martes, 10 de febrero de 2015

Antes 2014 (Gilherme Botelho)

Siempre me ha sugestionado aquella frase que aparecía en el libro de latín de segundo de BUP: “Mens sana in corpore sano”, aunque en la práctica, eso de mens sana no vaya mucho conmigo. Veo a esta gente, cuyos cuerpos, en parte gracias a la iluminación, pero también por esfuerzos deportivos y dietas cuidadas, semejan esculturas clásicas de mármol o porcelana, y cómo son capaces de, mentalmente, centrarse en la danza, sin sentirse cohibidos por la desnudez propia y la de quienes les acompañan en la coreografía, convencidos de estar realizando una actividad totalmente artística, que no debería escandalizar a nadie, y siento que algo así, en intensidad y autoexigencia, debería ser el objetivo de mi vida, aunque no me vea capaz de confiar en mis capacidades mentales.





5 comentarios:

  1. ¿El objetivo de tu vida?
    Yo no quiero autoexigirme tanto.
    Esta danza tiene un punto turbador, esos ritmos cortados, animales. Los cuerpos desnudos desvían un poco la atención, por lo menos a mí, aunque no por sexuales, me parecen hermosos pero no sexuales, quizás por su hieratismo.
    Bicos.

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  2. No me refiero a aprender a danzar así, sino a la actitud que muestran. Tener ese tipo de actitud, en cualquier cosa que haga, debería ser mi mayor objetivo.

    Pienso más o menos igual que tu. No me parece un espectáculo apenas sexual. Tiene más que ver con cuando entré en una sala de esculturas del Louvre y vi el "Cupido y Psique" de Antonio Canova. Hacia el fondo de la misma sala estaba la Venus de Milo, pero apenas me llamó la atención. Me quedé hipnotizado, media hora dando vueltas a la escultura de Canova, haciendo fotos, flipando, mientras mi hermana se aburría, pobrecita. La sensación era de estupor, de admiración ilimitada, de "aunque tuviese la genialidad de imaginar e intentar hacer algo así, y la técnica para lograrlo, no tendría la templanza, el pulso, la paciencia para perfeccionarla tanto, temiendo cagarla".

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    1. No recordaba exactamente cómo era la escultura, la he buscado, ¡preciosa!
      Me temo que la paciencia se ha perdido definitivamente en este mundo de 140 caracteres.
      Yo temo continuamente "cagarla" y aun así me lanzo, no me imagino la vida sin lanzarme. Bueno, me lanzo en algunos aspectos, en otros no, pero no temo aterrizar, total ya me he esnafrado...

      A mí en el Louvre me llamaba todo la atención, desde los leones alados mesopotámicos hasta los cuadros gigantes de Delacroix. El latento ajeno me emociona.
      Biquiños

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    2. Yo todavía no he evolucionado tanto como para aceptar toda clase de arte y no sentir cierto desprecio ante algunos tipos de canción o de pintura. Pero aquellos cuadros enormes de Delacroix también me impresionaron. Incluso habíamos ido a una casa donde vivió y habían grabados de escenas del "Fausto" de Goethe. Y en la misma sala del Louvre, si no al lado, muy cerca de los Delacroix, estaba el de "La balsa de la Medusa" de Géricault, que también recuerdo como una de las obras que más me impactaron ese día. De los leones mesopotámicos no me acuerdo tanto, aunque sí recuerdo grandes salas con objetos del antiguo Egipto, muchísimos sarcófagos y orfebrería.

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    3. ah, sí, impresionante La balsa de la medusa, uf

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