A
las 6 de la mañana, en nochevieja, todavía quedaba bastante gente en el gran
pub donde estábamos, y el olor, recargadísimo, se me hacía insoportable. Me
preguntaba de dónde provenía. Pensé que, mayoritariamente, podía proceder de la
concentración de exhalaciones tras tantas horas de consumo masivo de Plis-Plai,
la bebida popular autóctona (café licor con coca-cola), una bomba de cafeína,
azúcar y agua carbonatada, que ensucia los dientes como ningún otro licor. A
veces también creo que ese olor se debe al sudor de toda la noche, mezclado con
la acumulación de todo lo que se echa encima la gente. Colonias, maquillajes,
espumas, lacas, gominas, ceras… Era horrendo.
Entonces,
aunque puedan quedar chicas con cuerpos naturalmente atractivos, me suelen
repugnar por toda esa pintura facial. Y veo a otros yendo a saco a por ellas,
tratando de arrancarles algún beso, y me cuestiono acerca de la naturaleza de
esa repugnancia propia y de esa aquiescencia ajena. Cómo es que les da igual
todo eso, esos olores y texturas violentas y antinaturales, con tal de
conseguir echar un polvo. Cómo es que a mí, tras nueve vasos, me importa. ¿Qué
hacemos aquí?
En
momentos así, me parece lamentable ver a los tíos tratando de seducir, algunos
sin gracia, con los típicos “piropos de obrero", creyéndose ingeniosos, a
chicas que les aprovechan para mejorar su propia autoestima, rechazándoles con
sarcasmos aprendidos y mil veces ensayados, pretendiendo parecer ingeniosas. Dáos cuenta de que, a estas horas, la gente que merecía ligar ya no está aquí. Somos los despojos de la noche. tíos y tías.
No
es que me sintiera superior. Simplemente, no quería ser ni como ellos ni como
yo.
Y
me sentía un poco ridículo, apoyado en la barra, bebiendo agua y notándome
medianamente sobrio, habiendo consumido tres plis-plays, un ron-cola y
cinco martinis con naranja, echando de vez en cuando una furtiva mirada a la guapísima camarera, y suponiendo que estarían hasta la coronilla de todos nosotros, ella, sus compañeras, y sus parejas, quienes quiera que fuesen, que casi seguro estaban ya por allí. Quedaba una hora para poder coger el primer autobús, y
fantaseaba con volver a casa caminando, una vez más, esos 14 km, a pesar del
frío, en lugar de aburrirme esperándolo. Pero C**** no tenía esa intención, y no iba a dejarle solo. Me
tocaba maldecir de nuevo la falta de autobuses nocturnos. Hubiera estado en
casa hace rato. Siempre he odiado la idea de tener que pagar un taxi por falta
de transporte público. No somos ricos.
Quedábamos
los dos más indolentes. El resto salían a ligar. Los dos muy inteligentes,
M**** y L****, hacía rato que estaban enrollándose con sendas chicas atractivas.
Los dos muy cortos, M**** y O****, se habían largado a la otra zona de fiesta, tras
haber molestado involuntariamente a unas cuantas, tratando de conectar, con
frases aprendidas, tan bastas que a veces les hacen pasar por más machistas de
lo que quizá realmente son, aunque algo de eso tienen, por contagio social. Habíamos quedado 6 para
cenar en Alcoy. El resto estaban, casi todos, de viaje por Cracovia. Quedábamos,
charlando y bebiendo lentamente junto a la barra, los dos que casi siempre
salimos a pasar el rato y casi nunca intentamos nada. Los que nunca nos hemos
sentido cómodos con nosotros mismos, con nuestros cerebros. Los
acomplejados sin remisión, que encajaríamos como personajes secundarios en
novelas de Murakami. Y era justo lo que, diez horas antes, hubiese apostado que
sucedería.
Antes
de que empezara la noche, tenía claro que la terminaría con esa sensación de
navío varado, maldiciendo el no haberme tocado una lotería que me permitiese
estar ahora en Islandia o Noruega, posiblemente congratulándome de haber visto
mi primera aurora boreal, en un nuevo país que sumar a mi corta lista,
seguramente solo y sobrio, pero más contento e ilusionado.
Al
menos, no estaría hartándome de alcohol con tal de no quedarme en casa sabiendo
que todo el mundo está de fiesta. Hay noches señaladas en que no me apetece
salir, pero sé que, si me quedo en casa, voy a estar peor. Sé que, si pudiese
dedicar un año a viajar y ver mundo, me cuidaría mucho mejor. Haría bastante
más ejercicio, porque estaría más animado.
Fue una mala nochevieja.
Light in the darkness (Kroke, 2003) - Un tema que me hace imaginar el momento en que llegue a ver una aurora boreal.
Hacia
mitad de marzo me encontraba desquiciado por la falta de empleo y asistiendo a
un curso de hostelería del Servef. Entonces me llamaron de una ETT para un
empleo de fines de semana, cargando y descargando camiones. Empecé con dos
mañanas de sábado -…porque si, de entrada, te dejo con estos toda la noche, no
vas a volver - me dijo el encargado. El tercer finde ya trabajaría la noche del
viernes.
Ese
viernes tuve clase por la tarde. Estuvimos dos horas montando un banquete para
el día siguiente, y me fui a las 19:00 para entrar a descargar camiones a las
20:00. Paramos media hora para cenar hacia las 2:30, y otra media hora para
almorzar a las 9:30. Terminé de trabajar a las 14:00. No estaba demasiado
fresco para conducir, pero eran unos pocos minutos hasta mi pueblo. Fui directo
al comidas para llevar. Entre lo del curso y lo de los camiones, había
trabajado 19 de las últimas 21 horas, y llevaría despierto unas 30.
