: Los cuatro
textos sagrados de la religión védica, escritos en idioma sánscrito. El más
antiguo de ellos se llama Rig-Veda.
Sus dioses principales son Agní, Indra y Soma (la llamada trinidad
védica). Con el tiempo, Suria fue reemplazando a Soma en esta trinidad.
Otros dioses muy importantes son Mitra, Váruna y Ushás.
En el Rig-Veda ya se mencionan algunos conceptos que aún hoy
en día siguen siendo bastante populares, como Dharma, Mantra, Mandala y Soma.
Dharma:
Responsabilidad de perseguir la máxima realización posible de las potenciales
capacidades con que cada ser humano, animal o divino ha sido dotado por la
existencia.
Tener un buen dharma es tener un buen propósito, una buena
intención de vida.
Las principales religiones actuales de la India (hinduismo, budismo,
jainismo y sufismo) constituyen la familia dhármica, pues todas ellas se basan
en sus principios.
El soma: Bebida
ritual alucinógena. Su composición sigue siendo un misterio. Según los textos
védicos, se preparaba con la savia extraida de los tallos de cierta planta
montañosa. Se piensa que era una de estas plantas: Amanita muscaria, Peganum
Harmala, Marihuana, Loto azul, Ruibarbo salvaje, Miel, Granada, Efedra,
Asclepia ácida.
Mandalas:
Diagramas o representaciones simbólicas del macrocosmos y el microcosmos,
bastante complejas, utilizadas tanto en el hinduismo como en el budismo.
Pintar mandalas es hoy en día una popular técnica de
relajación.
Mantras: Sonidos
(sílabas, palabras, fonemas o grupos de palabras) que, según algunas creencias,
tienen algún poder psicológico o espiritual. Los mantras pueden tener o no
significado literal o sintáctico.
Cada oración o frase recitada repetidamente es un mantra.
En el budismo tibetano se asocia un mantra distinto a cada
aspecto de la iluminación.
Bráhmanas: Textos
complementarios a los Vedas y compuestos entre el 900 y el 500 a.C.
Karma: Una
creencia central común en las doctrinas del budismo, hinduismo, jainismo,
ayyavazhi y espiritismo. Una energía trascendente que se deriva de los actos de
las personas. Se interpreta como una ley cósmica de retribución o de causa y
efecto, basada en los principios morales vigentes.
Según el hinduismo, la reacción es generada por el dios
Iama. Según el budismo y el jainismo, la reacción es generada por las leyes de
la naturaleza.
Se asocia el karma con la reencarnación porque una sola vida
no alcanza para experimentar los efectos de todas las buenas o malas acciones
realizadas.
Nirvana: Estado
de superconciencia que supone el fin de la existencia dominada por el karma.
Liberación tanto del sufrimiento como del ciclo de renacimientos.
En el siglo VI a.C.
(en número, del 600 al 500 a.C.)
aparecen los primeros Upanishads, Buda y el jainismo.
Budismo: Religión
sin dioses, fundada por Buda (560-483
a.C.).
Actualmente es la cuarta religión más popular del mundo, con
aproximadamente 350 millones de seguidores.
Jainismo: Religión
creada por Majavirá (549-477 a.C.),
cuyo principio supremo es la
No-violencia. Se cree en el karma y la
reencarnación. No hay dioses. Hay que ser vegetariano.
Hinduismo:
Religión derivada del Vedismo. Se cree en la existencia de una divinidad
Brahman única, que a veces se identifica con el creador del universo (Brahma),
a veces con su conservador (Visnú) y a veces con su destructor (Shiva).
Actualmente es la tercera religión más popular del mundo,
con cerca de mil millones de seguidores.
Hacia el siglo III a.C. (años 300-200 a.C.) se impone, en el
hinduismo, el culto a la trinidad puránica: Brahma, Visnú y Shiva.
Upanishads: Más de 200 libros sagrados del hinduismo, aparecidos entre el siglo VI a.C. y el siglo XX d.C., y escritos en sánscrito.
Vedanta: Conjunto de las doctrinas contenidas en los Upanishads.
Tantra y Neotantra:
El tantra es una de las tradiciones esotéricas que enseñan a utilizar el deseo
como sendero hacia la realización personal. Es una de las tendencias del
hinduismo actual y la práctica principal del budismo tibetano.
