domingo, 31 de julio de 2016

La primera semana de vacaciones

El año va bien por ahora. Hasta la semana pasada, ha habido mucho trabajo, de modo que, tras varios años flojos, he podido volver a salir de España: a principios de mayo estuve cinco días en Londres. El 1 de mayo, por fin, subimos al Puig Campana, tras varios años intentando poner fecha a esa excursión. A principios de junio hice un par de exámenes y los aprobé: el B2 de inglés de la EOI, y la asignatura de Ciencias y tecnología que me quedaba de la ESO. Son dos titulillos muy básicos, pero hay que tenerlos. Lo había ido dejando pasar demasiado tiempo.

El equipo de futbito, finalmente, ha conseguido remontar 8 puntos y no quedar último de la liga. Penúltimos, pero es un éxito para un equipo de colegas recién formado y con algunos que no están demasiado en forma, y con gente que habitualmente no jugaba. Todos tenemos entre 30 y 40, y generalmente competimos contra gente más joven.

El 13 de agosto me voy a Croacia y Bosnia con dos amigos, hasta el 24. Hemos reservado vuelos de Barcelona a Dubrovnik y de Zadar a Barcelona. Cogeremos un coche de alquiler en el primer aeropuerto, y lo devolveremos en el otro.

He decidido apuntarme a un curso de dibujo en la escuela de Bellas Artes para esta temporada, a empezar en octubre, y tengo la intención de irme preparando por libre para intentar conseguir el C1 de Cambridge en 2017.

Hace una semana empecé las vacaciones, debido a una disminución de los pedidos. Supongo que a partir de septiembre volverá a haber trabajo seguido. Me he pintado la habitación y me he apuntado a las oposiciones para Correos. Y, pensando en amueblar mejor la habitación…

Se me ocurrió ir al Ikea de Valencia y, de paso, estar un par de días en la ciudad, donde tengo algunos amigos viviendo. Quedé con Colomer y dormí anoche en el piso de su familia. Y de paso, he aprovechado para hacer algunas fotos.



Lo que más me atrae de esta ciudad es el verde. Prácticamente todas las calles poseen muchos árboles. Y el clima. Soy de una zona montañosa del interior de la Comunidad, entre Valencia y Alicante, donde en invierno hace bastante más frío, y me da la impresión de que en esta ciudad casi siempre sea primavera o verano.



La ciudad es grande, pero me encanta recorrer largas distancias caminando por ella.

Llegué por la tarde, y empezamos a pasear por el Parque/jardín del Turia, el antiguo cauce del río, hasta llegar, allá a las 21:00, a la zona del Hemisfèric.
Solemos ir desde las Torres de Serranos hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Unos 3’5 km muy espectaculares.

Todo el parque que ocupa el viejo lecho del río, desde el Bioparc o La Canaleta hasta casi el mar, tendrá unos 9 km. El trayecto pasa bajo algunos antiguos puentes de piedra, otros más modernos, y pasarelas peatonales. Es uno de los mayores jardines urbanos de España, con 110 hectáreas.




De día siempre veo, por ese inmenso parque, a mucha gente corriendo, paseando, yendo en bici, o practicando otros deportes. También mucha gente tumbada sobre el césped o sentada. 



Los edificios de Calatrava me generan sensaciones contradictorias. Por una parte, son espectaculares y encajan perfectamente en ese espacio verde y hundido varios metros bajo el nivel de la ciudad. Pero da rabia lo que han costado, que en gran parte son sobrecostes de los que fueron a parar a bolsillos privados, como es desgraciadamente costumbre que suceda con las obras públicas en este país. Ya lo escribía Pérez Galdós hace un siglo, aquéllo de "Los dos partidos que se alternan tranquilamente en el poder, se dedican a pastar en el presupuesto..." Ocurre que el PP valenciano, en 20 años, ha arrasado esos pastos. Se ha pasado tres pueblos.

Allí actuaban, sobre un escenario en el lago artificial, un montón de alumnos de la escuela de música Berklee, que se iban relevando cada tres o cuatro temas. El estilo era jazz fusión, generalmente instrumental. Hubo algunos temazos de funk muy bailongos. Por ejemplo, interpretaron Kiss de Prince. Perfecto para empezar la noche. Dijo Colomer que lo hacen cada viernes.

Había parejas remando sobre canoas y barcas, y gente metida en grandes esferas de plástico hinchable que flotaban rodando. Lo de las canoas me gusta, pero eso de introducirte a lo hamster dentro de una bola me parece "Pagar pa patir".



Hacia las diez nos fuimos para ver el correfoc que iba desde la plaza de toros hasta la Puerta de la Mar. Compramos bocatas para cenar y vasos de ron con cola, y llegamos justo a tiempo para verles llegar a esta plaza y vivir la fiesta de la conclusión.



Después, con el segundo vaso de ron cola, caminamos hasta el puerto, donde había botellón, y pronto volvimos a casa en autobús, reventados. A las tres nos acostábamos.



Me he levantado casi a las diez y no he querido despertar a Colomer. Hacia las once estaba callejeando por el casco antiguo.



La Estació del Nord, adonde llegan los trenes. Las vías parten en dos la mitad sur de la ciudad, pero van a ser soterradas, y sobre ellas se construirá el Parque Central. Están en marcha las obras de la primera fase del parque. Lo complicado (por caro) es la segunda fase, que incluye soterrar las vías. Tardarán todavía algunos años en llevarla a cabo. Es una obra absolutamente necesaria, aunque quizá agrave la problemática de gentrificación que está teniendo lugar en el vecino barrio de Russafa, que se ha puesto de moda en los últimos años.