Luego
no me pude acostar. Tenía un partido de futbito a las 17:00 en Alcoy. Si me
permitía dormir un rato, ya no sería capaz de levantarme para ir a jugar.
Regresé
del partido y me acosté hacia las 18:30. Durante varias horas fui incapaz de
conciliar un sueño tranquilo. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a mi mente
todo el ajetreo del trabajo. El sonido de toritos, carracas y entrechocar de barras y
puertas metálicas, gente hablando y gritando y transpaletas eléctricas corriendo entre los
muelles, trasladando palets cargados de cajas y bultos. Me veía de nuevo allí, en
medio de todo el bullicio, y despertaba sobresaltado. Me sentía terriblemente
cansado. Necesitaba desesperadamente dormir, pero me resultaba imposible. No sé
a qué hora logró imponerse el cansancio, y pude finalmente descansar en paz.
Tan
solo en otra ocasión en toda mi vida había experimentado un estado mental
similar, y aconteció en un contexto radicalmente opuesto. La segunda de las
tres veces que consumí setas “de la risa”. Estaba con dos amigos en el Viña
Rock de 2005. Nos las pasaron unos de nuestro pueblo, a los cuales encontramos
casualmente por allí, y las consumimos durante el último concierto de la noche,
aquél brutal concierto en que O’Funk'illo quisieron seguir tocando más allá de
la hora justa que les había sido adjudicada, y la organización les cortó la
luz, pero siguieron en acústico, sin amplis y en penumbra, ante la multitud
enardecida, liderados por ese tremendo bajista.
A
R*** le sentaron mal las setas, porque durante la semana había cortado con la
novia, y no se encontraba en un estado mental adecuado para esa droga. La otra
vez que las habíamos probado, en Amsterdam, el prospecto explicaba que, si
tenías un “mal viaje”, el mejor antídoto para reducir su efecto era tomar azúcar
y agua. No teníamos nada dulce, así que nos dirigimos a la ambulancia estacionada cerca de la entrada.
Pero, en cuanto Raül hizo ademán de tratar de explicarles algo, los operarios subieron
las ventanillas y pasaron hasta el culo, como pensando “No estamos para
aguantar borrachos pesados”.
Así
que abandonamos el recinto y nos acostamos en la tienda de campaña, que no
estaba lejos de allí. Me metí en mi saco de dormir y me quedé ladeado, encarado
a la esquina del oscuro habitáculo, casi tocando la tela con la frente. De afuera
nos llegaba el alboroto, algo de música, y rumor de multitudes hablando y moviéndose.
A mi espalda, podía escuchar lo que charlaban R*** y E******. Cerré los ojos y,
como por arte de magia, al momento estaba otra vez paseando por el mercadillo,
junto a los escenarios. Al abrir los ojos, me sorprendió hallarme acostado en
un rincón oscuro. Quizá no habían transcurrido ni dos minutos desde que los
había cerrado, y había olvidado por completo la realidad. Durante dos o tres
horas, se fue repitiendo lo mismo. Me sentía enormemente relajado. Podía estar
nuevamente en la fiesta tumbado, sin cansarme lo más mínimo. Era bajar los
párpados y regresar a un lugar exótico lleno de color y viveza, un mundo
psicodélico donde el tejido del espacio era de cenefa de chilaba y papel de
envoltorio para regalo. Lo pasé bien.
La
diferencia con lo otro es que ahí lo había disfrutado. Esa manera de, en ambas
situaciones, alucinar con una realidad falsa, y de modo tan reiterativo, saltando entre ambas escenas mediante el simple gesto de cerrar o abrir los ojos, me
recuerda también a uno de mis cuentos preferidos, La noche boca arriba, de
Julio Cortázar. Ahora que lo pienso, que el protagonista fuese colocado de
setas, podría quizá explicar lo que le sucede.
Tenía la intención de continuar con lo de los camiones, pero lo pensé mejor debido a que, a mitad de
esa semana, empezaba las prácticas del curso de hostelería. Ese trabajo me
dejaba tanta suciedad en los poros de las manos que, por mucho que me duchase,
no se terminaba de limpiar en tres días. Y si me tocaba trabajar domingo o
lunes en un bar, no podía ir así.
Llamé
a la chica de la Ett para comunicarle que lo dejaba y explicarle el motivo. Lo entendió
amablemente. Me supo mal porque en el trabajo pensarían que me había cagado
ante la idea de hacer tantas horas seguidas, y me habían tratado bien. No, no
son las horas, es el no poder dormir luego. Es el seguir allí en sueños, intoxicado por sobredosis de trabajo.
Me
cuesta entender que la gente pierda las ganas de practicar un deporte de equipo
cuando no se gana. Yo veo cada entreno
como una celebración por seguir teniendo piernas. Por no haberlas perdido en
ningún accidente o enfermedad. Y cada partido es una oportunidad de repetir
lo que te ha salido bien al entrenar. Pero, últimamente, cada vez somos menos
en los partidos, y hoy solamente estaba yo, así que el partido no se ha podido
jugar. Hace poco jugamos un partido en inferioridad numérica, y decidieron que
no nos presentábamos a otros dos partidos para no volver a ser uno menos que el
rival. Yo los hubiera jugado incluso así. Qué más da. De cualquier manera,
juegas para disfrutar tocando balón, intentando lo imposible, en busca de
cierta épica. Juegas para mantenerte en forma y sentirte bien con tu cuerpo.
Qué más da si ellos son uno más y te golean. Has jugado. ¿Y la ilusión que
produce marcar un gol en inferioridad numérica? A veces lo hemos logrado, y en
otras ocasiones son los rivales quienes lo han conseguido. No entiendo a los
que utilizan la palabra “humillación” para definir una goleada.
¿Humillación?