En Occidente, se ha difundido erróneamente el
término tantra como sinónimo de prácticas sexuales que buscan
despertar la energía sexual o kundalini. Esta interpretación
del tantra como refiriéndose exclusivamente a una vía basada en la
unión sexual es lo que se conoce como “neotantra”, “yoga del sexo” o “yoga
sexual”.
Shruti y Smriti:
Los textos sagrados que admite el hinduismo se dividen en 2 tipos. Shruti son
los textos supuestamente revelados por la divinidad (Vedas y Upanishads, entre
otros) y Smriti son los que recogen historias transmitidas por tradición oral
(Mahabaratta, Ramayana, Leyes de Manú, Maja-Puranás, Aiur-Veda, etc…).
Aiur-Veda o Ayurveda:
Antiguo sistema de medicina tradicional. Se compone de tres textos que recogen
las doctrinas médicas del periodo posvédico (después del siglo VII a.C.):
el Súsruta-samitja, escrito por Sushruta entre el siglo IV
a.C. y el siglo III d.C.
el Cháraka-samitja, escrito por Cháraka en el siglo II d.C.
el Astanga-jridaia-samitja, escrito por Vagbhata y posterior
a los otros dos.
Mahabaratta:
Texto épico-mitológico hinduista escrito en el siglo III a.C. Es la segunda
obra literaria más extensa del mundo, tras los Cuentos tibetanos de Gesar, y
unas cuatro veces más largo que la
Biblia y ocho veces más que el conjunto Ilíada-Odisea.
Una parte del Mahabaratta es el famoso Bhagavad Gita.
Ramayana: Texto
épico escrito por Valmiki en el siglo III a.C.
Sutras: Discursos
supuestamente dados por Buda a sus discípulos y transmitidos oralmente durante
varios siglos hasta que se pusieron por escrito.
También algunos textos aforísticos hinduistas se llaman sutras.
Canon Pali o Tipitaka: conjunto de textos budistas referidos al dharma. Formado por los Sutras, Vinaias y Abhidharma, compilados durante un concilio en el año 83 a. C.
Chakras: Según el
hinduismo y algunas culturas de Asia, son centros de energía inmensurable
situados en el cuerpo humano.
Según las doctrinas hinduistas los chakras son seis, pero
según la teosofía y el gnosticismo hay siete.
Las primeras referencias a ellos se remontan a un texto
upanishad del siglo II d.C.
Puranas: Textos
literarios hinduistas, escritos entre el 250 y 500 d.C.).
Kamasutra:
Antiguo texto hindú, escrito por Vatsiaiana entre el 240 y el 550 d.C., que
trata sobre el comportamiento sexual humano.
El Bardo Thodol:
Libro tibetano de los muertos. Es una guía de instrucciones para muertos y
moribundos que, según la creencia del budismo tántrico del Tíbet, permite
alcanzar la iluminación durante el periodo inmediato posterior a la muerte, a
fin de evitar renacer.
Su autoría se atribuye a Padmasambhava en el siglo VIII d.C.
“Bardo” es el estado intermedio entre la muerte y la
posterior reencarnación, y dura 49 días.
Shambala: Mítico
reino escondido entre las montañas del Himalaya, o cerca. Algunas tradiciones
afirman que existe físicamente y otras dicen que es un lugar intangible adonde
se llega tan solo a través de la mente.
La más vieja referencia conocida aparece en el Bhagavata-purana,
escrito alrededor del año 1.000 d.C.
Sergio es
imprudente, supongo que impulsivo. Ni cogió una chaqueta ni una sudadera. Llevaba camiseta de manga corta, sin pensar en el frío que podía hacer en Madrid. Tras
la primera hora de viaje hacia el interior, aunque rayaba el alba, iba
refrescando. Crecía el frío tal como avanzaba el día. Difícil de creer, con lo
cálida que había sido la noche en Alicante y, anteriormente, en Alcoy. Durante
la última parada, a una hora del destino, le hicimos ver que era poco
aconsejable entrar en la capital conduciendo con una camiseta reivindicativa
del Frente cívico y el 15M. Circulaban noticias como “La policía está interceptando
autobuses, identifican a sus ocupantes y les retienen en las afueras”. Le dejé
una camiseta sin mensajes que llevaba en la mochila.