Allá a la una, he quedado con él en el Mercado de Colón, un edificio modernista.



Hemos cogido paella, fruta y agua de un “comidas para llevar” cercano, y hemos bajado al Parque/jardín del Turia para comer.



Más tarde hemos ido en autobús a la playa de la Malvarrosa y, desde allí, hemos paseado hasta el Tinglado nº2 del puerto, una especie de vieja nave industrial abierta por los costados, uno da al embarcadero y el otro a la calle.



Siempre ves gente patinando o descansando a la sombra. Es un lugar relajante, a la vez que animado. Un rincón especial. Hace un siglo, se empleaba como almacén de mercancías.

A las 18:00 nos hemos ido al Ikea, y he terminado las compras sobre la campana, a las 22:00.


miércoles, 13 de julio de 2016

Algunas escapadas a la montaña

La cueva a la salida del "Forat" de Bernia. En la cara sur (o parte de solana) de la montaña. Debe estar a unos 850-900 metros sobre el mar (no lo sé exactamente). El pico está a 1.128.

Estas son algunas de las fotos que hemos ido sacando estos últimos años durante nuestras escapadas a la montaña en la provincia de Alicante. La excursión más espectacular, para mí, es la ruta circular de la sierra de Bernia, que toca perpendicularmente el mar. Puedes atravesar la cresta por un estrecho túnel cortito desde la parte de umbría hasta la parte de solana, a la que sales por una cueva con vistas impresionantes de Altea, Benidorm, y, a lo lejos, Alicante.

En el fuerte de Bernia, preguntándole a Oscar cuál de las montañas de enfrente era el Puig Campana. 

Por proximidad, las dos sierras que solemos visitar más a menudo son Mariola, donde reina el pico del Moncabrer, y Benicadell.

La parte de umbría (cara norte) del Benicadell (1.104 m).

La experiencia más emocionante fue un vivac en Benicadell hace tres veranos, en junio. Subimos por la tarde, cenamos con sangría, mistela y buena música, dormimos allí unas pocas horas, cerca de la cima, y subimos a lo más alto para ver amanecer entre la niebla.



Parte sur del Benicadell.

Antes de amanecer, en el pico del Benicadell. 14 de junio de 2013.
Amaneciendo en el Benicadell.

Cava de Don Miguel, en la parte de la sierra de Mariola que da a Alfafara. Uno de los neveros donde almacenaban nieve en invierno para disponer de hielo en verano (los señoritos de la zona).


Me faltan buenas fotos del Moncabrer, cuyo pico está a 1.390 m de altitud. Es una zona en la cual puedes encontrar cavas (neveros), un par de ellas muy grandes (la cava gran y la de Don Miguel). Las que he visto en el Benicadell son bastante más peques. De adolescentes, en pascua solíamos quedarnos a dormir en el refugio, subiendo por Agres. Actualmente está cerrado.

Miquel posando para Da Vinci en la Forata, en la sierra de Aitana.


En pascua, estos últimos años, hemos visitado el Penyó d’Ifach, en Calpe. Una ruta cortita.

Altea y parte norte de Benidorm desde el Puig Campana (1.410 m). A la parte izquierda (norte) de la foto, ves donde la sierra de Bernia toca el mar.

Las últimas que hice son Aitana (1.558 m) y el Puig Campana (1.410 m). Más espectacular la segunda, que está casi junto al mar.

Benidorm desde el Puig Campana.



Tampoco tengo las fotos del Barranc de l’Infern, en la Vall de Laguar, la ruta de senderismo que más me ha fatigado. No por excesivamente larga, sino porque el último tercio del trayecto ibas pisando piedras sueltas todo el rato.

Barranc del Cint, en Alcoy.





lunes, 4 de julio de 2016

De camino hacia el arco iris



Hace dos mil años, había unos 200 millones de personas en el mundo.
Hace mil años, había 310 millones.
Hacia el 1800, la población mundial alcanzó la cifra de 1.000 millones.
Dicen que las, aproximadamente, 250 guerras y genocidios del siglo XX costaron unos 187 millones de vidas. No sé quién calcula esto, pero será aproximado. La mal llamada Gripe española (de origen estadounidense), justo al acabar la Primera Guerra Mundial, también causó entre 50 y 100 millones de bajas en todo el mundo.
Y pese a todo ello y más, en el año 2000 ya éramos 6.000 millones de seres humanos.
En 2011 se llegó a 7.000 millones. Dicen que ahora somos 7.400 millones. Visto lo cual, parece haberse ralentizado un poco ese alocado incremento. Pero sigue siendo un crecimiento de pandemia. Nos estamos cargando ecosistemas a un ritmo brutal. Cada vez más gente contaminando y necesitando alimento.

Pienso en estas cifras especialmente cuando escucho el típico comentario homófobo de “Si todos fuéramos gays, la humanidad se extinguiría”. Tengo un amigo bastante corto que es de los que hablan así. Y no se puede ser más tonto que quien busca el problema en el lado contrario de donde se encuentra. Hablar de peligro de extinción en un mundo cuyo problema más acuciante es la superpoblación. Es flipante.