Eso tiene que ver con situaciones de dependencia, con algún tipo de esclavitud,
de maltrato psicológico o físico, de explotación laboral… No utilicéis esa
palabrota en el deporte. A lo largo de mi vida, he estado en goleadas, unas a
favor y otras en contra, por 27-0, 21-1, 18-3, 15-2, 13-5, 12-1… y nunca se me
ha pasado por la cabeza que alguien pudiese sentirse humillado. Siempre me ha
extrañado y parecido feo que alguien pronunciase esa palabra. Has disfrutado de
tu motricidad plena. Has corrido hermosamente bajo un sol aplastante, has
luchado noblemente. Has tratado de mostrar tus mejores virtudes. Nadie te
obligaba a participar. Donde no hay obligación, no puede haber humillación.
Hace
10 años, estaba ilusionado con jugar las 24 horas de mi pueblo, que son a
finales de junio. Se juega desde el viernes a las 21:00 o 22:00, y siempre me
ha emocionado especialmente jugar de noche, bajo la luz de los focos, y ante
una grada repleta de gente, bastante animada. Cada equipo disputa tres partidos
clasificatorios para octavos de final durante la noche. Se clasifican 2 equipos
de cada grupo de 4, y se siguen jugando las eliminatorias a lo largo del
sábado. Si llegas a la final, has jugado 7 partidos en menos de 24 horas, y
tras haber estado trabajando el viernes. Pero nosotros nunca pasábamos de
cuartos, así que lo máximo que he llegado a completar son 5 partidos, y llegábamos
muertos al 5º, sin haber dormido nada, a las 4 de la tarde del sábado. Los
equipos que llegan a la final tienen tantos jugadores de calidad, que se
reparten los partidos para que unos duerman o descansen mientras otros juegan.
Pero nosotros casi siempre hemos sido grupos de amigos, cada uno con su nivel,
con 2 o 3 cracks.
Había
pasado la temporada sin apenas jugar debido a una lesión. Un mes antes de las
24 horas, tenía las piernas extremadamente delgadas. 8 meses de inactividad me
habían dejado con poco músculo. Quería entrenar a saco ese mes. Tenía unas
ganas enormes de jugar bien. Por primera vez, el equipo había quedado último, y
en la segunda división del pueblo. Por primera vez, no había podido anotar
ningún gol en toda la temporada. A priori, éramos el peor equipo de los 32 que
iban a participar. Tampoco me quedaban ya amigos en el equipo. Lo habían ido
dejando.
A
finales de mayo, el trabajo en el almacén de una fábrica se me complicó, porque
hubo un descenso en los pedidos, echaron a uno de los tres, y teníamos que
repartirnos el trabajo entre los otros dos. Hasta entonces, llevaba años
trabajando 12 o 13 horas diarias. A partir de ese momento, me anunciaron que mi
horario iba a ser de 08:00 a 22:00 una semana, y de 06:00 a 19:00 la siguiente.
Catorce horas diarias una semana, y trece la siguiente, además de desplazarte a
una ciudad que queda a 25 minutos de casa. Podía cogerme 2 horas para comer,
pero eso no paliaba el daño. Eso no es tiempo libre, porque no ves el final de la
jornada.
De
todos modos, me las arreglé para entrenar varias horas cada tarde-noche. Vivía
con 2 amigos en una casa con terraza, y allí practicaba lo que podía, cuando ya
no eran horas de ir a las pistas. Logré recuperarme bastante bien ese mes,
entrenando absolutamente todos los días.
La
noche de las 24 horas, hubo problemas con gente de mi equipo. Los 2 o 3 que se
creían más buenos habían decidido jugar ellos los partidos enteros. Durante la
primera parte del primer partido, me indignó la constatación de que no pensaban
cambiarse por nadie. Había 4 titulares intocables, aunque no servía de nada. Al
descanso perdían 3-0. Entonces, me metí en la pista, decidido a no dejarme
sacar de allí y jugar la segunda parte entera. Ningún otro de los teóricos
suplentes siguió mi ejemplo, porque eran gente que no había formado parte del
equipo durante la temporada. Habían sido fichados expresamente para las 24
horas, y no se atrevían a reclamar su derecho a participar, aunque también
habían pagado para jugar. Los dos más imbéciles me estuvieron tratando de
convencer de que abandonara la pista, pero no desistí. Perdimos 4-0.
En
el segundo partido, se repitió la historia. No hubo manera de poder entrar a
jugar durante la primera parte, de modo que salté a la pista en el descanso y
ya no me pudieron sacar. Volvimos a perder, pero fui uno de los 2 o 3 mejores
del partido. Al terminar, me duché y subí de fiesta a Alcoy, un rato. Ya era
imposible clasificarnos para octavos, pero estaba feliz de haber podido jugar,
pese a todo.
El
tercer partido se tenía que disputar a las 9 de la mañana. Solamente aparecimos
3 jugadores de mi equipo, dos más el portero, así que no se pudo jugar. Los “titulares”
no vinieron porque ya estábamos eliminados, así que no se iban a pegar el
madrugón para un partido intrascendente. Y los recién fichados tampoco vinieron,
pensando que no iban a poder jugar y se volverían a pasar el partido entero
sentados, mirando.
No
sé si el equipo rival tenía alguna opción de clasificarse, que pasara por meter
determinado número de goles en ese partido.
No
lo entiendo. Si te apuntas a una competición, es porque te gusta ese deporte.
¿Pierdes el gusto por competir únicamente por no tener opciones de
clasificación? ¿No te gusta jugar? ¿No valoras la posibilidad de meter algún
gol más, o de que te salga alguna jugada espectacular? ¿No habías estado entrenando
justamente para poder disputar una competición así? ¿Vas a despreciar un tercer partido por haber perdido los anteriores? Poder jugar es un privilegio. No todo el mundo puede disfrutar de un cuerpo sano.