Tras aparcar en la
periférica calle Baleares y haber caminado un kilómetro en busca de la boca de
metro más cercana, noté que no llevaba encima el móvil, y le pedí las llaves
del coche con la intención de regresar a ver si se me había caído allí. Me
confió un llavero enorme del cual colgaban numerosas llaves y un monedero. “No
lo pierdas, que ahí está todo mi dinero”. Le propuse soltar la llave del coche,
pero me respondió que no y tuve que llevármelo así, algo temeroso de ser
atracado por aquellas enmarañadas callejuelas, desorientado y corriendo para no
hacerles perder demasiado tiempo. Nos habíamos conocido siete horas antes, en
Alicante. Me sorprendió tamaña despreocupación. Por no perder un minuto
prefería que me llevase su dinero. Se lo confiaba a un recién conocido.
Al cabo de catorce
horas, de regreso a Alicante, le entró sueño y le sustituí al volante de su coche, puesto
que él mismo había pedido otro conductor. Pero antes de ponerme a conducir tuve
que limpiar el parabrisas y los limpias con agua y pañuelos de papel durante
unos minutos, ya que me parecía imposible conducir con tanta arena seca ante
los ojos. También hube de apartar las herramientas (llave inglesa, martillo,
etc…) que encontraban mis pies entre los pedales de embrague y freno.
De madrugada, en
Alicante, nos despedimos. Me sorprendió su emotivo abrazo. Era agradable, entrañable,
pero un tanto inesperado. Ya en mi coche, de regreso a Muro, Héctor me habló
maravillas sobre el grupo con quienes habíamos pasado las últimas veinticinco
horas: “Se implican en cualquier problema. Hacen todo lo posible por ayudar a
los necesitados, acuden a intentar parar desahucios, van a todas las
manifestaciones que pueden, son de lo que no hay…”.
Héctor entraba a
trabajar a las ocho, y le dejé en Cocentaina, ante su casa, a las siete y
media. El viaje tenía trazas de odisea. Yo me moría de sueño. La noche anterior
tampoco había sido capaz de dormir más de una hora, pues me había levantado a
las tres de la madrugada para recogerle y llegar a Alicante. Empalmaba dos días
y dos noches habiendo dormido una hora por noche, y conduciendo entre ambas noches
casi cinco horas.
Sergio será
imprudente a mi modo de ver, y no obstante, en los ámbitos más importantes,
sabe ver la realidad, preocuparse e implicarse. Es realmente inteligente, ya que
entiende de qué va la vida. Sobretodo me pareció muy buena persona. Existía un
gran contraste entre él y los anónimos personajes que gestionan páginas de
Facebook de corte sectario, con nombres como “Consciencia cuántica” o “Camino
al despertar”. Gente que habla tanto de amor y conciencia, pero nunca se hace
eco de la inminencia de una manifestación que podría ayudar a mejorar la
situación. Tan solo les interesa vender sus charlas místicas de autoayuda, sus
cursos de meditación o de yoga tántrico, sus libros sobre la falsísima “entrada
de la Tierra
en el cinturón de fotones de Alción”, y quizás también sumar adeptos a alguna
secta. Repiten la palabra consciencia como si su significado solo tuviese
relación con lo que ellos venden. Hablan de cambiar el mundo, pero pasan del
mundo.
Sergio estuvo con
casi todo el grupo en primera línea cuando los antidisturbios empezaron a
repartir porrazos a diestro y siniestro, ante el Congreso. Tan solo Héctor y yo
habíamos retrocedido unos metros porque nos veíamos venir el conflicto. Los
demás estaban acostumbrados a esa solidaridad apocalíptica con la multitud de
desconocidos. Me sorprendió el valor de Lisa, una rusa que hablaba el español
mejor que yo, cuando todo el día había afirmado que no quería recibir golpes ni
ser identificada por nada del mundo, ya que corría peligro de ser deportada, y
NO PODÍA volver a Rusia (a saber en qué problema con el dictatorial gobierno
ruso la habría metido su enorme valentía), y que iba a procurar no meterse en
líos. Sin embargo, el compromiso social le pesó más que la prudencia, aunque
afortunadamente se salió con la suya. Desarmados, sin ganas de violencia, pero
sabiendo que es inevitable, se mantienen allí delante, y luego NO presumen de
haber dado la cara más que otros. No esperan que tal día marcado por los
aztecas el mundo entre en una “nueva dimensión espiritual” o en una “era de
conciencia”. Actúan contra el destino más probable.
Después nadie
exaltaba su propia actuación. Se comentaba el evento como un hecho colectivo.