Intento ser comprensivo, pensando que lo dice porque no se le ocurre otra cosa, y de algo ha de hablar, aunque es alguien que no tiene maldad. Yo también he dicho un montón de tonterías por ese motivo. Y acaba repitiendo los mantras de su entorno. Tele, familia, compañeros de trabajo en la obra… Igual que frases homófobas, repite frases machistas, aunque las chicas suelen tomárselo a broma porque reconocen que no tiene mala intención, simplemente pocas luces.

Otro argumento contra los gays es el de “Esto no es natural. El hombre es el único animal que hace esas cosas”. Pura ignorancia. Se han documentado comportamientos homosexuales en más de 1.500 especies animales. Bisontes, delfines, bonobos, elefantes, leones, jirafas, patos, gaviotas, buitres, pingüinos, lagartijas, libélulas, moscas… Quizá es lo más normal del mundo que un pequeño porcentaje de cada especie lo sea. Quizá el 10% del total de seres vivos del planeta. Y el hombre es un animal más. Ni más ni menos.

Lo incomprensible es que, incluso siendo partidario de la igualdad de derechos entre todo tipo de personas, me incomoda ver a dos tíos besándose. Como si a mí me fueran a acusar de gay por estar viéndolo. Es un rechazo heredado de esa fobia colectiva. No puede ser natural. Una de mis pelis preferidas es lésbica, La vida de Adèle. En cambio, no me apetece nunca ponerme a ver la peli gay Brokeback mountain, pese a haber estado nominada en los Oscar. Mi comportamiento respecto a esto no es lógico.

En un par de ocasiones fui acusado de ser gay. La primera, hace unos 11 años. Antes de un partido, estaba entrenando a chutar con el portero del equipo. Todavía no habían llegado los demás, y se puso a insistirme en “Sé que eres gay y no hay nada malo en ello, puedes reconocerlo”. No me pareció mal que me lo dijera así, en privado, pero no había manera de que creyera en mi “inocencia”, así que dejé de responder.

La segunda situación fue realmente embarazosa. En nochevieja, en Alcoy, hay una pequeña minoría de gente que se disfraza. Hace 6 o 7 años, yo poseía un genial disfraz de “pepino adulto” que combinaba con una peluca rubia, y decidí salir así. A las diez de la mañana, en la plaza de pubs todavía llena de gente, entramos al local de comida rápida, de cuyo dueño de entonces se rumorea que trapicheaba. Allí se encontraba la tonta buenorra de mi pueblo, junto a un gorila de gimnasio con aspecto de pasado de coca, que me miraba como malhumorado y desafiante. Ella se dirigió a mí con la cantinela: “Sé que eres gay, confiésalo. No pasa nada. No hay nada malo. Reconócelo.” Estábamos rodeados por unas 30 personas que lo oían todo perfectamente, la mayoría tíos bakalas muy colocados, muchos de ellos homófobos hasta el tuétano, con toda seguridad. Llámame paranoico, pero esas situaciones me asustan. Nunca me han gustado los ambientes de discoteca. Soy de pub. Al principio negaba sus acusaciones, luego dejé de responder y me largué a otra parte.

Quizá no debería darle la más mínima importancia a esas situaciones. Pero molesta ser acusado de algo que no eres, aunque no veas nada malo en ello.

Lo curioso es que, al parecer, ninguno de los tres tenemos nada contra la homosexualidad, pero decimos que lo vemos como algo normal, mientras nuestro modo de actuar indica todo lo contrario.

La sociedad no estará siendo respetuosa con todas las tendencias sexuales mientras todavía expresemos nuestra tolerancia de esas maneras tan extrañas, tan forzadas. Eso indica que todavía no se ha educado suficientemente a la sociedad para que acepte la diversidad como algo realmente normal.



sábado, 2 de julio de 2016

Mis grupos preferidos

01 THE BEATLES





Mi canción preferida, desde pequeño, siempre ha sido Here comes the sun. Otras que también encuentro brutales son Strawberry fields forever, While my guitar gently weeps, Tomorrow never knows, Penny Lane, A day in the life, Day tripper, Ballad of John and Yoko, Nowhere man, In my life, Norwegian wood, Ticket to ride, I’ve just seen a face, I’ll follow the sun, You never give me your money, etc…

Su mejor disco, y el mejor en la historia del pop-rock, es el último que grabaron y el penúltimo que salió al mercado, Abbey Road, de 1969. On the other hand, su peor disco es el segundo, With The Beatles (1963), absolutamente infumable.

1965 fue el año de transición, desde un estilo de canciones románticas de radiofórmula de tres minutos, hacia un estilo de canciones más largas y experimentales que combinaban todo tipo de elementos, con una variedad no igualada por ninguna otra banda de música moderna. Los discos del cambio son Help!, donde empiezan a componer con mayor profundidad y variando la temática de las letras, y Rubber soul, en el cual empiezan a introducir otros instrumentos no poperos, clásicos e incluso orientales. En 1966 dejan de dar conciertos, por dos motivos principales: la variedad de instrumentos, loops y otros efectos de sonido psicodélicos que conseguían en sus grabaciones era imposible de reproducir sobre un escenario, y además estaban hartos del griterío constante de las fans, que no les permitía saber si estaban tocando bien o mal. No se escuchaban.


02 LED ZEPPELIN



Indiscutiblemente, Stairway to heaven es la mejor canción en la historia de la música moderna. Bueno, quizá Bohemian rhapsody, de Queen, le haga competencia.