He
invertido demasiada pasión en este deporte como para dejar que la victoria o la
derrota me importen demasiado. Quiero jugar disfrutando. Sin discusiones, sin
gritos, sin exigencia, sin gente que se cree mejor sin serlo, aceptando los
fallos de los compañeros y corriendo lo necesario para subsanarlos, aceptando
que nadie es perfecto y cada uno lo hace lo mejor que puede, porque no somos
profesionales. Quiero jugar por puro placer. Es mi danza.
Quizá
es que soy medio autista, y solamente he sido capaz de abstraerme y disfrutar
de verdad con el futbol sala. Ojalá hubiese conseguido tomarme con las mismas ganas
la guitarra y el dibujo.
Quisiera
rendir homenaje al mejor sucesor que conozco del Cosmos de Carl Sagan, el blog La
pizarra de Yuri, y al magnífico post que me lo dio a conocer: El pasado era una mierda.
El
mundo va claramente a mejor, a pesar de tantas malas cosas. Siempre ha existido
una mayor proporción de gente en condiciones de miseria y explotación, y siempre
han sido peores las condiciones higiénicas y de sanidad. Espero que se
reaccione a tiempo contra el cambio climático.
Hoy
en día, un peón de fábrica vive rodeado de mayores placeres que los antiguos
faraones, emperadores, reyes o sultanes, con la probable excepción del ámbito sexual. No poseemos un harén, pero disponemos de dentistas y penicilina, lugares donde practicar deportes que no ponen en riesgo
nuestra integridad física, y posibilidad de viajar de vez en cuando a algún
lugar remoto y espectacular, sin grandes peligros. Disfrutamos de avances
tecnológicos y sociales que nos permiten comer fruta recogida a miles de kilómetros, operarnos de casi cualquier enfermedad seria, bucear,
escuchar músicas variadísimas, ver películas, hacernos fotos y mostrarlas a
gente que se encuentra al otro lado del mundo, leer novelas emocionantes, hacer
yoga, saber qué son las estrellas y qué hay en el fondo de los océanos, o ir a
un gimnasio. La violencia ya no se considera normal. Exploramos sin miedo
calles, montañas, playas y bosques de otros países. Y, si algo nos ocurriera, casi
siempre habrá un hospital o un centro de salud cerca.
En
los países “del primer mundo”, prácticamente nadie pasa hambre ni frío. Nuestras
infelicidades se basan, generalmente, en dos cosas: 1.- La falta de sexo-amor,
y 2.- La falta de dinero, tiempo o ambas para viajar o dedicar más horas a otras actividades de ocio. Algunos lo pasamos mal por la alternancia de meses en paro
(sin dinero para salir adelante desahogadamente) y meses de excesivas horas de
trabajo. En mi caso, en marzo pasado estaba algo agobiado haciendo 12 horas, 6
noches por semana, y ahora, en noviembre – diciembre estoy parado.
Hay
gente que lo tiene todo, algunos por herencia y la mayoría por mérito personal,
y algunos de ellos acaban insatisfechos por no saber pararse a respirar y valorar
los “pequeños placeres diarios”.
A
veces, descubrimos algo, por ejemplo un tipo de comida que no habíamos probado,
y nos encanta, y durante un tiempo nos obsesionamos con ello. Hace 5 o 6 años,
entré por primera vez en un restaurante japonés. Desde entonces, habré estado
en menos de 15 ocasiones, porque los más cercanos se encuentran a una hora de donde vivo,
y cada vez que he ido con amigos, nos hemos atiborrado de tal manera que apenas
podíamos movernos durante las horas siguientes.
"El amor nos destrozará, otra vez más" - Joy Division (1980).
Pienso
que ese tipo de desmesura se da, muy generalmente, en la perspectiva que se
tiene sobre el sexo y el amor.
Alguna
vez he comentado con otros tíos que, si pudiésemos elegir siempre con qué chica
follar, habría alrededor de cien días al año que no follaríamos. Preferiríamos
dedicar nuestras energías a otras actividades. Senderismo, jugar a fútbol o a
tenis, hacer surf… Incluso en muchas ocasiones preferiríamos simplemente
masturbarnos. Si lo tienes tan fácil, no te obsesionas. No estás siempre
pensando en ello.
Discuto
sobre esto. Hay quien piensa que follaría todos los días del año. Yo, en
cambio, lo veo exactamente igual de importante en mi vida que jugar a fútbol
sala, pero no más. Posiblemente incluso menos. La diferencia es que a esto he
podido jugar varias veces por semana, casi cada semana, durante 28 años. Estoy infinitamente
más saciado en ese aspecto. No he tenido que padecer largos periodos de
abstinencia.
Quizá
yo sea demasiado poco fogoso. A los 17 años anoté cada vez que eyaculaba, para
sacar la suma de todo un año. Hay días que te corres tres o cuatro veces, pero
aun así, el número resultante fue (no lo recuerdo bien) 278 o 248. Me
sorprendió por lo bajo. Por otro lado, creo que el tiempo máximo que he pasado
sin correrme han sido 12 días, en época de depresión anímica, y unos 10 días
durante algún viaje.
She's only sleeping - Vinnie Moore (Live!, 2000).
Enamorarme, con casi 25 años, fue una experiencia muy dolorosa, y llena de contradicciones. En el fondo,
notaba que era un capricho exagerado. Estuve lloroso durante un par de años, y
me duró esa tristeza unos cuatro años, pero entre toda esa angustia también
percibía la falta de sentido de todo ese estado mental. Racionalmente, sabía
que esa chica no era tan especial, que había muchas otras capaces de atraerme
mucho más, que simplemente me había acercado demasiado, que el amor se genera por
cercanía en épocas de debilidad, que había cometido el error de fijarme
demasiado en el conjunto de rasgos y cualidades positivas de esa amiga, que
pasarían años antes de que pudiese apagar esa llama, aun descubriendo también,
gradualmente, aspectos de ella que no me gustaban.