Y, por encima de todo, nadie habló de valores al estilo religioso. Simplemente
sentíamos la adrenalina, la emoción del riesgo experimentado, y el haber sido
parte de algo que apetecía relatar, un collage al cual cada uno agregaba su
pedacito en el restaurante de la gasolinera, ante otros viajeros: Madrid lleno
de policías, la multitud infinita de manifestantes cuyo final era imposible
discernir por las grandes avenidas, elevando la cabeza todo lo posible, mirando
adelante y atrás, no end, el inicio de las cargas policiales, el compañero que
lleva doce puntos de sutura en la cabeza, que hemos pasado hace un rato a
recogerle por el hospital donde ha pasado las últimas horas, la asistencia que
ha desbordado toda previsión, incontables miles de personas (hacia 30 o 40 mil),
aunque los medios mientan reduciéndonos a seis mil, los agentes que incluso se
han metido a repartir hostias entre quienes esperaban el tren en la estación de
Atocha, la gente que por una vez ha plantado cara a la policía llegando a
derribar vallas y a liarse a empujones y patadas, el largo rato perdido entre
desconocidos, sin poder localizar a nadie, habiendo huido desesperadamente de
la brutalidad, sin apenas batería en el móvil, las frases cantadas a todo
pulmón, el chico que probablemente quedará paralítico, el antidisturbios
derribado al que un chaval o dos han pateado…
No sé cómo podría
no querer a esta gente. No sé si nos volveremos a ver, éramos catorce, de entre
veinticinco y sesenta años aproximadamente, gente muy culta (oí comentar que
alguno que otro de ellos escribe artículos en páginas como “Attac” o
“Democracia real ya”), de algunos no he llegado a conocer ni el nombre, pero un
día tan intenso que culmina dos días sin apenas dormir, conduciendo esas cinco
horas en dos coches y entre dos noches, conociendo gente tan especial, la buena
charla y las risas en el coche con Sergio, Lisa y Héctor, y el formar parte de
una fecha histórica, digna de un cuadro de Delacroix o Goya, el 25-S de 2012,
el primero de varios “Rodea el congreso”, no se olvida.
“Histórico” decían,
de manera unánime. La manifestación de hace diez días, convocada por los
sindicatos, fue totalmente mansa. La policía no había atacado porque había
líderes sindicales, conchabados con el gobierno. Todo fue una parodia. En
cambio, hoy era una incógnita lo que iba a suceder. Algo verdaderamente
inquietante para el poder. El lema “rodea el congreso” destilaba una posible
agresividad. Hoy el gobierno no sabía a ciencia cierta de qué iba la cosa.
Nadie lo sabía. En general no se pensaba recurrir a la violencia, pero había
cierta atmósfera de toma de la
Bastilla, de “quién sabe... no llevamos armas ni
protecciones, pero hay mucha gente cabreada”. Hoy la policía tenía órdenes de
atacar a las 20:30 y disolvernos a las malas. Hoy ha habido secretas
infiltrados para armar jaleo que diese argumentos a la represión policial. Pero
hoy la gente ha mostrado carácter. Ha respondido a las agresiones. Ha
presentado batalla durante una hora, y mucha gente, entre ellos nosotros, hemos
seguido allí, ante el Congreso, algunas horas más. A desgana y lleno de inquietud
en mi caso. Hubiese preferido irme tras las primeras cargas, hacia las 21:00.
Pensaba que allí ya no pintábamos nada. Lo principal había pasado, y uno de
nosotros era llevado al hospital por una de las ambulancias del Samur. Una
periodista nos advertía que la policía estaba cargando en Atocha y en Huertas. La
batería de mi móvil, que no duraba una mierda, casi me impide volver a
localizar al grupo tras las cargas policiales, sin conocer para nada Madrid,
poseyendo un mapa del centro donde no aparecía la periférica calle Baleares,
donde habíamos aparcado. Al irnos, a las 24:30, todavía quedaban algunos
centenares de personas, atentamente vigilados por excesivos policías. El helicóptero
no había parado todavía de sobrevolar el centro de Madrid, todo el día, otro
derroche de dinero público para combatir al pueblo, otro motivo de enojo, y
otro detalle que alimentaba la exagerada sensación de verdadera revolución. Guns of Navarone (The Skatalites):
Los bosquimanos ¡Kung del desierto de Kalahari, en Botswana,
tienen una explicación para la
Vía Láctea, que en su latitud está a menudo encima de la
cabeza. Le llaman “el espinazo de la noche”, como si el cielo fuera un gran
animal dentro del cual vivimos nosotros. Su explicación hace que la Vía Láctea sea útil y
al mismo tiempo comprensible. Los ¡Kung creen que la Vía Láctea sostiene la
noche; que
a no ser por la Vía Láctea,
trozos de oscuridad caerían, rompiéndose, a nuestros pies. Es una idea
elegante.