Debutaron con dos discos en 1969 y se convirtieron en los inmediatos sucesores de The Beatles como “banda más grande del mundo”.  Mis discos preferidos son el quinto, Houses of the holy (1973), el tercero, Led Zeppelin III (1970) y el cuarto, Led Zeppelin IV (1971).

Son los inventores del hard rock, y su líder fue el segundo mejor guitarrista de la historia del rock, Jimmy Page, solo superado por Hendrix. Es de las pocas bandas de virtuosos que han funcionado bien como conjunto a la hora de componer. Page mezclaba en su estilo el folk, blues y rock, con afinaciones alternativas y escalas árabes, celtas e indias. Impresionan sus “bordados de sobregrabaciones”, canciones con distintas pistas de guitarra superpuestas, a lo que hay que añadir el tremendo virtuosismo de sus solos.

Destacaría también Over the hills and far away, Kashmir, Friends-Celebration day, Going to California, Ten years gone, The rain song, The song remains the same, Achilles’ last stand, Ramble on, Since I’ve been loving you, No quarter, That’s the way, Tangerine, etc..


03 PINK FLOYD



Dark side of the Moon (1973), es hasta hoy el único disco que puede discutir el primer puesto histórico a Abbey Road, aunque los hipsters también ponen a su altura el Ok Computer de Radiohead.

Otros discos imprescindibles son Wish you were here (1975) y The Wall (1979).

Los temas más destacables son Time, Money, Comfortably numb, Shine on you crazy diamond, Another brick on the Wall parts 1 & 2, Any color you like, Breathe, etc…


04 JIMI HENDRIX



Su tercer disco, Electric Ladyland, de 1968, es otro de los que integrarían un top 5. Concretamente la segunda mitad del disco, donde se suceden los brutales cortes Burning of the midnight lamp, Rainy day, dream away, 1983, Still raining, still dreaming, All along the watchtower y Voodoo child, entre otras. La libertad creativa que había logrado de cara a ese tercer disco supuso su eclosión. Es en esa segunda mitad de Electric Ladyland donde percibes a un genio desatado, con permiso para hacer todo lo que se le ocurra.

De anteriores trabajos, cabe destacar Little wing y Third Stone from the Sun.

Hendrix murió joven, a los 27. No había terminado el cuarto disco. La prensa creó la leyenda, todavía persistente, de una muerte por drogas, cuando en realidad fue de otro modo. Mala suerte. Indigestión de somníferos, y muerte en la ambulancia al ahogarse en su propio vómito por tener la cabeza echada hacia atrás.


05 METALLICA



Los inventores del thrash metal. Discos especiales tienen 3: Master of puppets (1986), And justice for all (1988) y el Black album o simplemente Metallica (1991).

Mi tema preferido es One, y a veces Welcome home (sanitarium), pero también hay que destacar Orion, Master of puppets, Fade to black, My friend of misery, Eye of the beholder, The unforgiven, Enter sandman, y la conocidísima balada Nothing else matters.


06 GUNS N’ ROSES





La esencia del rock duro está en temas como Estranged, que a veces es mi canción preferida, You could be mine, November rain, Don’t cry, Civil war, Welcome to the jungle, Locomotive, Live and let die, Patience o Knockin’ on heaven’s door.

Todavía me cuesta creer que, en mi adolescencia, pudiese llegar a ver por televisión el brutal vídeo de Estranged. Llegar a conocer por medio de Los 40 Principales un tema de casi 10 minutos, con largas secciones instrumentales. Cuando en las versiones editadas de canciones rockeras que suenan en las radios, suele haber vomitivos cortes y empalmes para eliminar casi todo lo instrumental. Muy raro que un tema así se les colara.

Lo más espectacular son los dos discos dobles Use your illusion 1 & 2, ambos de 1991, irregulares pero con un montón de temazos, aunque también es brutal el Appetite for destruction (1987), y mola el GNR Lies (1988).

Con una poda de Use your illusion, dejándolo en un solo disco de 12 o 13 temas, sería un trabajo más redondo que Ok Computer, al que se suele aludir como el disco emblemático de los 90. Su problema de cara a ser visto como uno de los mejores discos de todos los tiempos son los altibajos, al haber tantas canciones.


07 RADIOHEAD



La banda indie rock por excelencia.

Mis preferidas son Let down y Permanent daylight, un tema que hicieron al estilo de Sonic Youth, a modo de homenaje, y superando el nivel de cualquier canción del grupo homenajeado. Las que más han sonado en pubs son Creep y Idioteque. La más prestigiosa es Paranoid Android. Otras favoritas del público son Karma police y No surprises. Además, me parecen brutales Subterranean homesick alien, Lotus flower, Blow out, Black star, Street spirit, In limbo, Jigsaw falling into place, Weird fishes arpeggi, Anyone can play guitar, There there y I might be wrong.

El disco más importante es Ok Computer (1997), seguido por In rainbows (2007) y su debut Pablo Honey (1993).


08 RED HOT CHILI PEPPERS




Personalmente, me atraen más que Radiohead. Son divertidos. De otras bandas de funk-rock como Rage Against The Machine o Incubus me gustan pocos temas, pero de Red Hot hay mucho material que me encanta.