Es
como frenar una nave espacial que trate de llegar en 50 años a Alfa Centauro,
una vez alcanzada su máxima velocidad, que ha de ser brutal. Puede tenerse que
dedicar la mitad del trayecto al proceso de desaceleración gradual, porque no
hay fuerza de rozamiento en el espacio que te frene. ¿Cómo desaceleras una nave que va a 25.000 km. por segundo? El amor va igual. Puede que, a mitad
del camino, adviertas que tomaste una dirección errónea, pero ya hay un montón
de sentimientos que van a mil, y lleva un tiempo larguísimo ir frenando. Aun
sabiendo que no existe la media naranja, o que hay cien millones de medias
naranjas ahí fuera, distintas entre sí, con diversos estilos, pero todas
igualmente idóneas para ti.
Sobradamente alcanzamos a saciar todas nuestras necesidades más básicas y gran parte de nuestros caprichos.
El sexo y el amor nos resultan imposibles de controlar, en una época en que
todo lo demás está bajo nuestro dominio. Por eso exageramos su importancia.
¿Son necesidades básicas? Sí. ¿Tanto como el comer, la higiene o el refugio?
No. Son necesidades básicas de segundo orden. Como poder practicar tus otros
deportes preferidos.
Writing to reach you - Travis (The invisible band, 2001).
Sarah - Thin Lizzy (Black rose. A rock legend, 1979). La guitarra de Gary Moore combinada con la voz de Phil Lynott dejó unas cuantas joyas, como Parisienne walkways, Black rose, Waiting for an alibi, Spanish guitar y Sarah.
Decidimos
ir directo a Split desde Hvar, embarcando en Stari Grad. Me parece que el ferry
salía a las 11:00. Creo que llegamos al puerto hacia las 10 y media, y nos
enteramos de que la cola para embarcar ese día era “algo nunca visto”. Pero también
nos advirtieron que sería peor ir a la otra parte de la isla, Sucuraj, porque
la situación allí era igual o peor. Así que cambié moneda en el casino para
comprar el ticket del ferry y esperamos parados en la carretera, a ver si
cabíamos en el de las 14:00. No pudo ser, pero ya pudimos dejar el coche
haciendo cola dentro del recinto del puerto e irnos a comer al pueblo, del cual
nos separaba un bonito paseo de 1 km junto al mar, donde me hubiera gustado
incluso disponer de más tiempo para darme un chapuzón. Nuestro ferry sería el
de las 17:00.
El camino entre Stari Grad y el puerto.
Creo
que el trayecto del ferry fueron unas 2 horas y media, aunque ya no lo recuerdo
exactamente. Saliendo de Hvar, durante un rato tuvimos la isla a ambos lados, y
el paisaje era espectacular.
Por
internet, encontramos sitio en el Hostel Adria, en Bajnice. Estaba a 12 km al
sureste de Split, pero tenía muy buena pinta, encarado al mar.
Split. Dentro del palacio de Diocleciano.
Al
desembarcar en Split, fuimos directos al albergue, luego a comprar algo en el
supermercado para cenar, y finalmente a ver, de noche, la zona del palacio de
Diocleciano, emperador romano de origen dálmata, que lo hizo construir para
retirarse allí tras abdicar, a partir del año 305.
Había
fiesta cerca, un escenario en una plaza fuera del palacio y, al terminar, hacia
las 2 de la madrugada, nos encaminamos hacia los pubs de la playa, donde
estuvimos hasta casi las 4.
SÁBADO
20
Hostel Adria.
Por
la mañana quise ir hasta la playa de Brela, que nos quedaba unos 20 km al sur,
pero no conseguimos llegar debido a un atasco, así que regresamos para comer y
bañarnos en el albergue, y fue magnífico (a las fotos me remito). Web del hostel
El albergue
está dividido en dos casas, una a cada lado de la carretera. Dormíamos en la
que daba a la falda de la montaña, pero la zona social, donde cocinar y comer,
estaba en la otra. La terraza daba al embarcadero. Un lugar espectacular.
Estuvimos charlando con gente de Canadá, Dinamarca, Australia, Holanda e
Inglaterra, y hacia las tres de la tarde decidimos irnos a Split.
Pasamos
la tarde viendo el palacio de Diocleciano. Hay un mercado subterráneo en el
sótano, catacumbas o como se llame ese espacio, muy bonito.
En día y medio no
supimos encontrar tiempo para visitar la galería del escultor Iván Mestrovic,
que valdría la pena, seguro. También llegamos demasiado tarde para entrar a la
catedral y subir a la torre del campanario. Tenía la sensación de que se me
iban quedando cosas importantes por hacer, aunque no parábamos, y no iba a dar
tiempo a recorrer, ni mucho menos, toda la costa del país.
Tras
cenar y dar algunas vueltas más por el enorme palacio, salimos a la plaza
cercana donde volvía a haber fiesta. La noche anterior sonaba música
electrónica y ahora ritmos latinos. Salsa y cosas así. Coincidimos por allí con
la gente que habíamos conocido en el albergue, un grupo de unos 15, compramos
bebidas, y pasamos las siguientes horas allí hasta que terminó la fiesta, hacia
las 2. Entonces cogimos el autobús para regresar al albergue, aunque nadie
recordaba el nombre de Bajnice, para decirle al conductor a dónde íbamos. Al
llegar, me quedé media hora charlando a la entrada del albergue con uno de los
canadienses, mientras algunos iban a darse un baño al mar, que a esas horas
debía estar bastante fresco. Pero siempre es bonito nadar algo borracho de noche.