(Carl
Sagan –Cosmos, 1980)
El Camino de Santiago sería un intento de cristianizar una antigua y sagrada
ruta de peregrinación que recorrían para presenciar la tumba del Sol y el mundo
de los muertos emplazado frente a las costas de Finisterra, el Finis Terrae de
los romanos. En los primeros siglos de nuestra era, los caminantes se dirigían
hasta allí para ver de cerca la muerte –la del Sol, que allí se hunde en las
aguas del Atlántico-, y salir fortalecidos de esta experiencia simbólica. El
hecho de que la Vía Láctea
apunte hacia el oeste, reforzaba las antiguas supersticiones que invitaban a
caminar en esa dirección. Por ello, uno de los nombres más comunes para referirse
al Camino es la Vía
Láctea.
(Los
caminos del norte a Santiago, 2010)
Los vikingos creían que se dirigía al Valhalla, donde van las almas al morir,
Los celtas aseguraban que llevaba al castillo de la reina de las hadas, mitos
chinos y japoneses se refieren a ella como un río de plata, para los griegos
era un reguero de leche derramada del pecho de Hera...
(Wikipedia)
Demócrito (460-370 a.C.) sugirió
acertadamente que tan solo se trataba de un conglomerado de muchísimas
estrellas como el Sol. Como es normal, no le creyó ni Cristo. Los mitos suenan
más hermosos que la física.
Es una guerra perdida. Eternamente lo será.
Quizá mi condición de dibujante frustrado por
inconstancia infantil determina que siempre me haya gustado caminar o conducir
de noche, especialmente dentro de los pueblos y ciudades. El paisaje
silencioso, solitario y lleno de luces y sombras, semeja un cuadro al cual se
añade la dimensión del movimiento, la opción de ingresar en él y cambiarle a tu
gusto los puntos de fuga, redefinir con cada milímetro que avanzas las líneas
que conforman la perspectiva. La ciudad está compuesta por incontables paisajes
de cuadro, uno distinto por cada minúsculo movimiento que efectúes.
La gente se recoge en los interiores de miles de
viviendas que me rodean y me permite el uso casi exclusivo de los grandes
espacios abiertos, confiriéndome una sensación que se acerca a la de intimidad
(intimidad al aire libre, un lujo). Me recuerda los infantiles sueños de viajes
interestelares. Los parpadeantes semáforos son estrellas. Las misteriosas
viviendas son planetas habitados, cada uno con sus alegrías o problemas, cada uno
un pequeño centro del universo, un insignificante objetivo prioritario de la
creación.
Me maravilla la sensación de que existen tantas
historias inaccesibles ahí, al otro lado de cada muro, cada ventana.
En cada época pretérita.
En cada planeta habitado.
¿Insondables del todo? Los rasgos de
personalidad se van copiando y repitiendo de unos individuos a otros, incluso
sin que se conozcan entre sí. La diversidad no es ilimitada. Si han existido,
como se calcula, cerca de 115.000 millones de personas en la historia del
mundo... ¿Se habrán dado casos de personalidades calcadas por completo?
Durante la adolescencia, cuando subíamos a la
montaña para pasar la noche en el refugi de Agres y visitar el pico del
Moncabrer, yo solía abandonar el refugio a la hora de la puesta de sol. Allá
abajo divisaba una inmensa extensión de bancales atravesados por pueblos,
carreteras, caminos y cadenas montañosas menos altas, una detrás de
otra, hasta donde se perdía la vista. A punto de ocultarse el sol, una especie
de arco iris inmenso y horizontal, acostado, ceñía todo el ecuador de la bóveda
celeste, rodeándome, y yo deducía que miles de personas desde hace milenios lo
habrían observado fascinados como yo y se habrían sentido inducidos en momentos
así a preguntarse por el sentido de la existencia y el de sus propias vidas
individuales. Mi fantasía era que los distintos vientos, poniente, tramontana,
xaloc, gregal, etc…, que tanto han trajinado por el mundo, pudiesen contarme
las historias de toda esa gente antigua que han conocido. Sus tribulaciones y
alegrías. Sus momentos de mayor intimidad, sus temores, sus proyectos, y el
resultado, los destinos finales de todo ello.