Mi preferida es Parallel universe, y también destacaría Under the bridge, Can’t stop, Cabron, Scar tissue, Give it away, This velvet glove, Higher ground, Stadium Arcadium, Easily, Tearjorker, Shallow be thy game, Venice queen, Minor thing, Dosed, Tell me baby, Aeroplane, Snow, …



09 Imposible elegir entre Muse, The Strokes, AC/DC, Iron Maiden, Deep Purple, Santana, Simon & Garfunkel, Extremoduro

jueves, 26 de mayo de 2016

Bromear



Lo que más me fastidia es que jamás se me ocurriría una idea como la de esta elegante escultura, aunque parezca sencilla.

Siempre me ha parecido que la creatividad artística y la humorística son la misma. Es capacidad asociativa y fluidez mental.

Al levantarnos tras una noche de fiesta, sonaba una orquesta oriental en la radio. Oscar opinó que estaban interpretando -… El turbante de tres picos-. Sin tiempo de pensar, Raúl respondía: -El cascadátiles.

Durante la adolescencia, me resultaba extremadamente complicado seguir sus razonamientos. Empalmaban las paridas demasiado rápido para que mi cerebro las procesara. No sólo ellos dos, sino, más o menos acertadamente, casi todo el mundo. Yo tendía a desconectar de las conversaciones, tratando de memorizar fragmentos que me habían impresionado especialmente, para anotarlos en cuanto llegase a casa. Nunca llegaré a tener esa capacidad asociativa, ni esa coordinación entre la idea y la palabra.

En el recreo del instituto, Esteban le espetaba a Juanjo: -Yo de eso sé el doble que tú-, y antes de que terminase de decirlo, Raúl ya estaba respondiendo: -El doble de cero es cero.

Al juntarse unos cuantos así, me sentía ridículamente incapaz de participar en las conversaciones. Todo giraba demasiado rápido. Y se me exigía que hablase, como cualquier otro. Era algo traumático.

No siempre improvisan. Cada cual ha tenido, en cada época, sus frases comodín. Una de las de Jordi, para cuando algo no sale bien, es: -No pasa nada, son cosas del directo -. Si cae un vaso y moja el contenido de los platos, o el coche no arranca, o la perra muerde el balón y lo pincha, no pasa nada, son cosas del directo. Lo dice sonriendo y queda genial. Otro, no sabiendo qué decir, soltaría algún taco y quedaría feo, aun prefiriendo haber dicho algo de buen rollo que distendiera la situación. Pero, incluso habituado a escuchar este tipo de frases, no suelo tener la agilidad para recordarlas en el momento preciso.

En un buffet libre, regreso a la mesa con un flan y una gelatina. Raúl afirma que no conozco la conjunción “o”. A los 2 o 3 segundos, consigo articular las piezas de una respuesta quizá adecuada: -Mi operación preferida es la suma-, y no llego a decirla porque ya han cambiado de tema. Al salir del restaurante, mientras Raúl incluye cada frase en una melodía facililla porque está de muy buen humor, Ana, cogida de su mano, comenta que –Somos lo que comemos-, y él responde. –Sí, ahora mismo soy un cerdo agridulce, bastante amargo.

Con 15 años, Sergio había inventado un nombre para nuestro equipo de futbito que me parecía genial: La Rabia Saudí.

O cuando, trabajando con Salva, cambié de emisora y sonaba “Sin ti no soy nada” de Amaral. –¡Qué poca autonomía tiene la pobre chica!- Me partí de risa. La letra me parecía cursi, pero nunca hubiese pensado en la palabra “autonomía”. O, si vemos por el almacén una de esas arañas de cuerpo menudo y patas muy largas: -A partir de ese tamaño, yo ya les hablo de usted.

Si alguien está de mal rollo, bromeando se deshincha el asunto. Por ejemplo, a un amigo algo corto (y madridista) que solía hablar siempre de fútbol y quejarse crónicamente de los arbitrajes, Oscar le respondía: -Es que no sabéis. Gastáis todo el dinero en fichajes y no dejáis nada para los de negro.- Y con ello se apagaba la polémica.

Y ese es mi mayor problema, que quitar hierro a los contratiempos no sea solamente cosa de actitud, sino de talento para dar, a tiempo, con la frase adecuada para bromear con lo que sucede. Me destroza esa falta de fluidez.


miércoles, 25 de mayo de 2016

Londres (del 6 al 11 de mayo, 2016)

Ya que estoy estudiando inglés, y también ha habido mucho trabajo desde que empezó el año, decidí aprovechar los días de fiestas de mi pueblo, a principios de mayo, en temporada baja, para visitar Londres.

British Museum. Lo mejor del viaje.

Antes de llegar, todos los que han estado allí me decían que me encantaría el ambiente variopinto y multiétnico de sus calles, muy vivas, a diferencia de la fría París. Es cierto. La gente me ha parecido generalmente muy amable. Seguramente es, junto a (o tras) Amsterdam, la ciudad más cosmopolita de Europa. También es en la que más museos puedes encontrar (y casi todos de entrada gratuita, entre ellos los principales), y la que posee (dicen) la red de metro más extensa y eficiente del mundo.

El viernes 6 cogí un avión desde Valencia hacia las 11 de la mañana, y llegué al pequeño aeropuerto de Stansted casi a la una, hora local y de Canarias. Cogí un autobús National Express A7 hasta la estación de Waterloo, cerca de la cual se encontraba mi albergue, adonde llegué hacia las 3 y media, habiendo comido un bocata en el bus.