Sayag jazz Machine - Ali goes on! (Anachromic, 2004)
DOMINGO
21
Trogir.
Me
supo a poco tiempo el disponible en Split. Hubiera venido bien permanecer allí un
día más, pero aún quedaba mucho por recorrer. Tocaba cambiar de lugar. Comimos
en Trogir, otro hermoso pueblo de mármol blanco.
Trogir.
Luego paramos a bañarnos en la
playa del camping de Primosten, demasiado familiar para mi gusto. Realizamos
una visita rápida a Sibenik, donde quizá estuvimos menos de una hora, llegando
a subir hasta el jardincillo botánico. Y hacia las diez de la noche llegábamos
a Zadar, donde acabaríamos pasando las tres últimas noches. Buscamos albergue y
luego visitamos la ciudadela. Había mucha música por las calles. Me pareció la
ciudad con mejor ambientillo del viaje, aunque las más bonitas fueron Mostar y
Dubrovnik.
Sibenik.
Delorean - Deli (Ayrton Senna, 2009). Aunque no lo parezca en absoluto, es un grupo español.
Entrando en el parque natural de Plitvice.
LUNES
22
De
buena mañana salimos hacia Plitvice, donde pasamos el día. Nuestro fallo fue no
haber cargado apenas comida. El parque natural es enoooorme. Muchos lagos e
infinidad de saltos de agua, y las rutas marcadas en los mapas no quedan muy
descifrables. Hacia la mitad del recorrido hay puestos de comida, pero lo
pensamos cuando llevábamos media hora haciendo cola para el barco que te lleva
a la otra parte del lago. Creo que la excursión nos llevó unas siete horas,
arribando ya de noche y muertos de hambre a un excelente restaurante situado a
la entrada del inmenso aparcamiento.
Me
ha costado seleccionar únicamente 14 fotos de Plitvice. El agua tiene un color espesiá, toda la gama de azules va
presentándose, a lo largo del día, con los cambios de luminosidad y profundidad,
y toda esa masa boscosa, troncos cargados de musgo entre un suelo de hojas
coloradas, prácticamente me sacó la espina de no haber podido visitar todavía, algún
otoño, Gorbeia o la selva de Irati. Caminas muchísimo sobre pasarelas de madera
entre pequeños lagos, rondando cataratas.
Mi yo preferido, el del modo viaje.
Fue
el único día que salió nublado.
A
diferencia de Kravice y Krka, en Plitvice no es posible bañarse, pero es mucho
más espectacular que aquéllos otros lugares. Es lo más imprescindible de
Croacia. El mayor conjunto de lagos y cascadas de Europa.
Por
la noche, algo cansados, dimos una vuelta por Zadar, porque estaba empeñado en
ver/escuchar el “órgano del mar”. Una serie de orificios en la piedra del
muelle por donde se infiltra y suena el aire impulsado por las olas. Resulta curioso y algo repetitivo.
A pocos metros, un gran círculo en el suelo emite luces de colores cambiantes
que van formando distintos dibujos de un modo aparentemente aleatorio. Me hubiera gustado ver
allí una puesta de sol, pero no pudo ser.
K's Choice - Not an addict (Paradise in me, 1995), una canción que yo tenía injustamente olvidada, y Miquel llevaba en su playlist para el coche.
MARTES
23
Zadar desde el campanario. Eso de delante es la iglesia prerrománica.
Por
la mañana estuvimos visitando la ciudadela de Zadar. Subí a la torre del
campanario, desde donde me encantaron las vistas, y entré en la iglesia prerrománica
del siglo IX. Grandilla, algo vacía, pero siempre reviste cierta emoción entrar en
un edificio tan antiguo. Le tengo unas ganas inmensas a Santa Sofía, de
Estambul.
Zadar.
Luego
fuimos a ver las playas de Nin, donde había mucha gente practicando kitesurf,
y decidimos ir a la isla de Pag, unida al continente por un puente corto.
Pag.
En una de las discotecas de Zrce Beach.
Miquel
había oído algo de un festival de música electrónica en la playa. Comimos en la
isla y buscamos la Zrce Beach. Era el Sonus Festival. Dijo Miquel que esto sí
que era “rollo Ibiza”. Había un montón de discotecas junto al mar, y un parking
grande tras ellas. En algunas, no se pagaba entrada, así que no hice más gasto
que el de unas alitas de pollo rebozadas para cenar en un puesto de comida
rápida. No era exactamente mi ambiente, y ese día conducía yo, pero logré
aguantar bien nueve horas. Hacia las cuatro de la madrugada regresamos a Zadar,
y tuve algún momento de verme en la necesidad de detener el coche porque se me cerraban los
ojos. En la emisora local sonó Stairway to heaven, que siempre es especial,
pero más cuando conduces de noche por otro país.
MIÉRCOLES
24
El lugar era precioso, pero realmente necesitaba un hospital a pocos metros. No creo que haya menos de 50 turistas accidentados cada verano.
A
las siete y media de la tarde debíamos estar en el aeropuerto, así que a la una
fuimos a una playa cercana a la ciudadela. Más que playa, era como un muelle
con un parque detrás. Hicimos algo de yoga y fui a bañarme. La piedra mojada estaba
peligrosamente resbaladiza. Caí al suelo, con suerte de no hacerme daño. Luego,
Miquel no tuvo esa suerte. Oí que me llamaba y vi a un hombre sosteniéndole la
cabeza ensangrentada. Llegamos hasta el puesto del socorrista, y nos informaron
de que lo mejor era ir caminando al hospital, que se encontraba a 100 metros.