Hace entre diez y quince años mis amigos y yo
solíamos frecuentar un pub rockero de Alcoy que se llamaba Hobby. Cuando notaba
que me había pasado con la bebida, y me reconocía abocado a pasar un día entero
de cama, vómitos, y mareo, ya fuera en mitad de la noche o rayando el alba,
empezaba a caminar en dirección a casa, unas dos-tres horas de aceras, arcenes y caminos,
atravesando casi todo Alcoy, siguiendo por el bucólico trazado de lo que antaño
había sido la vía del tren hasta Cocentaina, y de ahí otro tramo de antigua
vía, entre bancales, hasta Muro. Unos trece o catorce kilómetros. Al llegar
había quemado con creces todo el alcohol sobrante.
Había realizado un cálculo para entender, a
escala humana, algunas distancias fundamentales:
Si el Sol midiese medio milímetro,la Tierrase
hallaría situada a cinco centímetros de él.
El último planeta de nuestro sistema solar,
Neptuno, lo orbitaría a metro y medio.
La estrella más próxima, Alfa Centauro, se
encontraría a13 kilómetros.
Nuestra galaxia,la VíaLáctea,
mediría del uno al otro extremo tres millones de km.
La galaxia de Andrómeda, M31, una de las más
cercanas, estaría situada a 75 millones de km.
Todo esto si el Sol midiese solo medio
milímetro.
Podía imaginar la magnitud de un viaje
interestelar. Yo partía de una minúscula Alfa Centauro al salir del Hobby y, transcurridas mis dos o tres horas de caminata, visitaba conjuntamente todo el Sistema
Solar en el momento justo de acostarme, ya libre de toxinas, fresquísimo. Todo
lo demás, todo el trayecto, había sido el espacio interestelar, prácticamente
puro vacío.
Probad a recorrer 13 km entre dos estrellas de
medio milímetro y entenderéis que me cueste creer en ovnis, pese a estar
convencido de la existencia, en nuestra misma galaxia, de millones de planetas
habitados.
El invento humano más alejado de la Tierra es la nave
Voyager 1, lanzada en 1977 para investigar los planetas y satélites del sistema
solar exterior. Su velocidad actual es de17
kmpor segundo. No se ralentiza
debido a la ausencia de fricción en el vacío. Se encuentra ahora poco más de
cuatro veces más lejos que Neptuno.
Si su trayectoria la llevase (que no es el caso)
hacia el sistema solar más próximo, Alfa Centauro, tardaría a esa velocidad
79.295 años en llegar.
El camino solitario entre campos de olivos, a
veces bordeado de cañas, evocaba épocas más rústicas. Cuando la noche era
peligro y frío. Cuando el fuego de una hoguera se hacía indispensable para
ahuyentar a los depredadores.
La temperatura media en Plutón, a 5.900 millones
de km del Sol, es de -215º C. Así que no me quiero imaginar el frío que debe
hacer en el espacio fuera de las galaxias.
Pienso: Cincuenta mil dioses con cincuenta mil
nombres y atributos distintos han sido temidos sobre estos mismos caminos y
campos. Quizá no exagero con esa cifra. Cincuenta mil dioses con distintas
leyes, distintos ritos, distintos dogmas y distintas definiciones del bien y el
mal.
Y distintos pronósticos sobre el destino de la
vida y el universo.
El
árbol Yggdrasill, situado en el “centro”, simboliza y al mismo tiempo
constituye el universo. Su cima toca al cielo y sus ramas abarcan el mundo. Una
de sus raíces se hunde en el país de los muertos (Hel), la otra llega al país
de los gigantes y la tercera al mundo de los hombres. Desde que brotó, es
decir, desde que el mundo fue ordenado por los dioses, Yggdrasill estuvo
amenazado de ruina, pues un águila comenzó a devorar su follaje, su tronco
empezó a pudrirse y la serpiente Niddhog se puso a roerle las raíces. Un día no
muy lejano Yggdrasill caerá, y entonces sobrevendrá el fin del mundo. (Mircea Eliade –Historia de las creencias y las ideas religiosas, tomo II,
capítulo 173. Yggdrasill y la cosmogonía de los antiguos germanos, 1978)
Me resultan hermosas algunas de las ideas religiosas caducas y por ello inocuas, o vigentes en otras partes del mundo pero que a nosotros no nos afectan en el desarrollo de nuestras vidas. No se les puede negar su condición de cuentos preciosos:
Toda cultura humana se alegra de la existencia de ciclos en la naturaleza. Se pensó entonces que estos ciclos no podían existir si la voluntad de los dioses no lo hubiese querido así. Y si hay ciclos en los años del hombre, ¿no podría haber también ciclos en las eras de los dioses? La religión hindú es la única de las grandes fes del mundo que inculca la idea de que el mismo Cosmos está sujeto a un número de muertes y de renacimientos inmenso, de hecho infinito. Es la única religión en la que las escalas temporales corresponden, sin duda por casualidad, a las de la cosmología científica moderna. Sus ciclos van de nuestro día y noche corrientes hasta un día y una noche de Brahma, que dura 8.640 millones de años, más tiempo que la edad de la Tierra o del Sol y una mitad aproximadamente del tiempo transcurrido desde el big bang. Y hay todavía escalas de tiempo más largas.