Una vez instalado, decidí seguir la recomendación de la gente del albergue y caminar por la ribera sur del Támesis desde el Westminster bridge hacia el este. Lo primero que pasas es el London Eye, y un rato después la Tate Modern. Durante el trayecto llama la atención, al otro lado del río, la gran cúpula de St. Paul’s Cathedral.

St. Dunstan in the East.

Crucé el río por el London bridge y llegué hasta St. Dunstan in the East, una pequeña iglesia gótica que fue destruida primero por el Gran incendio de 1666, y luego por los bombardeos nazis de 1941. En los 60 decidieron convertir sus ruinas en un espacio ajardinado público, que se utiliza a veces para escenario cinematográfico. Una solución hermosa y barata, en vez de reconstruir un templo más.

Volviendo hacia la zona de St. Paul’s Cathedral, compré sushi y busqué un parque donde cenar (serían las 6 o 7 de la tarde). Luego vi la catedral por fuera y crucé un puente para llegar a la Tate Modern.

St. Paul's Cathedral desde el balcón de la tercera planta de la Tate Modern.

Lo mejor de la Tate son las vistas. Una alternativa a gastar 20 libras subiendo a una cabina del London Eye. Hice algunas fotos desde el balcón de la tercera planta, y recuperé fuerzas tomando una pinta de sidra en el bar de la sexta planta, encarado al río. Un lugar perfecto para relajarte. Hay alguna sala interesante, con un cuadro de Dalí y uno de Picasso, entre otros también merecedores de verse, pero en general no esperes gran cosa expuesta allí. La mayoría de sus obras son de baja calidad.

Ya de noche, compré algo más de sushi y fui a comerlo por la entrada de St. James’s Park, y a dar una vuelta por los monumentales edificios de Westminster y la zona de Piccadilly y Trafalgar Square.

El clima era estival. Ola de calor. En manga corta de noche. Más buen tiempo que en casa. Ya me había sucedido al visitar Edimburgo en pascua de 2007. Tronadas por Valencia y sol en Escocia. He tenido suerte con el clima en mis escasos viajes.

El sábado me levanté hacia las 7 y media para visitar el váter y la ducha. Las duchas eran malas. Una sólo sacaba el agua helada, y en la otra costaba un rato encontrar un término medio entre quemarte y congelarte. Era un albergue de los más baratos de la ciudad, con un trato excelente por parte del personal y una ubicación magnífica, y desayuno gratuito, y una boca de metro nada más cruzar la calle. Muchas cosas muy buenas, pero no descansabas bien. Estaba situado junto a una carretera muy ruidosa, y sonaba toda la noche como si los coches pasasen por en medio de la habitación.

St. James's Park.

A las 9 y poco estaba en la cola para entrar a Westminster Abbey. El interior es impresionante. Lo malo es que no puedes hacer fotos. Luego fui a comprar fruta y sushi por Piccadilly para comer en St. James’s Park. Recorrí el parque, chulísimo, y cogí un desvío erróneo en mi idea de llegar caminando al Natural History Museum, con lo que me metí por la zona pija de Belgravia y Brompton, cerca de Chelsea.

Interior del espectacular edificio que alberga el Natural History Museum.

Hice otro ratillo de cola para entrar al museo, donde estuve quizá tres horas. Espectaculares los esqueletos de dinosaurios y el edificio en sí, y muy buenas las pastas de la cafetería. También, subiendo las escaleras, encuentras una pequeña sala dedicada a los “tesoros”. Un fragmento del primer meteorito documentado que se vio caer en Gran Bretaña, un pedacito de roca lunar, la primera edición de “El origen de las especies”…

A la salida, me metí por primera vez en el metro y compré la Oyster card. Llevaba unas 24 horas en la ciudad, y hasta entonces había visto viable y preferible caminar a todas partes. Pero ahora debía llegar a Camden Town para pasar la tarde, acorde a mi planificación, y se me ajustaba el horario. Además, caminar ya empezaba a cansarme más de lo debido, porque había olvidado llevar correa y cada día se me caían más los pantalones. Cosas del directo.

La esclusa del canal en Camden Town.

Camden es una especie de pueblo-mercado, muy atractivo, y estaba abarrotado. No lo vi todo, pero me gustó. Tras un par de horas dando vueltas, compré algo de comida y fui a merendar junto a la esclusa del canal, viendo cómo se vaciaba y llenaba para dar paso a las embarcaciones. El ambiente era festivo y acogedor. Desde allí, fui a The Regent’s Park, que es enorme, y seguí el canal hasta Little Venice, adonde llegué ya de noche.

The Regent's Park.

Y luego caminé hasta la gran estación de Paddington, cuyo aspecto me decepcionó un poco porque esperaba algo más espectacular. Quizá de día luzca mejor. Es una estación construida en 1854. Yo me imaginaba encontrar algo tipo la Estació del Nord, de Valencia, sin caer en que esta es de 1917 y resulta mucho más bonita por ser de estilo modernista.

Y de ahí volví a casa en metro.

Uno de los leones alados asirios del British Museum.

El domingo fue mi mejor día. Tocaba el British Museum, uno de los 4 grandes museos del mundo (junto al Louvre-París, el Hermitage-San Petersburgo y el Metropolitan-Nueva York) y el clima seguía siendo estival. Puedes entrar al atrio una hora antes que al resto del museo. Allí, en sus tiendas, me tentaba todo, incluso las corbatas, prenda que siempre me ha atraído tanto como a los gatos la cebolla o a los vampiros el ajo.