Cogí las cosas y nos encaminamos hacia allá. Le recibieron en urgencias y ya no
supe nada en las siguientes 3 horas. Temía que perdiésemos el avión o que
tuviese algo grave. A las cinco apareció con grapas en la cabeza y fuimos a
comer a un bar cercano, cara al mar. En la sala de espera quedó, entre otros,
una anciana que ya estaba allí cuando llegamos. Da lástima que alguien tenga que pasar tantas horas en una sala de espera, especialmente gente mayor y niños. Me daba algo de vergüenza al pensar que, quizá, los turistas tuviésemos preferencia. Esta gente pasó una guerra hace nada. Han sufrido algo inimaginable para nosotros. Aunque nadie me miró mal ni nada, me sentía un poco el pijo del lugar. Raramente un trabajador croata con un sueldo medio podrá viajar a otro país, actualmente. Creo que son 350 o 400 euros mensuales.
En
el avión, volví a tener problemas con los oídos. Un dolor, como si los tímpanos
quisieran estallar, que ya me había sucedido 11 años atrás, llegando a
Budapest. Entre ambos momentos, he estado en otros 8 aviones sin problema.
Pasadas
las doce de la noche conseguimos encontrar la salida del aeropuerto de
Barcelona.
No
estábamos para conducir hasta casa, y Miquel no podía dormir en cualquier lugar
con la cabeza herida. Era muy tarde para encontrar una pensión, o un albergue u
hotel. Buscamos en Tarragona y Salou durante un par de horas, y al final
pudimos quedarnos en un auténtico cuchitril por 50 euros. No había otra.
The War On Drugs - Under the pressure (Lost in the dream, 2014).
El
JUEVES 25, por la tarde, llegamos a casa.
Antes
de un viaje, necesito ver cientos de fotos, leer decenas de páginas de blogs y quizá repasar alguna guía impresa, para decidir cuáles son los lugares imprescindibles,
los medianamente importantes, y los prescindibles, contrastando un montón de
opiniones. Me encanta planificar los viajes. Miquel funciona al revés. Prefiere
decidir el próximo destino en base a las recomendaciones de la gente in situ.
Tiende a hablar con todo el mundo, y su norma es ir al lugar que te hayan
recomendado “al menos dos personas distintas”. Dice que lo más importante de un
viaje no son los lugares, sino la gente y la comida. Ahí diferimos bastante.
Pero no llegamos a discutir.
Lo
malo de planificar mucho, es que hay demasiadas cosas que ver, y siempre te
quedará la comezón de no haber llegado a ir a tal o cual sitio. Nunca un viaje
te queda completo y perfecto, aunque, objetivamente, has visto más que si no lo
hubieras planificado. ¿Hasta qué punto es mejor no esquematizar, y tomártelo
con más calma? El de Croacia y Bosnia es mi viaje más completo. Hubo fiestas, 4
islas, parques naturales con cataratas y lagos, ciudades bonitas, mucha playa…
y, sin embargo, sigo recordando como mi mejor viaje el primer tramo del Camino
de Santiago, porque es donde mejor lo he pasado.
Aunque
a veces no comíamos en bares, sino de lo que comprábamos en supermercados, y no
gasté más de 8 euros en souvenires, entre pitos y flautas, aviones, alquiler de
coche y bici, ferrys, entrada a murallas, parques naturales, templos,
alojamientos, comidas, gasolina, peajes, etc… gasté alrededor de 1.600 euros, mi viaje más caro
hasta ahora. Cuesta explicártelo a ti mismo, contando con que son países menos
caros que España, pero el caso es que son 12-13 días haciendo mil cosas en plena
temporada alta. Y el alojamiento era generalmente más caro de lo que esperaba.
Se
nos quedaron lugares por ver. Pensaba haber ido a Pula y Zagreb. Molaría haber
visto otras islas como Korkula, Brac (playa de Zlani Rat), Vis, Bisevo (gruta
azul), Solta… hacer kayak en Krka, y visitar poblaciones como Makarska, Rovijn,
Samobor, Varazdin, Rijeka… Pero bueno, algún día he de ver Eslovenia, que es
más peque, y podré acercarme, al menos, al norte de Croacia.
Como de costumbre, este blog me sabotea el formato de letra que acompaña las fotos. Intento poner un tamaño intermedio, entre la letra del texto y la letra minúscula, y veo que no hay manera. Se me queda la más pequeña, o la grande.
Como
regalo de cumpleaños al cumplir once o doce, me pedí el Mineranova, y quedé
fascinado por los minerales. Solía ir de excursión con algunos amigos a buscar cuarzo en la montaña del castillo de
Cocentaina, donde abunda la variedad roja llamada jacinto de Compostela, o a buscar varios tipos de minerales,
incluido el cuarzo, en una zona un poco más arriba de Turballos, y alguna vez
bajamos al río Serpis en busca de sílex,
el mineral que usaban los hombres prehistóricos para fabricar sus puntas de
flecha o lanza, para cortar carne, o conseguir chispas con las que encender un
fuego. Al igual que el cuarzo, está compuesto por oxígeno y silicio, (SiO2) y
su dureza es la misma, 7 sobre 10 en la escala de Mohs. Uno se pregunta por qué, si la composición de tantos minerales distintos es exactamente la misma, cambia su color y su forma. Supongo que se debe a la diferencia de presión y temperatura en que se formaron. El cuarzo de cierto color se ha producido a 500 grados centígrados y el de otro color a 600, 700 u 800. Aproximadamente.
Jacinto de Compostela, o cuarzo rojo. Uno de los minerales más fáciles de encontrar en la Comunidad Valenciana. Aunque los mejor formados suelen ser muy peques. Tengo un montón de menos de 1 cm.