Hay en esta religión el concepto profundo y atrayente de que el universo no es más que el sueño de un dios que después de cien años de Brahma se disuelve en un sueño sin sueños. El universo se disuelve con él hasta que después de otro siglo de Brahma, se remueve, se recompone y empieza de nuevo a soñar el gran sueño cósmico. Mientras tanto, y en otras partes, hay un número infinito de otros universos, cada uno con su propio dios soñando el sueño cósmico. Estas grandes ideas están atemperadas por otra quizás más grande todavía. Se dice que quizás los hombres no son los sueños de los dioses, sino que los dioses son los sueños de los hombres.
(Carl Sagan –Cosmos, 1980)
Siempre habrá quien elabore mensajes tipo éste o parecidos
(Aunque parezca imposible creer en cazurradas así, es un copiapega, no me lo
invento, y conozco a alguien que lo colgó en Facebook, totalmente en serio):
Los eclipses son siempre rasgaduras que rompen de alguna
manera el tejido espacio-tiempo (la mente) y que permiten la entrada de nuevas
energías a la Tierra. Y
este importantísimo portal de eclipses de noviembre es la preparación cósmica
para el gran portal de irradiación Crística dorada que será el 12-12-12 (12 de
diciembre del 2012). En el 12-12-12 la Tierra es impregnada por una gran irradiación Crística
proveniente de la energía del Sol central de la galaxia. La Tierra deja de estar
aislada y esa energía del Espíritu, Dios Padre-Madre, lo femenino en perfecto
equilibrio con lo masculino, sustentando la energía de la Unidad, del Amor
Incondicional, inunda la Tierra,
rompiendo definitivamente el velo de separación que la ha mantenido durante
milenios como un planeta de exilio y de oscuridad.
Nos creemos especiales y seguimos imaginando dioses que se
preocupan por nosotros. Las religiones se reinventan prometiendo la llegada de
“la conciencia de la quinta dimensión” o cualquier energía espiritual que viene
para salvar a la humanidad.
Me entristece la falta de empatía que ello supone, para con
los miles de millones de personas (sin contar las demás especies de seres
vivos) que nos han precedido sufriendo la crueldad del mundo, pasando guerras,
torturas, hambre, humillaciones, desamores… Parecería que toda esa gente fue
menos importante que quienes ocupamos el mundo en la actualidad. Como si sólo
nosotros hubiéramos sido merecedores de que las injusticias del mundo terminen
durante nuestra vida.
El mundo definitivamente no se destruye. No hay ninguna
"apocalipsis" del final del mundo. Pero lo que si hay es un mundo
nuevo que todos sin excepción, y con independencia de creencias, nivel de
comprensión y estado de conciencia, podemos y podremos notar. Simplemente con
que echemos la vista atrás, hacia unos cuantos pocos años atrás, podremos ver
un mundo completamente diferente y que a partirde
ahora se moverá en una velocísima espiral de cambio y de renovación.
Podremos hablar de que la
Tierra entra en la 4ª dimensión y en la conciencia de la 5ª
dimensión, aunque las palabras y los conceptos tampoco tienen ninguna
importancia. Qué importancia iban a tener cuando son simplemente símbolos para
poder comunicarnos desde la limitada mente humana de esta dimensión. Pero sí es
cierto que es otra dimensión. Es otra dimensión de la realidad, otra dimensión
de la materia y de la mente.
La única renovación que veo en todo esto es la del discurso religioso, siempre en busca de nuevas brechas por donde penetrar en las mentes incautas. En tiempo de decadencia del Imperio Romano triunfó el cristianismo, pero si no se hubiese impuesto, es casi seguro que hoy el mundo sería mayoritariamente mitraísta. Era la otra secta de enorme popularidad en aquellos tiempos. La humanidad siempre vivirá en un tira y afloja con alguna institución mística dominante.