Creo que este relieve pertenece a Nínive.

Las primeras salas que visité fueron las de escultura egipcia, donde nada más entrar te encuentras un montón de gente alrededor de la urna que contiene la piedra Rosetta. Junto a ellas, las de relieves asirios, con los leones alados. Paseando entre esas imágenes sacadas de las antiguas Nimrud y Nínive, sentía que era el momento más perfecto del viaje, un día para no tener prisas y disfrutar.

Cerámica griega de hace alrededor de 2400 años.

Muchos de los objetos espectaculares que hubiera querido fotografiar (principalmente en las zonas dedicadas a cerámica griega y romana y escultura india y china) están en urnas y en salas con iluminación buena para la vista e insuficiente para la cámara, lo que casi siempre imposibilitaba obtener fotos diáfanas, porque usar flash contra un cristal es todavía peor.

La santa compaña de China.

A mediodía salí para comer en algún bar. Probé el típico fish & chips, aunque sabía de antemano que era una comida cutre, pero una vez que estaba en tierras inglesas debía comprobarlo. Luego visité el mercado de Covent Garden y la pintoresca calle de Neal’s Yard. Y volví pronto al British Museum.

Shiva y Parvati, dioses con mucho roce, como es debido.

Subí a la parte de la antigua India y China. Y luego, a la otra zona egipcia. La del hombre de Gebelein. Y, como en todos los museos, no llegué a quedarme hasta la hora de cierre, porque acabas exhausto y durmiéndote de pie. Di una vuelta final por las tiendas del atrio y me compré una camiseta y un par de tazas.

Al salir, volví a Piccadilly para comprar la merienda y largarme hacia Kensington Gardens. Es el parque que más me gustó, aunque St. James’s también es brutal. Quizá porque el domingo estaba siendo el día más calmado. El día que me hinché a hacer fotos. Los parques son el antídoto ideal para el estrés. Son inmensos y contienen multitudes jugando con balones, paseando, sentados en grupo o pareja, o acostados. Y no ves ni un insecto que te pueda incordiar.

A punto de comer en Kensington Gardens, mi parque preferido.

Mientras anochecía, crucé Hyde Park para volver a casa. Y luego decidí coger el metro y acercarme al Tower Bridge. De allí volví caminando hasta la Tate, donde crucé al otro lado para ver la fachada del espectacular The Royal Courts of Justice. Y seguí caminando hasta el albergue, hecho un trapo. Una vez allí, pensaba acostarme, pero había concierto en el pub de abajo y me quedé un rato y me bebí mi primera cerveza inglesa. Soy más de sidra.

The Royal Courts of Justice. Pedazo de palacio.

El lunes me levanté un poco cansado, y quería hacer mil cosas para poder ir a Stonehenge el martes. Cogí el metro hasta Temple para fotografiar de día el Royal Courts of Justice, y estuve en St. Paul’s Cathedral un rato antes de que abriesen, esperando encontrar una gran cola, pero no la había. Anduve un par de horas por allí dentro, y salí algo fatigado tras haber subido y bajado un buen número de escalones hasta lo más alto de la cúpula.

Tower Bridge visto desde la Tower of London.

De ahí a la Tower of London, que es un castillo enorme, aunque no me produjo demasiada emoción. Un español está más que acostumbrado a ver castillos. Seguramente mi desdén de esos momentos tenía que ver con la sensación de ir a tener que visitar el váter pronto. Notaba el vientre descompuesto. Aunque también me parecía haber caído en la mayor “tourist trap” de la ciudad. 25 libras por entrar y otras 5 por una guía totalmente innecesaria.

Shri Swaminarayan Mandir. Al igual que en Westminster Abbey y St. Paul's Cathedral, no podías hacer fotos por dentro.

Volví al albergue para “imprimir”, cosa que no apetecía en los aseos del castillo, con gente haciendo cola, y esa sensación de insalubridad de los váteres en lugares tan concurridos. Y salí pronto para hacer un desplazamiento más largo de lo habitual en metro y visitar el templo hindú Shri Swaminarayan Mandir. Pasé algo de susto porque iba cabeceando. Estuve casi durmiendo en varias ocasiones, y temía encontrarme en una de esas sin mochila. Al llegar a Dollis Hill vi claramente el acierto enorme de haber cambiado de albergue, porque al principio había reservado uno en esa alejada zona, a 6 o 7 km del centro, y lo cambié la última semana. El barrio no daba sensación de seguridad, y las 2 – 3 horas que anduve por allí no me sentí nada tranquilo. El templo hindú no quedaba lejos del estadio de Wembley, al cual no me acerqué porque todavía planeaba entrar a la National Gallery, que cerraba a las 18:00.

Volví al centro desde Neasden tratando titánicamente de no dormirme en el metro, otra vez, y entré en la National Gallery a las 16:30 más o menos. No pude ver muchas salas, aunque era muy interesante. Por la parte que estuve, al azar, había cuadros de Murillo, Velázquez, Monet, Renoir, Seurat… pero físicamente era mi peor día. Estaba cayéndome de sueño. Tras haberme sentado en tres de las salas, decidí penosamente irme, media hora antes del cierre.

Westminster Palace & Big Ben.