No soy ningún crack de la mineralogía. Me
hubiera hecho ilusión encontrar una verdadera punta de flecha prehistórica, en
vez de simplemente sílex intacto, y esperaba encontrar alguna pieza de cuarzo
grande, espectacular, o cualquiera otra de esos maravillosos dióxidos de
silicio, como la ágata, el ónice, el jaspe, u otros minerales hermosos como la
pirita, la fluorita, la turmalina, la malaquita, la siderita o el ópalo.
Encontrábamos muchas piedrecillas de cuarzo con formas guapas, pero muy
pequeñas. En cuanto a fósiles, solo he llegado a encontrar dos, también
minúsculos. Mantengo la ilusión de encontrar algún ammonites enorme, y leo que la provincia de Alicante es buena para la búsqueda de fósiles, mucho más que de minerales, pero no he podido enterarme de lugares concretos. En el Teide, iba con un grupo de amigos y ni se me ocurrió ponerme a buscar obsidiana, la piedra preciosa de origen volcánico con cuyo comercio se originó lo que después sería la ruta de la seda.
Pirita. Tengo un par de cubos comprados. Nunca he sido capaz de encontrar un ejemplar. He leído que la mejor mina del mundo está en Navajún (La Rioja) y se puede visitar, previa cita.
Observé
que solía encontrar cuarzo en zonas montañosas donde la arena es rojiza, como
en Cofrentes, donde fuimos a practicar descenso en kayak, o por esa montaña que
sube la carretera yendo de Quesa a Bicorp, antes de tirar por el camino hacia
el cañón del río Fraile. También cerca de un pueblo llamado Manuel, donde
hacíamos las maniobras de la mili. Mientras algunos hablaban sobre mejores marcas
de relojes caros y mejores tipos de fusil, yo me entretenía buscando cuarzo (o
jugando con las hormigas y las hojas de pino, si no estábamos en buen lugar
para buscar. Esas conversaciones me resultaban insufribles).
Lo
mejor es estar entretenido con algo que te guste hacer. Los mejores momentos de
la vida. Coger una mochila con algo de comida y bebida, y pasar el día en la
naturaleza, buscando algo, es una pasada.
Citrino (cuarzo de color ámbar). Yo
aprecio los minerales por su belleza física. No creo para nada en las propiedades
curativas milagrosas que algunos les atribuyen. Que si el cuarzo violeta o amatista está emparentado con el sexto
chakra, neutraliza la energía negativa, te limpia la sangre, combate las
adicciones, purifica la conciencia, aclara la mente, favorece la intuición…, o
el cuarzo rosa te cura las heridas
del corazón, o el citrino es la
piedra del tercer chakra, y va bien para los negocios y las relaciones. El cuarzo ahumado te cura afecciones de
estómago, colon y recto, te equilibra la energía sexual, disipa bloqueos
subconscientes, potencia tus mejores capacidades, aumenta la fertilidad, alivia
la depresión, canaliza la intuición, limpia el aura, elimina el insomnio y la
fatiga mental, y está conectado con el chakra raíz, entre otras propiedades…
Amatista (cuarzo violeta).
Quizá
debería creer en estas cosas, porque suena bonito, porque la ficción da calidad
a la vida, todo lo que sea mitológico y nos hable de seres mágicos, mientras no
domine nuestras vidas, es agradable. Una religión es mala cuando manda sobre
una sociedad. Pero cuando pierde esa influencia queda como una colección de
cuentos que suman enormemente en el acervo cultural. Qué mejor ejemplo que la
exuberante mitología grecorromana. En su día fue castradora para el avance de
la ciencia. Ahora es un estímulo para el arte y la imaginación, desde hace
siglos. Cuántas bellísimas obras literarias, pictóricas o escultóricas, y
demás, se basan en sus historias. Con el catolicismo y el islam, sucederá igual. Cuando pierdan su amenazante poder, quedarán reducidas a conjuntos de relatos bonitos e inspiradores, que sumarán en la sociedad sin restar nada a cambio.
Psique reanimada por el beso del amor (de Eros/Cupido). Escultura realizada en 1793 por Antonio Canova. Es lo que más me chocó en el Louvre (París), en 2004. Me quedé media hora rondándola, para desespero de mi hermana. Me encantaba leer esa fábula. Hay otra copia de la misma estatua en el Hermitage de San Petersburgo, no sé si del mismo tamaño.
Pienso
que la belleza es subjetiva. Los humanos vemos hermosas ciertas piedras, y
tendemos a creer que esas piedras hermosas pueden ser curativas. No diremos lo
mismo de cualquier pedrusco. ¿Por qué no atribuirle propiedades curativas al
cuerpo de una modelo u actriz? Quizá me recupere instantáneamente de un constipado si me acuesto con
Adèle Exarchopoulos. Contactar con el cuerpo de Kate Beckinsale podría purificar
mi conciencia, o combatir células cancerígenas, y coitear con Marion Cotillard nueve
veces por semana eliminaría mi insomnio y mi fatiga mental. Seguro.
Adèle Exarchopoulos. No dudo de que sus propiedades terapéuticas dejen al cuarzo ahumado a la altura del betún.
No
obstante, otra razón para creer es la oportunidad de aprovechar el poder de la sugestión. La mente es capaz
de esfuerzos que posiblemente nos parezcan demasiado grandes, y logros que
quizá no confiemos en llegar a alcanzar. Si la creencia en un poder mágico que
te ayude puede empujarte hacia un mayor esfuerzo en pos de un objetivo
ilusionante, si tener a tu lado un buen cristal de cuarzo ahumado de 10 cm, y
acariciarlo de vez en cuando, te va a hacer creer en tus posibilidades de
terminar ciertos estudios, ¿Por qué no creer? Aunque en el fondo no creas,
déjate llevar por la belleza de la ensoñación…
De cualquier manera, sé que nunca podré evitar el ponerme en plan escéptico cuando alguien me habla totalmente convencido de las propiedades curativas de una piedra.