El optimismo y el pesimismo, como filosofías cósmicas, muestran el mismo humanismo ingenuo; el ancho mundo, tal como lo conocemos por la filosofía de la naturaleza, no es ni bueno ni malo, ni se preocupa por hacernos felices o desgraciados. Todas estas filosofías tienen su origen en el egocentrismo, y un poco de astronomía es la mejor manera de corregirlas.
(Bertrand Russell – Por qué no soy cristiano, 1956)
Me engancha la visión de esos conglomerados de variopintos
grados de oscuridad que, sobre los relieves del asfalto y las alineadas aceras,
forman sombras pertenecientes a objetos opuestos a distintas fuentes de luz.
Cada esquina que giro me descubre un nuevo mundo lleno de vida invisible con
intimidades insondables y percepciones inimaginables. Algún que otro insecto
vagabundo, para el cual posiblemente el universo no sea más grande que esta
calle y yo sea un dios temible, hace su propio camino ignorando la itinerante
reverberación de las distintas luces intermitentes y contínuas que me
acompaña, acompasada al ritmo de mis pasos, surfeando sobre casi todo tipo de
superfícies: las de los bancos de madera empapados de lluvia, con brazos de acero,
las persianas metálicas, las papeleras y contenedores, los vehículos aparcados, las baldosas que piso…
Carl Sagan, en plan juguetón, conjetura“una jerarquía
infinita de universos, de modo que si penetramos en una partícula elemental,
por ejemplo un electrón de nuestro universo, se nos revelaría como un universo
enteramente cerrado. Dentro de él, organizadas como el equivalente local de
galaxias y estructuras más pequeñas, hay un número inmenso de otras partículas
elementales mucho más diminutas, que a su vez son universos en el nivel
siguiente, y así indefinidamente: una regresión infinita hacia abajo, sin fin.
Y lo mismo hacia arriba. Nuestro universo familiar de galaxias y estrellas,
planetas y personas, sería una única partícula elemental en el siguiente
universo superior, el primer paso de otra regresión infinita.
Esta es la única idea religiosa que conozco que supera a la del número sin fin
de universo cíclico infinitamente viejo de la cosmología hindú. ¿Qué aspecto
tendrían estos otros universos? ¿Estarían construidos sobre leyes físicas
distintas? ¿Tendrían estrellas y galaxias y mundos, o algo muy distinto?”
Ojalá todos los cuentos fuesen tan inofensivos como este.
ALGUNOS DATOS REALES
Año luz: 9.460.730.472.580,8 km
Diámetro del Sol: 1’4 millones de km
Sol - Tierra: 150 millones de km
Sol – Neptuno: 4.498 millones de km
Sol - Alfa Centauro: 4’37 Años luz (41.343.392.000.000 km)
Diámetro de la
Vía láctea: 100.000 años luz (9.460.730.472.580.800.000 km)
Así que:
La distancia entre el Sol y la Tierra es 107 veces el
diámetro del Sol.
La distancia entre el Sol y Neptuno es 30 veces la distancia
de la Tierra
al Sol.
La distancia del Sol a Alfa Centauro es 275.622,6 veces la distancia de la Tierra al Sol.
El diámetro de la Vía Láctea es 63.071.536.484 veces la distancia
entre la Tierra
y el Sol.
La distancia entre la Vía
Láctea y Andrómeda es de 25 veces el diámetro de la
Vía Láctea.
La mujer del alquimista (Tursun Gül - banda alcoyana):
¿Cuántos satélites necesitas para espiar por mi ventana? Clases de química se transforman en noches de ácido y locura.
In the days
of the caveman (Crash Test Dummies -1993):
When you go
on camping trips you’re stuck right out in nature
Foraging
the forests like a primate
Using
sharpened tools instead of hotplates
Your thumb
and forefinger supposed to show you’re not a wild beast
You can
hear their noises at night time
They don’t
have to keep a certain bedtime
See in the
shapes of my body
Leftover
parts from the apes and the monkeys
Sometimes
when I lie awake I hear the rainfall on my tent fly
I think of
all the insects that are sleeping
And wonder
if the animals are dreaming
In the days
of the caveman and mammoths and glaciers
Bugs and
trees were your food then; no pyjamas and doctors
And when I
finally get to sleep, I dream in technicolor