Al salir, estaba lloviendo débilmente, y el agua me espabiló un poco. Me puse la capa impermeable, saqué la cámara y empecé a hacer fotos, primero en Trafalgar Square y, luego de una frugal comida en Green Park, continué haciendo fotos por Westminster. Tenía la sensación de estar viendo, al fin, el verdadero Londres, de cielo gris, con los reflejos luminosos sobre el pavimento mojado.

Más tarde, fui a la estación de Waterloo para ver dónde podía comprar el billete de autobús para regresar al aeropuerto la noche siguiente, y averiguar de dónde se cogía ese autobús. El A7. También quería saber cómo ir a Stonehenge. Me costó dos horas, preguntando a algunas personas y yendo de acá para allá, desesperado, poder enterarme de que el lugar que buscaba no era ni Waterloo ni la estación de autobuses de Victoria Station, que se encarga de los autobuses internos de la ciudad, sino la Victoria Coach Station, que resultó ser de donde salen los autobuses estatales. Llegué a las once de la noche, compré el billete para el regreso al aeropuerto, y me informaron de que era demasiado tarde para gestionar el tour guiado a Stonehenge. Que lo podría hacer a primera hora de la mañana.

El London Eye desde Westminster Bridge.

El martes a las siete salía preparado para una larga jornada lluviosa, con el impermeable puesto y la mochila colgada con todo lo necesario. Nada más detenerme al borde de la calle para cruzar hasta el cajero, un autobús que pasaba pisó un charco enorme y me dejó chorrando de rodillas para abajo. Acto seguido, el cajero automático me vio cara de tonto y se me tragó la tarjeta. Llamé al número que aparecía en pantalla, se puso una máquina y, para colmo, con todo el ruido de la calle no entendía ni papa. Llamé a mi banco y no lo cogían. Claro, la sucursal estaría cerrada por fiestas patronales.

Volví al albergue. Vi que me quedaba más dinero del que había pensado, y podía pasar el día. Me cambié de pantalones y zapatillas, y fui a Victoria Coach Station. Quedaba el tour guiado de medio día, por 47 libras. Salida a las 14:00 y regreso a las 20:00. Me pareció ideal. Todavía podría visitar alguna cosilla más antes de ir a Stonehenge.

St Pancras. No he visto Harry Potter. Dicen que es la estación de la peli.

Visité primero la estación de St. Pancras, muy bonita, neogótica de 1863 (y esa escultura de 9 metros en el interior es preciosa), y luego Leadenhall market. Comí muy bien en un pequeño bar oriental por esa zona, en King William Street.

En Stonehenge, la primera sensación al acercarte a las piedras es de no ser tan grandes como pensabas. Las verticales tendrán aproximadamente el doble de altura que una persona normal. Las fotos suelen engañar porque la gente que ves, en realidad, no está entre las piedras ni junto a ellas, sino a cierta distancia. Al menos a unos 5 metros en el punto donde más cerca se nos permite estar. Por razones de preservación, hace años que dejó de estar permitido tocarlas y pasear entre ellas.

Stonehenge. La prueba irrefutable de que, hace 4500 años, algunos constructores ya dejaban las obras a medias y se largaban con la pasta. No es una moda nueva.

El tour guiado de 6 horas se queda un pelín corto, porque cuatro horas las pasas yendo y viniendo en el autobús, y de las casi dos horas que estás allí, se te va la mayor parte del tiempo visitando el monumento y pasando por la tienda antes de entrar al centro de interpretación, que es realmente interesante y merecería un buen rato más.

Lo peor de Londres fue el regreso al aeropuerto. Como el avión salía a las 7 de la mañana, decidí llegar con antelación, por si las moscas. Mi autobús salía a las 2:30. Pero a la una nos encontramos con que la estación de autobuses cerraba y nos echaban a la calle. Había techo, pero si querías sentarte debía ser en el suelo, y no creo que hubiese sitio para todos. Había que dejar paso a los autobuses que partían. Era una noche lluviosa y algo fría, y había niños. No quiero pensar en la gente que deba coger un autobús de madrugada en noches de invierno, con mal tiempo de verdad.

Cogí el autobús sin una certeza absoluta de que fuese el mío, y no estuve tranquilo hasta que reconocí el aeropuerto. Luego, por allí, me moría de sueño. Tenía algunos libros en inglés. En Camden había comprado Drácula, de Bram Stoker, y La metamorfosis, de Kafka, pero leí poco. Al momento de sentarme en el avión estaba durmiendo. Creo que ni pude esperar a comprobar si despegábamos sin incidentes.

Mi padre me recogió en Valencia. Al llegar a casa, fui al banco para anular la tarjeta tragada por el cajero. Todo bien, excepto que me habían cobrado el dinero que había llegado a marcar para sacar y no había llegado a salir: 40 libras. Unos 66 euros. Así que la moraleja de este viaje es: puedes temer a gente de la calle, pero quien te acabará atracando normalmente son los bancos.

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PD:
1.- Al cabo de unos meses vi que me habían devuelto los 66 euros.
2.- Si hubiese tenido un día más, habría dedicado unas horas a visitar tranquilamente la National Gallery, y hubiera ido a ver la casa museo de Sigmund Freud, que queda algo lejos del centro. Quizá también, de paso, el cementerio Highgate, que está un poco más arriba. Y dar otra vuelta por Camden.
Además, se me quedaron por ver Borough market y Notting Hill.
3.- Si algún día vuelvo, he de visitar Oxford y Bath. Y he de probar una bebida llamada Pimm's, que según dicen es el equivalente inglés a nuestra sangría.